24/Mayo/2019

Lo PRIMITIVO ya no está de moda

Lo PRIMITIVO ya no está de moda

 Muchas veces somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor pero, en la medida de lo desconocido, cosas que no nos pasan pero siempre podríamos formar parte de ellas. Estos días siento que me está pasando algo similar.

Estoy de vuelta en Madrid, tras un mes de pre-verano en casita, ya saben todo esto que se hace llamar Universidad y esas cosas de recuperar asignaturas. Pues ahora de vuelta he decidido quedarme con una amiga en un piso, evadiéndonos de los altos precios que te hacen pagar en los colegios mayores si tienes que quedarte más tiempo de lo esperado (a parte de lo caro que suelen ser habitualmente). Teniendo en cuenta que estamos a finales de junio el calor en Madrid se está volviendo horroroso, y la salida que me queda para refrescarme, en esta provincia sin mar ni aire que respirar, es ir a la piscina de mi colegio mayor, a seguir aprovechándome de las instalaciones que he pagado durante un año. El trayecto que tengo que seguir es caminar aproximadamente unos 15 minutos y coger una guagua que en otros 5 me deja en el colegio. Pues este corto trayecto durante estos tres días me ha sorprendido más que nunca.

Aquí quería llegar para explicarme. Muchas veces entro en las redes sociales y veo a mujeres quejándose de gestos desagradables de hombres hacia ellas, y piensas, qué necesidad tienen o qué se les pasará por la cabeza a esos hombres. Pues he llegado a la conclusión después de estos tres días de que no hay explicación ninguna a este fenómeno tan PRIMITIVO (creo que es una palabra que se acerca bastante a esos gestos y sonidos sin sentido alguno).

Durante mi corto trayecto, el primer día escuché a un hombre ya de cierta edad y experiencia, digamos que en una edad anciana, decir mientras me miraba: “que guapa eres”. Mi cabeza se paralizó, miré hacia atrás y hasta dudé si eso iba dirigido a mí, pienso, bueno voy a pasar, como se dice siempre, "hay gente para todo". Sigo mi camino con la cabeza bien alta, vistiendo un conjunto de verano digno de un desfile de Dior. Continuo mi camino para esperar la guagua, y veo como dos coches disminuyen su velocidad para tocar la bocina y mirarme, o echar un par de gritos. A todo esto, en ningún momento respondí a nadie, sonreí o mostré cualquier signo de agradecimiento, y entonces ¿con qué intención lo hacen?, ¿de qué forma pensarán que me influirá eso?

Más tarde, cuando ya había salido de mi incertidumbre mental y me disponía a volver al piso, me gritan dos adolescentes y me dicen: “que caliente estás”. Ahí ya me paré me giré y pensé “calor claro que tengo con 30º a la sombra, pero no creo que esos seres primitivos puedan hacer esta interpretación tan compleja a la que he llegado” y volví a pasar. Estaba cansada quería llegar ya y olvidarme de eso que yo trataba como tonterías.

Al otro día, decido ir con un par de amigas a Fuencarral, de esto que aunque no lleves dinero encima prefieres desconsolarte viendo los escaparates de las tiendas. Cuando ya nos acercábamos a la boca del metro, se gira un hombre (yo le pongo unos cuarenta y pocos) y dice: “¡guapa!”. Miro a mis amigas, todas nos reimos, pero no porque fuera gracioso, sino que nos parecía tan irreal que no sabíamos de qué forma actuar.

Así voy otro día al colegio para el bañito post-estudio y me cruzo con un chico en la puerta, quizás rondaría entre los 25 o 27 años, que me dice con cierta chulería: “que guapa eres”. Hasta ahí llegué, me giro me acerco a él y le pido que me lo vuelva a repetir. Entonces rebaja su tono grosero y chulo y repite en voz mucho mas baja: “solo era que me parecías guapa”. Solo se me ocurrió responder lo primero que se me pasó por la cabeza y dije “me da igual tu opinión, guárdatela”.

Aquí reitero mi idea anterior, eso de cuando escuchas a una chica contando una historia con la que podrías identificarte pero piensas que realmente no te incumbe. Que confundidas estamos todas, esto me pasa a mí, le pasa a mi compañera de universidad, a la chica que me atiende en el supermercado, a las mujeres de negocios que veo correr por Gran Vía, a la mujer que siempre me recibe con una sonrisa cuando compro en el kiosko mi Jot Down del mes…NOS PASA A TODAS. Entonces, ¿cómo podemos pensar que eso no va con nosotras?

Si crees que deberías pararte y pensar el por qué de estos actos groseros, te diré algo, no tienen ninguna explicación. Miro a mi alrededor y hay días que pienso lo afortunada que soy. Otros días miro a mi alrededor y pienso, bueno hay cosas que podría cambiar pero no se está mal. Y finalmente hay días como estos que antes de acostarme pienso, ¿por qué a mí?

A ninguno de esos hombres groseros y desagradables les ha importado nunca lo que pienso. Pues entonces no me hables, no me grites ni me pites por la calle.

En todos esos momentos nunca pensé en por qué lo hacían (sería una pérdida de tiempo), sino en lo mal que me hacían sentir, en la inseguridad que sentía de vuelta a casa, en cómo lo pasarán esas chicas a las que violan cada día en todo el mundo. Solo podía pensar en lo desprotegida que me sentía en una calle a rebosar de gente. Pero, si no es mi culpa y no debería de sentir eso, ¿por qué tengo que ser yo la que sufra tu estupidez?

Si de verdad te crees un hombre, mujer, o simplemente un ser humano RESPETA a los otros seres humanos. Nadie se merece sentirse así nunca, y tú no eres nadie para hacer sentir así a una mujer, a un niño o niña, a un hombre, a un animal…

“Cada ser viviente merece nuestro respeto, ya sea humilde o altivo, feo o hermoso” (Lloyd Alexander).

Teresa Fajardo Negrín https://teresasabeescribir.wordpress.com/2018/06/24/carpe-diem/

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