Mayores, dependencia y soledad

Daisy Villalba

En Lanzarote, el 12 por ciento de la población es mayor de 65 años. Nos encontramos, así, con un gran reto para abordar los problemas que padecen este tipo de población en cuestiones como la dependencia y, sobre todo, en la soledad no deseada en la que viven.

Durante la pandemia de la Covid-19 el sistema sanitario se ha volcado en la protección a nuestros mayores y a nuestras residencias pero, ¿y ahora qué? Existe una extrema soledad no cubierta, con escasez de recursos y, sobre todo, una extrema desinformación y lentitud en el reconocimiento de la dependencia que a día de hoy se resuelve alrededor de los dos años y medio.

Como trabajadora social atiendo familiares frustrados, decepcionados con el sistema, con sentimientos de abandono por parte de la administración. La pregunta que me hago todos los días es ¿dónde están los recursos prometidos?  Recursos tanto económicos como humanos; todos aquellos que van dirigidos a promover el bienestar de nuestros mayores. Y entiéndaseme bien que no me refiero a las macroresidencias, porque éstas deben ser la última opción. El bienestar de los mayores pasa por permanecer en su domicilio el mayor tiempo posible, en su hogar con los recursos y servicios necesarios para ello.

Entonces, pues, ¿qué debemos contestarle a una familia que no sabe cómo está el expediente de la dependencia de su familiar solicitado hace más de un año? ¿Por qué al ser una isla menor no tenemos opción de poder solicitar información presencial sino a través del 012? ¿Y qué debemos decirle a una persona mayor que solicita acompañamiento para acudir a hacer gimnasia porque tiene miedo de perderse por el camino? ¿Y qué hacemos con una persona que se autolesiona debido a la soledad que vive cada día sólo para acudir al servicio de urgencias y poder así estar acompañada?

Esta realidad la encuentro día a día. Me causa impotencia como profesional no poder dar respuesta; rabia al no encontrar en mi isla los recursos necesarios para el bienestar de aquella generación que superó guerras, hambre y pandemias; y frustración de que el sistema no ampare ni cubra estas situaciones.

Porque no sólo son necesarios servicios que cubran necesidades básicas. Se necesita calor humano, acompañamiento, asistencia personal y pisos tutelados. Porque su bienestar está ligado a su hogar, a su entorno vital donde siempre han permanecido o donde han elegido quedarse hasta el final.

Los recursos deben cambiar y adaptarse a las realidades de las sociedades, para eso se formaron los Servicios Sociales Comunitarios que a día de hoy parece que se han quedado en servicios sociales asistenciales, olvidándonos del concepto de comunidad. Canarias, Lanzarote Y La Graciosa, debe abrir un Nuevo Ciclo que avance en los servicios públicos con políticas para el pueblo. Cambiar todo aquello que no funciona e innovar en servicios que den respuesta a las necesidades. En definitiva, invertir en el bienestar de sus ciudadanos.

 

Daisy Villalba es Trabajadora Social y miembro de Nueva Canarias.

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