Yo soy velero

Por César Miralles Yo amo el mar y la vela. Me viene por vocación y tradición familiar. Pocas personas pueden decir que han aportado tanto al deporte de la vela como mi familia, en concreto mi abuelo Francisco Cabrera Hernández, que en ...

Por César Miralles
Yo amo el mar y la vela. Me viene por vocación y tradición familiar. Pocas personas pueden decir que han aportado tanto al deporte de la vela como mi familia, en concreto mi abuelo Francisco Cabrera Hernández, que en ...

Yo amo el mar y la vela. Me viene por vocación y tradición familiar. Pocas personas pueden decir que han aportado tanto al deporte de la vela como mi familia, en concreto mi abuelo Francisco Cabrera Hernández, que en paz descansen, dedicado toda su vida al arte de la pesca y la vela latina. También mi bisabuelo fue un velero de profesión, que pasará a la historia por haber trabajado con sus manos el primer toldo que se puso en los Jameos del Agua, obra importantísima para nuestra isla. Por estos motivos a mi familia se les conoce como "los veleros" del Charco de San Ginés.

Sobre los años 70 y 80, las pegas o regatas con vela latina estaban limitadas a piques entre los barquilleros en la salida o a la vuelta de las faenas pesqueras. Mi abuelo Paco tenía fama de ser muy bueno y habilidoso para esas regatas o piques. De hecho, con La Florentina y Sissi (de 5 metros), ambos botes de mi familia, ganó muchas de ellas. Con éste último, llegó a ganar al mismísimo barquillo Isla de La Graciosa que tenía nada menos que 8 metros de eslora.

La vela latina se recupera en la fiesta de San Ginés. Mi abuelo participó en la organización de las fiestas junto a Basilio, el celador o guardia municipal de Titerroy que facilitaba los voladores o fuegos que servían para dar la salida a la regata. Éstos voladores y una caja de cerveza se embarcaban en Sissi, la falúa de mi abuelo, por la zona del muelle chico, frente a la Caja de Ahorros y la actual parada de taxis. Además, mi abuelo organizaba el campo de regata y ubicaba las boyas y banderas que delimitaban el mismo.

Gracias a él, entre otros, se mantuvo la llama de esa competición anual, hasta que luego se organiza la competición con barquillos de 5 metros, dedicados exclusivamente a las regatas, en las que mi abuelo participa como patrón con el barquillo "Casa del Miedo". Gracias a su buena relación con los marineros de Playa Blanca y La Graciosa, compañeros de profesión, jugó un papel decisivo para que barquillos de estas zonas se animaran a participar en las regatas de San Ginés. Por tanto, puso su granito de arena en la creación de la familia de la vela latina en la isla. Luego se creó la Federación Insular de Vela y, más tarde, también, se incorporan las regatas de barquillos de 8.50 metros.

Es una historia muy bella que sirve para recordar la obligación que tienen las administraciones públicas de potenciar y fomentar la vela latina como parte de nuestra historia. Sin embargo, tenemos debe mantenerse la cordura, máxime en momentos de crisis. En el proyecto que presente ante Puertos de Canarias destaco la práctica de los deportes náuticos como actividad clave, manteniendo la actual escuela de vela, por lo que vela latina tendrá sin lugar a dudas su espacio destacado. Pero además, se podrá disfrutar de una cafetería-restaurante, salas de ejercicios de mantenimiento, sala de formación y emprendimiento, así como de eventos culturales, artísticos y cinematográficos.

La vela latina pertenece a los hombres y mujeres que la sintieron, conservaron y transmitieron sus valores y no, a quienes pretende instrumentalizar su historia, en beneficio propio o como plataforma política. No olvidemos que existen lugares alternativos en el litoral arrecifeño. Yo soy velero.

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