No es un accidente laboral, es otra cosa

Manuel Plasencia

El pasado 16 de julio de 2022, éramos conocedores de la desgraciada noticia de la muerte de un trabajador de sesenta años, después de que un golpe de calor hiciera que se desplomase en plena calle, a primera hora de la tarde y a más de 40 ºC de temperatura, siendo esta la causa de su muerte. Se llamaba José Antonio González, tenía un contrato de un mes con una de las empresas con las que el Ayuntamiento de Madrid tiene privatizado el servicio de limpieza.

Cuando una empresa y una administración permiten que un trabajador de sesenta años trabaje a pleno solajero, en plena ola de calor, en las horas más calurosas del día, y a más de 40 ºC,  y con uniforme de poliéster, no podemos hablar bajo ningún concepto de un accidente laboral, esto tiene otro nombre y por eso la empresa donde trabajaba el fallecido, no ha dicho ni mu.

Decepcionantes resultan las declaraciones de ciertos cargos políticos, que en vez de hacer autocrítica y buscar soluciones para que hechos como este no vuelvan a suceder, se dedican a lavarse las manos y mirar para otro lado. El alcalde de Madrid admitía desconocer las condiciones en las que trabajaban estos empleados. La dejación de funciones por parte del Ayuntamiento es evidente y el modo en que, a pesar de eso, se sacude las responsabilidades, indignante.

Pero también la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en las que culpa de la muerte de este trabajador al cambio climático y a la crisis climática que deriva del mismo. Desviando del foco la responsabilidad clara de la empresa de Limpieza, que no puso ninguna medida previa en materia de prevención de riesgos laborales, dada la ola de calor que estamos atravesando. Y que consistiría en el cambio de horarios de recogida de basura y en aumentar la plantilla dada las condiciones de trabajo.

Tenemos bien claro que el cambio climático está afectando a nuestra vida. Son necesarios cambios drásticos en nuestro modelo productivo y nuestra forma de vida para intentar frenar las consecuencias del aumento de la temperatura en la Tierra, que más temprano que tarde nos lleva al colapso. Pero que se laven las manos y se ponga de excusa para no asumir responsabilidades ante un hecho tan grave, resulta cuanto menos repudiable.

Este trabajador no ha muerto por culpa del cambio climático, ha muerto porque la empresa donde trabajaba (Urbaser) ha permitido que un señor de sesenta años trabaje a más de 40 ºC. Ha muerto porque una administración (Ayuntamiento de Madrid) permite que la empresa con la que privatizó este servicio tenga a la plantilla trabajando en esas condiciones. Ha muerto porque el Gobierno local, el regional y el estatal son incapaces de aprobar medidas para evitar estas situaciones, y tan sólo se dedican a lanzar recomendaciones y guías de buenas prácticas. 

Se deja en manos de empresas privadas un servicio imprescindible, cuyo fin primero y último es enriquecerse, y una vez más dichas empresas anteponen beneficios a la vida de los trabajadores y trabajadoras, como en el caso de la muerte de este trabajador.

Hay que luchar para que estos hechos no se vuelvan a repetir. Hay que regular las condiciones de trabajo penosas en exteriores debido al aumento de temperaturas. ¿Cuántas personas más tienen que morir para que se haga algo? Tiene que abrirse una investigación rigurosa por parte de la Justicia sobre este caso. Es evidente que no se han cumplido los protocolos de prevención de riesgos laborales por altas temperaturas.

 

*Manuel Plasencia, miembro del comité de empresa de Canal Gestión en representación de la Confederación General del Trabajo (CGT).

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