Las indígenas de Lanzarote eran polígamas hasta que los colonos impusieron el cristianismo y la esclavitud

Las mahas sufrieron violencia sexual, algunas fueron vendidas en el mercado como esclavas y otras formadas como trujamanes para servir de intérpretes a los colonos que evangelizaban a los canarios

17 de enero de 2026 (08:02 WET)
Actualizado el 17 de enero de 2026 (08:08 WET)
Laura González Carracedo, historiadora  Foto: Juan Mateos
Laura González Carracedo, historiadora Foto: Juan Mateos

La historia de los aborígenes canarios siempre ha sido un puzle al que le faltan piezas. En buena parte debido a que solo el testimonio de los colonos sobrevivió al paso de los siglos, mientras que de los primeros pobladores del archipiélago, procedentes del norte de África, solo se conocen fragmentos. Para deshacer el nudo de la mirada colonial y dar sentido a los granos descarozados de la historia del archipiélago, la historiadora canaria Laura González Carracedo ha centrado su tesis doctoral en analizar cómo los colonos impusieron sobre las mujeres indígenas canarias una diferenciación sexual con los hombres durante la conquista del archipiélago.

Cuando la expedición organizada por Jean IV de Bethencourt para conquistar Canarias desembarcó en Lanzarote, dos frailes franciscanos sirvieron de cronistas. El diario de campaña Le Canarien (1404-1420) se convirtió en el primer documento extenso que permitió hacerse una idea de cómo era la vida de los Amazigh, los primeros pobladores de las islas. Sin embargo, tenía un gran hándicap: era un trozo de la historia de los aborígenes canarios contada por sus colonizadores e iba a estar irremediablemente impregnada de su mirada.

En la actualidad, esta doctora en Historia por la Universidad de La Laguna ha estudiado esas crónicas escritas por hombres que al mismo tiempo eran colonizadores, desde la perspectiva de género y su análisis le ha permitido conocer más sobre cómo vivían las indígenas canarias y cómo las sometieron los colonos a través de la religión. Con motivo de su participación en las IV Jornadas Culturales, celebradas en Haría, González Carracedo atiende a La Voz

 

Los indígenas, animalizados por los colonos

"Hemos apresado y matado a muchos hombres y hemos retenido a mujeres y niños, y los demás se encuentran en tal estado que andan escondiéndose por las cuevas sin osar acercarse a nadie", relataba la crónica Le Canarien durante la conquista de Lanzarote en 1403. Los colonos confesaron que ponían "todo el empeño" en "hacer cautivos" entre la población local, a la espera de que llegara algún navío de España u otro país para "cambiar a la gente por víveres", es decir, para vender a los indígenas apresados como esclavos. 

La colonización de las islas estuvo acompañada de una fuerte evangelización, a través de la imposición de la cristiandad europea. La religión se convirtió en un rodillo con el que aplastar las creencias y la identidad indígena. "El vehículo principal, tanto para legitimar la conquista como para localizar a las poblaciones canarias, era el aparato religioso", expone la investigadora. A través del cristianismo se justificó la colonización, señalando las diferencias entre indígenas y colonos. 

En los diarios escritos durante la colonización de Canarias, el discurso usado por los cronistas era "claramente de inferiorización" hacia los indígenas. La investigadora explica que los colonos cristianos tenían una postura bajo medieval, donde las mujeres ya eran consideradas "inferiores" por el mero hecho de serlo, pero que en el caso de las indígenas, que no conocían al dios del cristianismo, eran directamente consideradas infieles y, por tanto, estaban consideradas aún en un escalafón inferior al de las mujeres cristianas. Sin embargo, los colonos vieron la posibilidad de "evangelizarlas, porque no eran poblaciones infieles musulmanas, sino que simplemente no conocían el cristianismo", expone Laura González. 

Incluso algunos historiadores hablan de racismo hacia los isleños, aunque Carracedo expone que las diferencias que se señalaban no eran tanto raciales o físicas, sino religiosas. En su discurso, los colonos describían a los indígenas canarios como animales. "Insisten en que sus costumbres eran bestiales, porque no llevaban vestimenta o por no vestir a la forma cristiana", ejemplifica. 

