Castañeyra, fiel al PIL

Para algunos, inexplicablemente, sigue siendo un aceptable socio de gobierno. Para la Justicia, la cuna de una presunta asociación ilícita. Y para sus militantes, como mínimo, la "casa de tócame Roque", por no decir otra cosa. Y ...

21 de enero de 2011 (13:29 CET)

Para algunos, inexplicablemente, sigue siendo un aceptable socio de gobierno. Para la Justicia, la cuna de una presunta asociación ilícita. Y para sus militantes, como mínimo, la "casa de tócame Roque", por no decir otra cosa. Y ...

Para algunos, inexplicablemente, sigue siendo un aceptable socio de gobierno. Para la Justicia, la cuna de una presunta asociación ilícita. Y para sus militantes, como mínimo, la "casa de tócame Roque", por no decir otra cosa. Y es que lo sucedido en las últimas semanas con la concejal Amor Castañeyra no es más que el reflejo de lo que viene ocurriendo en el Partido de Independientes de Lanzarote casi desde su creación. Las dimisiones y el transfuguismo parecen ir implícitas en sus siglas, y cuesta creer que los representantes de este partido estén realmente sorprendidos ante este nuevo episodio.

La inestabilidad política e institucional que tanto daño ha hecho en Lanzarote, y de la que tan recurrentemente hablan todos los partidos como si no fuera con ellos, ha estado en la inmensa mayoría de los casos ligada a las propias crisis del PIL. A sus escándalos de corrupción, a las entradas y salidas de la cárcel de su líder y gurú, y también a los continuos plantes de sus cargos públicos, que cada cierto tiempo abandonan un barco en el que no cabe más capitán que Dimas Martín.

Ahora lo han hecho Amor Castañeyra y también el presidente del comité local de Arrecife, Antonio Barambio. Y aunque la dimisión de este último no afecta a las instituciones, ya que actualmente no ostenta cargo público, no deja de ser llamativa la renuncia del que hasta hace poco ocupó la presidencia insular del partido. Y es que todos los que han estado al frente del PIL, han acabado abandonando la formación, y siempre con duras críticas y hasta graves acusaciones, más o menos veladas, a la cúpula del PIL y a su eterno líder. El que ha seguido dirigiendo el partido mientras cumple condena, entre otros delitos, por malversar el dinero de los ciudadanos.

Antonio Hernández y Celso Betancort se suman a la lista de presidentes que han abandonado la formación política en los últimos años, al igual que lo hicieron en su día María Isabel Déniz y Juan Carlos Becerra, que en su momento eran los segundos en la jerarquía orgánica del PIL. Y todos ellos, se marcharon con declaraciones en las que insinuaban las "inconfesables" órdenes que recibían de Dimas Martín. Algunos, salieron huyendo del partido al poco de llegar. Otros, aguantaron años en la primera línea.

En cuanto a Castañeyra, sin duda el transfuguismo es algo que la democracia ni siquiera debería permitir, y desde luego es totalmente reprochable. Pero no deja de sorprender la dureza de las críticas que ha afrontado desde su propio partido, frente a la benevolencia que recibieron otros cargos públicos del PIL ante situaciones infinitamente más graves.

A juzgar por los hechos, parecería que para el partido es muchísimo más grave que un concejal vote en contra de unos presupuestos de su propio grupo de gobierno, que el hecho de que un cargo público reconozca haber cobrado sobornos.

A Amor Castañeyra le han tildado de chantajista por exigir la vuelta de su asesor al Ayuntamiento. A Ubaldo Becerra y a José Miguel Rodríguez, por el contrario, se les tendió un puente de plata hasta el pleno en el que se votó la moción de censura que devolvió al PIL al grupo de gobierno de Arrecife y quitó la Alcaldía a Enrique Pérez Parrilla.

En el caso de estos dos ediles, es cierto que terminaron después dimitiendo, pero en los meses en los que tuvieron en vilo al Ayuntamiento, sin aparecer por los plenos ni entregar su acta, el partido cuidaba muy mucho sus declaraciones al respecto, y hasta seguía enarbolando la bandera de la presunción de inocencia, incluso después de que se levantara el secreto de sumario y se hiciera público que ambos habían confesado ante el juez. Pero parece que el delito es tolerable (de hecho, lo han tolerado siempre con su líder), pero la indisciplina no.

Sin embargo, eso deberían habérselo explicado a Amor Castañeyra, que en realidad ha sido fiel a lo que tantos otros han hecho antes que ella en el PIL. Y es que si el partido ha aguantado pulsos silenciosos con Ubaldo Becerra, José Miguel Rodríguez, Antonio Machín y Luisa Blanco, los cuatro detenidos en el caso "Unión", y los cuatro protagonistas de un largo tira y afloja hasta que terminaron presentando su dimisión, probablemente la concejal pensó que también iba a conseguir que el partido le diera el debido valor a su acta.

¿Los cuatro ex concejales detenidos aceptaron finalmente dimitir sólo por la oratoria y la capacidad de persuasión de Fabián Martín o de sus otros compañeros de filas? Desde luego, cuesta creerlo. Y el problema es que quien siembra vientos, recoge tempestades.

Lo de Amor Castañeyra es sólo una tormenta más, pero el PIL lleva trayendo huracanes a la isla desde hace demasiado tiempo. Y lo peor es que en sus mensajes preelectorales, amenaza con que "el futuro de Lanzarote" seguirá pasando por sus manos. Es decir, por las manos de un presidiario.

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