El llanto de un recién nacido resonaba en medio del Atlántico. Aquella noche la luna era creciente y en la oscuridad de la madrugada su madre había dado a luz en una patera de plástico rodeada de más de medio centenar de personas. Era la madrugada del 6 de enero de 2025 y mientras en Lanzarote esperaban la llegada de los Reyes Magos, una vida se abría paso en la ruta migratoria más mortífera de España.
La historia de este bebé que llegó a la vida en una embarcación precaria se contrapone a otras miles de personas que murieron sin lograr alcanzar las fronteras canarias. Como aquel niño, que fue rescatado junto a su madre por Salvamento Marítimo, otras 11.319 personas arribaron a Canarias en 2025, según los datos del Ministerio del Interior.
La ruta migratoria hacia Canarias, conocida como ruta Atlántica, se ha consolidado como la más mortífera de España y una de las más peligrosas del mundo. A lo largo del pasado año, según los datos difundidos en el monitoreo #DerechoAlaVida2024 de Caminando Fronteras, un total de 1.906 personas murieron en el Océano Atlántico tratando de alcanzar las costas de Canarias.
En total, en las diferentes rutas de acceso a España, se contabilizan 3.090 víctimas, un 70,5% menos que a lo largo del 2024, cuando murieron 10.457 personas, 30 al día, tratando de alcanzar el territorio español. A pesar del descenso, la cifra sigue siendo alarmante con 437 niños, niñas y adolescentes fallecidos y 192 mujeres víctimas de las fronteras.
Cerca de 245 muertos procedentes de las costas marroquíes y saharauis
Habitualmente, las neumáticas o pateras de madera suelen arribar con más frecuencia a las islas orientales, entre ellas Lanzarote. Caminando Fronteras estima que la travesía desde Marruecos o el Sáhara Occidental se cobró la vida de 245 personas. En total, solo entre estos dos países se contabilizaron diez tragedias, con la desaparición de cinco embarcaciones al completo.
El refuerzo de los controles para evitar la salida de embarcaciones desde la costa marroquí y el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos hace que las embarcaciones cada vez tengan que salir de zonas más alejadas y, por tanto, más peligrosas, al ser trayectos más largos.
"Era mi primera vez en el mar", recoge el informe el testimonio de una mujer de Costa de Marfil que sobrevivió en una neumática. "Llamamos por teléfono para pedir ayuda, pero nos decían que ya llegaba pero nadie venía. Cuando estás así un minuto parecen horas y al final llegó el rescate pero para algunos fue demasiado tarde", continuó.
Millones de euros para contener la emigración en Mauritania
La ruta migratoria hacia las islas Canarias sigue siendo la más mortífera, aunque las llegadas por esta vía descendieron un 62%, según los datos del Ministerio del Interior.
Uno de los motivos principales de este descenso es el refuerzo de las fronteras en Mauritania. En esta línea, un informe de Human Rights Watch ya denunció las persecuciones raciales, las palizas y los arrestos que sufrían las personas migrantes que pretendían zarpar hacia el archipiélago canario desde el país africano.
En marzo de 2024, la Unión Europea pagó 210 millones de euros a Mauritania tras la firma de un nuevo acuerdo de cooperación y de control migratorio. España se comprometió a sumar otros 300 millones de euros y a aportar diez millones anuales en cooperación policial. A lo que se suman otras iniciativas millonarias para interceptar embarcaciones en alta mar o ejercer un mayor control migratorio con la frontera con Mali, donde existe un conflicto armado activo.
Los jóvenes de Mali huyen del país escapando del conflicto armado y para evitar ser captados por grupos rebeldes. Otro de los testimonios recabados en el informe expone a un padre maliense que aún espera obtener noticias de su hijo: "Me dicen que su barca no ha aparecido, pero yo me digo que tal vez está en el desierto en algún sitio secuestrado y algún día volverá".
En total, 1.319 personas murieron y diecisiete embarcaciones desaparecieron con todos los tripulantes a bordo entre Mauritania y Canarias. Esta externalización de fronteras, con miles de millones de euros aportados por la Unión Europea, se ha repetido en otros países de África Occidental como Senegal, Gambia y Marruecos con el refuerzo de patrullas, control fronterizo y control de migración irregular.
Caminando Fronteras expone que la falta de protección hace que las embarcaciones se pierdan en el Atlántico y terminen arribando al Caribe o América del Sur con todas las personas migrantes fallecidas.

Crecen los muertos también en el Mediterráneo
Solo otra ruta migratoria hacia Europa superó también el millar de muertos. En concreto, la ruta de Argelia, donde Caminando Fronteras cifra los fallecimientos en 1.037 personas.
El Ministerio del Interior señala que las llegadas de embarcaciones irregulares a Baleares han crecido un 24,5%, reconociendo por primera vez esta ruta. Sin embargo, el colectivo descarta que las salidas de personas migrantes que están siendo contenidas en África Occidental estén aumentando las salidas desde Argelia, porque los perfiles migratorios son diferentes y proceden de diferentes países.
La mayor parte de las víctimas mortales de estas rutas irregulares hacia Europa perdieron la vida en los dos primeros meses del pasado año. En total, 1.434 personas procedentes de hasta 30 países diferentes fallecieron sin lograr alcanzar territorio europeo. Además, desaparecieron 70 embarcaciones con todas las personas que viajaban en su interior a bordo.
Una ruta cada vez más lejana
El Colectivo Caminando Fronteras confirma la tendencia de flujos migratorios que se terminan por consolidar con salidas de embarcaciones desde Gambia y la aparición de embarcaciones que parten desde Guinea Conakry, en la costa oeste de África, convirtiéndose en "la mayor distancia jamás afrontada con el océano como único horizonte".
Desde Gambia recopila hasta 160 víctimas, mientras que desde Guinea Conakry contabiliza, once. Además, en estas últimas señala que, contra la tendencia de otras embarcaciones, la mayoría de personas que viajan en ellas son mujeres, niños, niñas y adolescentes guineanos.
En este sentido, expone que las muertes en las diferentes rutas migratorias entre África y Europa no son "fortuitas" o "inevitables", sino consecuencia de "un sistema que continúa anteponiendo control de las fronteras a la protección de la vida".