 

La poligamia de las indígenas lanzaroteñas

El rodillo religioso no solo se basó en la apariencia, imponiendo a las mujeres conceptos como "el pudor o la honestidad", sino que también obligó a cambiar su forma de relacionarse. En el caso de Lanzarote, los documentos de la época indican que existía la poliandria entre las mahas, las mujeres aborígenes de la isla, por lo que las indígenas mantenían vínculos sexuales con más de un hombre. El proceso de evangelización de la población indígena canaria fue de la mano de la imposición sexual sobre las mujeres.

"En la crónica francesa de la conquista aparece una cartilla de evangelización e insiste en el matrimonio porque en Lanzarote observaron que las poblaciones tenían otra manera de relacionarse sexualmente", continúa la historiadora. "Lo único correcto para la mirada cristiana eran estas uniones matrimoniales monógamas, que no eran las cotidianas ni las del propio mundo indígena", añade.

 

Las indígenas lanzaroteñas juzgadas por el canon cristiano 

El proceso de evangelización se dio a través de dos vías, una más violenta, recurriendo a violaciones de mujeres indígenas y a su venta en el mercado de esclavos; y otra de negociación, donde las mujeres eran captadas para servir de trujamanes (o intérpretes) entre los colonos, que hablaban francés, y los nativos, que hablaban guanche, o a través de pactos matrimoniales entre colonos e indígenas. 

Esto expuso a las mujeres indígenas ante una mirada evangelizadora, atrayendo conceptos que no existían en el archipiélago como la "infidelidad o el pecado". La imagen de las mujeres isleñas era cuestionada por no corresponder al ideal de belleza cristiano, se cuestionaba su forma de vestir, su desnudo, incluso su manera de alimentar a sus bebés, que en Lanzarote se hacía a través de la deglución de alimentos.

Antes de la conquista, en Canarias se realizaron hasta "trece expediciones documentadas" donde se raptaba, saqueaba y expoliaba a los indígenas. Los aborígenes secuestrados eran vendidos en los mercados de "Valencia, Mallorca y Génova", apostilla la investigadora. En estos mercados se pagaba más por las mujeres jóvenes que por los hombres. González Carracedo y otros investigadores exponen que las mujeres tenían más valor entre los esclavos, en parte porque podían ejercer violencia sexual contra ellas

 

Isabel 'la canaria', una lanzaroteña esclavizada 

Una de las historias que deja entrever la crónica Le Canarien y que ha sido investigada por González Carracedo es la de Isabel, la canaria, que fue una indígena lanzaroteña apresada como esclava por los conquistadores. En su caso, como ocurrió también en las colonias africanas, le enseñaron francés para que sirviera de trujamane entre los nativos de la isla y los colonos. Así, los colonos podrían comunicarse con los locales. 

"Aparecen actos vejatorios hacia ellas. Existía un contexto de violencia bastante continua hacia las mujeres", apostilla Carracedo. En el diario de conquista de Le Canarien se narra un episodio en el que Isabel, la canaria, fue lanzada al mar por los colonos desde un buque, donde casi muere ahogada. 

 

Los discursos de odio y la creación del "otro"

La desmitificación del mundo indígena no llegó hasta que las élites canarias comenzaron a necesitar una identidad pasada vinculada a los aborígenes. "Entonces empieza a atribuirse pues otros criterios al mundo indígena y empieza a ver como una asimilación de lo guanche, lo canario con la propia identidad insular", añade. Sin embargo, este periodo también estuvo marcado por otros estigmas, como la idea del buen salvaje, donde indica que se relacionó a los aborígenes canarios como personas unidas a la naturaleza.

Esta investigadora vuelve hasta la actualidad, donde los discursos de odio contra la población inmigrante procedente del norte de África copa la violencia en las redes sociales. "En la actualidad, nos movemos claramente en parámetros totalmente racistas, bajo un discurso en que no solo la religión se vincula con un discurso de odio, sino la diferencia física", indica esta historiadora.

"Estamos recuperando discursos anteriores. Aunque distintos a los del pasado, utilizamos un nuevo discurso de la alteridad". A lo que añade: "No es un discurso continuo, porque eso nos hace perder la esperanza [de poder combatirlo], pero sí que se rescata todo el rato la manera de diferenciar al otro". 

 

Yacimiento El Bebedero de Tiagua en una imagen de archivo.
Yacimiento El Bebedero de Tiagua en una imagen de archivo.

 

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