Los ventorrilleros que participan en los carnavales de Arrecife se han puesto en contacto con La Voz para denunciar la situación vivida este año respecto a las casetas de maderas y que consideran "injusta, mal gestionada y profundamente perjudicial para quienes apostamos económica y laboralmente por formar parte de estas fiestas".
Según cuentan, en las bases publicadas por el Ayuntamiento se establecía la obligatoriedad de instalar casetas de madera con unas medidas concretas: 6 metros de largo por 2 metros de ancho, quedando prohibido el uso de casetas metálicas. Sin embargo, dichas bases se publicaron "sin que previamente se comprobara si en la isla de Lanzarote existía disponibilidad real de, al menos, las 26 casetas exigidas".
El día 2 de febrero se celebró el sorteo de adjudicación de los puestos, y se comunicó que al día siguiente, 3 de febrero, las casetas debían estar ya montadas, advirtiendo que, en caso contrario, el puesto pasaría al siguiente solicitante. Paralelamente, se indicó que se publicaría en el tablón de anuncios del Ayuntamiento una lista de espera con los suplentes ordenados por registro, algo que, dicen, "nunca llegó a hacerse público".
"Como era previsible, la mayoría de los adjudicatarios no disponía de casetas en tan corto plazo. Lanzarote es una isla pequeña y las empresas que alquilan este tipo de infraestructuras se encuentran, en su mayoría, en islas capitalinas con carnavales de mayor envergadura. Aun así, muchos ventorrilleros hicieron un enorme esfuerzo económico y logístico para conseguirlas, llegando algunas casetas el día previo al carnaval e incluso el mismo día del pregón. A fecha de inicio de las fiestas, todavía había puestos sin montar debido a los retrasos en el transporte marítimo, totalmente ajenos a los adjudicatarios", afirman.
El objetivo que se justificó desde el Ayuntamiento fue "lograr uniformidad y estética". "La realidad actual dista mucho de ese propósito: el resultado es un conjunto de casetas completamente dispares, con tamaños distintos, estilos diferentes, algunas sin homologación y otras construidas de forma improvisada y apresurada. Incluso se han instalado casetas metálicas camufladas con chapas de madera, pese a que su uso estaba expresamente prohibido en las bases", aseguran.
Por otro lado, afirman que a todo ello "se suma una cuestión aún más grave: la falta total de medidas de seguridad y de condiciones mínimas para el montaje y la prestación del servicio. En ningún momento se facilitó el corte de carretera para los montajes. Los ventorrilleros hemos tenido que introducir mercancía, cámaras frigoríficas, camiones y transporte pesado en una vía altamente transitada, con presencia constante de turistas y tráfico rodado, asumiendo un riesgo evidente de accidentes que no debería recaer en particulares".
Asimismo, critican que los puestos "no disponen de agua ni de luz durante el montaje ni las horas previas, comunicándose desde el Ayuntamiento que el suministro se activará únicamente en el momento de inicio del acto y se cortará al finalizar el mismo. Esta decisión resulta incomprensible e irresponsable. Neveras, congeladores, grifos y sistemas de conservación de alimentos necesitan horas previas de funcionamiento. Sin ese suministro, los productos alimentarios se deterioran, se pone en riesgo la salubridad y se imposibilita ofrecer un servicio adecuado al público".
Pese a estas carencias, "se nos exige cumplir con todas las obligaciones: pago del suelo a la Agencia Tributaria, tasas municipales, y un coste aproximado de 1.500 euros por puesto, además de la inversión en mercancía, personal y estructura. Todo ello para encontrarnos con una administración que no cumple con sus competencias básicas ni garantiza unas condiciones mínimas para poder trabajar y atender correctamente a los ciudadanos y visitantes de la isla".
La sensación general, según exponen, "es de profunda indignación. Se nos ha exigido una inversión económica considerable, se nos ha presionado con plazos imposibles y, finalmente, se ha permitido que cada cual haga lo que pueda o quiera, sin control, sin sanciones y sin asumir responsabilidades por parte de la administración organizadora".
"Consideramos esta situación deplorable y una falta de respeto hacia los ventorrilleros, que somos parte esencial del ambiente, la economía y la vida de los Carnavales. Pedimos que se dé visibilidad a lo ocurrido y que, de cara a futuras ediciones, se actúe con planificación, coherencia, seguridad y respeto hacia quienes sostienen estas fiestas con su trabajo y su dinero", concluyen.
















