La legislatura en sus manos

Lanzarote despide esta semana una de las legislaturas más negras de su historia. El escándalo del caso "Unión", el desfile de cargos públicos detenidos e incluso enviados a prisión provisional, las confesiones, los ...


Lanzarote despide esta semana una de las legislaturas más negras de su historia. El escándalo del caso "Unión", el desfile de cargos públicos detenidos e incluso enviados a prisión provisional, las confesiones, los ...

Lanzarote despide esta semana una de las legislaturas más negras de su historia. El escándalo del caso "Unión", el desfile de cargos públicos detenidos e incluso enviados a prisión provisional, las confesiones, los vergonzantes diálogos interceptados por la UCO y la indiferencia que muchos políticos mostraron ante esa cruda realidad, sellando pactos incomprensibles, son sólo una espeluznante parte de lo sucedido en estos cuatro años.

Además, todo esto sucedía mientras la crisis económica sacudía con dureza a la isla, que hasta ahora casi no conocía el desempleo, y de pronto se vio con unas cifras de paro de vértigo. Con la realidad de personas que han perdido sus casas y que han tenido que pasar a depender de la caridad y de los comedores sociales para salir adelante.

Por todo ello, los lanzaroteños dieron su veredicto el pasado 22 de mayo. Y lo hicieron con premios a algunas fuerzas, pero sobre todo con castigos. Castigos a la corrupción, a la parálisis, a la inestabilidad y hasta al Gobierno central y a José Luis Rodríguez Zapatero, aunque fueran unas elecciones locales.

Si algo dejaron claro los votantes, y también los abstencionistas, es que Lanzarote necesita un cambio. Ahora, en manos de los cargos electos, y de los gobiernos que surjan de los pactos, está responder a esas demandas de la sociedad. Porque por delante, hay cuatro años fundamentales.

La prioridad pasa obviamente por la economía, al menos en la medida en que pueda depender de las instituciones insulares. Y es que aunque el motor del turismo está empezando a recuperarse, los resultados todavía deben seguir reflejándose en la creación de empleo. Pero además, la isla necesita una administración fuerte, capaz de llevar a cabo las obras necesarias, que vienen frenándose desde hace años y hasta décadas.

El objetivo puede parecer difícil, en un escenario de crisis, en el que las instituciones son las primeras que atraviesan apuros económicos. Sin embargo, precisamente por eso, es el momento de reivindicar lo que Lanzarote merece. Tanto al Estado como al Gobierno de Canarias, para el que esta isla nunca ha contado lo suficiente.

Es el momento de dejar de dar excusas al Ejecutivo regional para que no invierta en Lanzarote. De que no volvamos a oír que no se ejecutan obras porque en esta isla nunca hay consensos ni acuerdos. Es el momento de que los cargos públicos elegidos por los ciudadanos tengan la firmeza suficiente como para conseguir, ni más ni menos, que lo que Lanzarote necesita y merece.

En las elecciones al Parlamento de Canarias, Lanzarote ha jugado un papel clave. De hecho, aportó cuatro parlamentarios vitales para CC. Por eso, las instituciones insulares deben exigir ahora el mismo trato que recibió la isla durante la campaña electoral, cuando los aspirantes a la presidencia del Gobierno canario hicieron una importante apuesta en esta isla, llegando incluso Paulino Rivero a cerrar la campaña electoral en Lanzarote. Y si en ese momento la isla era importante, ahora debe seguir siéndolo, y en manos de los cargos públicos y de las instituciones está conseguir que así sea.

Pero para ello, será necesario primar el interés de la isla sobre los intereses de los partidos y las disputas políticas. Olvidarse de los personalismos que tanto daño han hecho a esta isla. Tener altura de miras. Unirse al adversario cuando haya un objetivo común por el que luchar, y preocuparse más de conseguirlo que de quién se apunta el mérito.

Algunos de estos objetivos pueden parecer utópicos, pero son parte de la esperanza con la que se debería afrontar el inicio de cualquier legislatura. Sin embargo, las tres últimas semanas han supuesto un golpe de bruces con la realidad. De hecho, las tensas negociaciones de los pactos, que se están alargando mucho más de lo habitual, y con dardos cruzados entre los que podrían terminar siendo socios, han empezado a dar motivos para el desencanto.

Evidentemente, hay cosas de la política que no cambiarán nunca, y es normal que dos fuerzas regateen antes de sellar un acuerdo, y se disputen el reparto de áreas y cargos. Sin embargo, todo tiene que tener un freno a tiempo, y en este caso se ha superado. Y es que las personas que en teoría van a llevar las riendas de las instituciones de la isla durante los próximos cuatro años, no pueden pasar tres semanas dando la imagen de que están haciendo un reparto de cromos o una juzgada de ajedrez, intentando debilitar al rival y teniendo a la vez conversaciones con otro posible socio.

Todo esto está en el extremo opuesto de lo que Lanzarote necesita, y los partidos deberían asumirlo y definir cuanto antes la situación de las instituciones donde aún no se han alcanzado acuerdos, para pasar a ocuparse y preocuparse de verdad por los problemas de los ciudadanos.

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