Las urnas no marcan los pactos

El 22M ha dejado ganadores, perdedores y grandes castigados, eso es evidente. Sin embargo, intentar encontrar otros "mensajes", "mandatos" o voces del más allá en las urnas, no deja de ser un ejercicio de libre ...


El 22M ha dejado ganadores, perdedores y grandes castigados, eso es evidente. Sin embargo, intentar encontrar otros "mensajes", "mandatos" o voces del más allá en las urnas, no deja de ser un ejercicio de libre ...

El 22M ha dejado ganadores, perdedores y grandes castigados, eso es evidente. Sin embargo, intentar encontrar otros "mensajes", "mandatos" o voces del más allá en las urnas, no deja de ser un ejercicio de libre interpretación de la voluntad de "la ciudadanía". Sobre todo considerando que la mitad de la población ni siquiera acudió a votar y que de la otra mitad, el 7 por ciento votó en blanco o emitió votos nulos, en señal de protesta contra la clase política.

Eso no quita, en absoluto, legitimidad a los representantes elegidos en los pasados comicios. Pero lo concreto es que sólo en Tinajo y Haría se podrá hablar de gobiernos elegidos por los votantes, porque son los únicos lugares en los que se han logrado mayorías absolutas. En el resto, gobernará el que logre sumar la mitad más uno de los concejales, consejeros o parlamentarios elegidos por los votantes, sean del partido que sean. Y es que por más que se intente descifrar ahora el mensaje de las urnas, lo cierto es que un voto supone un apoyo a un candidato o a un partido, pero no a un pacto concreto.

Si ni dentro de las propias formaciones se ponen de acuerdo sobre cuál es la mejor opción para gobernar, ¿cómo se van a poder sacar conclusiones sobre la alianza que quieren los votantes? Para eso, sería necesario que los partidos lanzaran un mensaje inequívoco antes de las elecciones, explicando con quién están dispuestos a pactar y con quién no formarían alianzas bajo ningún concepto. Y también deberían aclarar antes de los comicios si a la hora de formar gobierno, respetarán o no a la fuerza más votada en cada institución, como reclaman ahora, a toro pasado, los afectados.

Hasta que definitivamente se aclare el panorama en todas las instituciones de Lanzarote, en los próximos días se seguirá hablando de "escuchar la voluntad de los ciudadanos", de "negociar programas de gobierno" y de cosas similares. Pero la realidad siempre es mucho más cruda. Al final, la propia distribución numérica que ha quedado en cada institución y las estrategias de cada partido son las que terminan marcando las alianzas. Aquí y en la China. Y muchas veces, lo que se dice públicamente hasta que se cierra un pacto, es lo contrario de lo que se pretende.

En estos días, la actualidad se llena de globos sonda y mensajes al partido de enfrente. Y es que cuando una formación reconoce públicamente que ha "empezado" a negociar con otra y hasta se hace la foto, casi siempre significa que el pacto ya está cerrado, y con todos los cabos atados y bien atados. Y si a los ciudadanos les gusta o no, tendrán oportunidad de decirlo, en todo caso, en las próximas elecciones.

Durante demasiados años, Lanzarote ha sido un auténtico laboratorio de pactos, con un negro historial de experimentos de todos los calibres. Y precisamente por eso, nadie está libre de culpa para tirar ahora la primera piedra. Pactos de tres y hasta cuatro fuerzas para destronar al ganador, alianzas en las que el tercero o el cuarto más votado llegaban a la presidencia o a la alcaldía, mociones de censura rocambolescas? Todos, absolutamente todos, han participado en ese peligroso juego durante años, y con eso han perdido la legitimidad para quejarse ahora de lo que pueda pasar.

Pero precisamente por eso, una vez que se conformen las mayorías, sí es vital romper con esa dinámica. Más allá de si finalmente se cierra un pacto CC-PP o un CC-PSOE (que se presentan como los pactos más probables y "lógicos" en la mayoría de las instituciones), lo verdaderamente importante es que evitar que se repita la historia, porque Lanzarote no puede volver a soportar otra legislatura de inestabilidad.

Sin embargo, el tono que están manteniendo los posibles socios en sus declaraciones públicas hace ya temer todo lo contrario. Y si peligrosa podría ser la "imposición" de un pacto en cascada a la fuerza, no menos arriesgados serían los pactos independientes en cada institución. Y es que si al menos dentro de la isla no se alcanzan acuerdos globales, significará que realmente no ha existido entendimiento entre los socios, y quedará un peligro latente.

La isla no se puede permitir más legislaturas perdidas, centradas en disputas entre partidos e incluso dentro de las formaciones. Y para evitarlo, es necesario que se cierre un acuerdo sin heridas abiertas, sin imposiciones difíciles de asumir y sin resquemores que puedan dejar grietas para futuras rupturas a la primera de cambio. Que cierren quienes cierren un acuerdo, consigan mantener lealtad durante los próximos cuatro años, no ya sólo con sus socios, sino con Lanzarote.

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