El sector de las artes plásticas en la isla, un oasis que encontrar

J. David Machado Gutiérrez

Si hace una década me hubieran preguntado sobre el nivel de las acciones Culturales enfocadas a las artes plásticas y visuales en la isla, hubiera sentenciado que la programación era deficiente. A día de hoy todo ha cambiado. En esta primera década del S.XXI, el sector Cultural ha evolucionado de una manera brillante y todo ello se debe a una comunidad de personas apasionadas, inquietas y despiertas que buscan saciar su necesidad de reflexión a través de la visualización de distintos tipos de contenidos. El avance más significativo en este campo, ha sido la transparencia. Si va al C.I.C. el Almacén perteneciente al Cabildo de Lanzarote, (Centro de Innovación Cultural el Almacén) verá en la entrada de cada exposición o proyecto que se realiza una hoja donde puede encontrar el presupuesto de las mismas. Esto querido lector o lectora, aunque parezca algo nimio es un avance hacia la transparencia tan necesaria para que no surja la corrupción y el abuso. Desde que se viene haciendo este ejercicio, todas las personas que se ven implicadas en un proyecto cobran su parte proporcional y es que les recuerdo, las personas que se dedican a la producción artística o cultural no viven del aire ni del amor al arte, viven de su trabajo. Aún así y aunque hay motivos para la esperanza, lo que pasa en el Almacén es un oasis entre el volcán, una práctica que deberían aplicar todos los Ayuntamientos de la isla pero que por desgracia no se implementa.

Tracemos un mapa mental desde Órzola a Playa Blanca, los centros profesionales dedicados a las artes plásticas o la producción cultural son un espejismo, no existe una infraestructura pública, me explico. Hasta ahora se han activado de una manera correcta, solamente en Arrecife y algunos centros privados lugares de exposición y difusión profesional, pero sin contar con una estructura básica que en este caso son los talleres públicos de creación o residencias artísticas, es imposible avanzar. Cabe destacar que empiezan a haber algunas iniciativas privadas, pero insuficientes para dinamizar y activar una escena artística sana y productiva.

En Lanzarote son casi inexistentes los talleres públicos de creación así como las residencias artísticas más allá de algunas modestas iniciativas que les es imposible por si solas, dinamizar el sector artístico isleño.

Hay una gran cantidad de edificios públicos en desuso, infraestructuras que a mi modo de ver, algunas podrían convertirse en espacios ya no solo al servicio de la Cultura sino de la comunidad, trazando proyectos de uso y reconversión que acaben generando:

Residencias artísticas y laboratorios ciudadanos. Lugares donde distintas personas dedicadas al arte o al sector profesional de la gestión cultural se hospeden durante un periodo de tiempo para producir proyectos. La población podría usar esta red de espacios para generar bancos de conocimientos, talleres, así como espacios para el debate.

Talleres públicos de creación y fabricación. Emplazamientos dedicados a dotar a la gente de un espacio donde disponer de las herramientas y la infraestructura necesaria para formalizar un proyecto, sea artístico o de fabricación colectiva.

Hay que ser ambiciosos, tener altura de miras ante el mundo que se viene. Lanzarote es una isla turística, pero también un territorio que se ha modulado en base a la creatividad. Si queremos como sociedad seguir progresando, necesitamos nuevos enfoques que nos permitan solucionar los problemas no de una manera estándar, sino de una forma propia e innovadora. Para ello, hace falta abrirse a la evolución y actualmente solo se puede hacer si los entes públicos ponen de su parte para lograr que no solo se exponga y difunda cultura e innovación, sino que también se produzca en los más altos estándares de accesibilidad y calidad.

Existe una cantera brillante, una juventud llena de ideas, estamos ante las generaciones mejor formadas de la historia isleña. No hay que caer en el espejismo. No podemos dejar como sociedad que todo este talento se fugue, que permanezca en una diáspora perpetua. Es inadmisible dejar que nuestro aeropuerto se convierta solo en una puerta de salida y no de entrada o retorno. Debemos de hacer de la creatividad, esos oasis que permitirán a la isla poder seguir innovando, creciendo y desarrollándose.

 

 

 

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