Griten bajito que es Carnaval

Tiene razón Miguel Ángel Ferrer cuando dice que por bien organizadas que estén unas fiestas, siempre va a haber alguien descontento. Es una máxima que ya contempla el sabio refranero popular. Pero una cosa es que nunca llueva ...


Tiene razón Miguel Ángel Ferrer cuando dice que por bien organizadas que estén unas fiestas, siempre va a haber alguien descontento. Es una máxima que ya contempla el sabio refranero popular. Pero una cosa es que nunca llueva ...

Tiene razón Miguel Ángel Ferrer cuando dice que por bien organizadas que estén unas fiestas, siempre va a haber alguien descontento. Es una máxima que ya contempla el sabio refranero popular. Pero una cosa es que nunca llueva a gusto de todos, y otra bien distinta es que cada fiesta que se ha celebrado en Arrecife desde que se inició la nueva legislatura haya desatado una tormenta de críticas. Algunas incluso sin haber comenzado, como en el caso de los Carnavales.

También está muy bien que un político tenga coraje para hacer lo que considera correcto y no se deje llevar por iniciativas populistas, pero esa premisa encaja mejor en un responsable de Economía y Hacienda, por ejemplo, que en el concejal de Festejos. Porque si algo debe reflejar el sentir popular y agradar a la mayor parte posible de ciudadanos, son sus fiestas.

Por eso, que sea precisamente este edil el que defienda públicamente esta máxima, resulta cuanto menos peculiar. Porque sería muy positivo que todos los representantes públicos tuvieran claro que no se puede hacer política engatusando al pueblo para ganarse sus favores, pero tampoco se puede olvidar que se gobierna para él.

Eso no significa que haya que cerrarse a la evolución y a los cambios, e incluso dar un mayor contenido "cultural" a los festejos, pero sin perder de vista que una cosa es la Cultura, que en definitiva tiene su propia Concejalía y presupuesto, y otra distinta son las fiestas. Y lo que más han escuchado los vecinos de Arrecife en los últimos meses cuando han ido llegando San Ginés, Navidad, y ahora los Carnavales, es la palabra recortes. Y aunque es cierto que las necesidades son muchas y el despilfarro tampoco sería un acierto, los vecinos que pagan religiosamente sus impuestos en una ciudad del primer mundo también tienen derecho a disfrutar con las citas más importantes del año.

Puede que al concejal de Festejos, además de la polémica que habitualmente rodea a este área, también le esté acompañando una dosis de mala suerte, porque en las pasadas fiestas navideñas, pretendía compensar el triste alumbrado navideño con una cabalgata con mayor inversión que la de años anteriores, pero lo concreto es que la jugada no salió bien. Porque el camello rebelde que hubo que retirar a última hora del desfile no sólo causó un importante retraso, sino que además obligó a Gaspar a viajar en carroza entre plumas y lentejuelas pasando totalmente inadvertido para muchos espectadores. Y eso, por más que se intenten destacar las mejoras del acto, empañó totalmente una cabalgata en la que niños y mayores no se conforman con ver a dos Reyes, porque toda su vida han escuchado que desde Oriente vinieron tres.

En cualquier caso, la que fue la anécdota de las Navidades promete quedarse pequeña con la que se prepara ahora. Porque si es grave quitarle un rey a la noche del 5 de enero, más grave es intentar quitarle ruido al Carnaval. Por más que se empeñe la asociación liderada por Pablo Betancort, o los vecinos del centro de Tenerife, las fiestas más emblemáticas de Canarias van de la mano del color y el bullicio. Y cuando el Ayuntamiento de Arrecife se sentó a hablar con ellos, eso es lo que tendría que haber intentando hacerles entender, en lugar de acordar un recorte en el horario de las verbenas y el traslado de algunos actos al Recinto Ferial, lo que en definitiva supone cortar el Carnaval en dos.

La explicación que en este caso dan desde Festejos es que esta Asociación contra el Ruido había amenazado con llevar el tema a los Tribunales, como ya hizo Pablo Betancort contra el bar El Convento de la calle José Antonio, en un pleito en el que la Justicia le ha dado la razón. Pero no se puede mezclar un caso en el que se han considerado probados los supuestos incumplimientos de las normas cada fin de semana por parte de un local, con la celebración de unas fiestas populares que, en definitiva, sólo suponen dos o tres días en todo el año y son un referente para la inmensa mayoría de los lanzaroteños y para muchos turistas que vienen a Canarias en busca del descaro del Carnaval. Y eso, las instituciones deberían defenderlo ante una asociación, ante Pablo Betancort y ante la Justicia si llega el caso. Al igual que lo harían los Ayuntamientos de Valencia o de Pamplona si alguien pretende que las fallas se quemen en el extrarradio o que el San Fermín termine temprano y que los toros paseen silenciosos por el campo en lugar de correr por las calles históricas de la ciudad.

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