Extorsión

Irma Ferrer

Todo caso de corrupción que se precie tiene una buena dosis de extorsión. La extorsión es la presión que una persona ejerce sobre otra, mediante amenaza, violencia e intimidación, de modo tal que la obliga a realizar u omitir un acto que beneficia al extorsionador y causa un perjuicio que puede afectar a multiplicidad de bienes.

En las grandes operaciones de corrupción que han salido a la luz en los últimos años se suele poner el foco en datos tales como el daño económico, los tipos delictivos, las penas impuestas, los partidos políticos afectados...

En no pocos casos se esboza someramente la catadura moral de los corruptos, de modo que en el imaginario colectivo las excentricidades tales como la tenencia de animales salvajes, obras de arte en el baño y demás ostentaciones banales se añaden a los volquetes de putas y a las rayas de cocaína.

Sin embargo, la vacuidad humana que acompaña a la corrupción es mucho más profunda que el hecho de robarle un Goya a tu propia familia para seguir aparentando quien dices ser pero nunca has sido o el de abusar sexualmente de mujeres para celebrar actos de corrupción.

La extorsión es indisoluble a las tramas de corrupción. Las intervenciones telefónicas de las macrocausas de corrupción no sólo reflejan con claridad meridiana la decadencia humana en forma de engaño, traiciones, dependencias, vínculos y relaciones falsarias... sino que evidencian un hilo conductor en forma de miedo y sometimiento a la extorsión.

En el caso Unión, por ejemplo, las conversaciones telefónicas delatan que la mesa camilla empresarial de la isla conocía perfectamente el intento de cohecho a Carlos Espino. ¿Cómo va lo de Espino? Preguntaban de forma recurrente unos y otros al cohechador. Y no era interés por el destino del suelo de Costa Roja, era interés por conocer si el ex-Consejero de Política Territorial del Cabildo Insular de Lanzarote había caído en la red de la extorsión. Pues una vez que caes en la tela de araña ya todos saben tu precio y será cuestión de días que vengan a ponértelo encima de la mesa para exigirte otro negocio ilícito. Ya no tienes salida, una vez que has aceptado entrar en el juego de la corrupción ya no te van a dejar salir pues estás pegado a la tela de araña por el veneno de la extorsión.

Recuerdo una conversación con una persona que señalaba a los miembros de una corporación local por su precio, cual piezas de cordero en una carnicería. Este vale esto, este vale lo otro, a esta le pagamos con esto...este, este y esta sabían que del mercado de la corrupción, una vez que se entra, ya no se puede salir.  

Las relaciones entre empresarios, políticos y funcionarios en las tramas de corrupción reflejan con nitidez la adrenalina adictiva que genera el trato continuado con el poder. Tal es la dependencia a semejante droga que es habitual verles correr detrás del dinero, extorsionarse mutuamente bajo amenazas de toda índole para, finalmente, concluir con un ingreso patrimonial producto de un delito que les permitirá seguir engrasando la maquinaria de la banalización del mal en que han convertido su vida y todo lo que tocan.

He recordado este espectáculo dantesco con motivo del último caso de corrupción que afecta a la Comunidad de Madrid. ¿Por qué siguen en sus cargos políticos tras denunciar públicamente la crueldad y el daño a su vida personal y familiar que les está produciendo el compañero político? Porque no tienen salida, ya están pegados a la tela de araña.

Leídas las conversaciones grabadas, las amenazas de destrucción personal, familiar, profesional y política, no es difícil imaginar el miedo. Ese miedo que paraliza, bloquea y lleva a la irracionalidad de seguir caminando hacia el abismo como única opción.

En el imaginario colectivo están las audiotecas, esas horas y horas de grabación en colección, cual armas de destrucción o herramientas de impunidad. Conocemos las grabaciones que han salido públicamente y que afectan a compañeros de partido, profesión o gobierno, ¿cuántas no han salido a la luz?, ¿cuánto vale lo que queda por salir? ¿Sabremos algún día del poder de extorsión de grabadores profesionales como el inspector Villarejo o el Magistrado Alba?.

La extorsión se ha convertido en un elemento esencial del ejercicio del poder. Los bienes afectados por un entramado de extorsión que ha dejado de ser anecdótico para convertirse en sistémico son muchos y muy variados. Las instituciones públicas son las primeras víctimas, sufren un desprestigio continuado, tan dañino para el normal funcionamiento de la democracia como el que afecta a los poderes fundamentales del Estado de Derecho. Cuando las autoridades llamadas a presidir el Poder judicial, la Fiscalía General del Estado, los partidos políticos o las instituciones públicas son susceptibles de ser extorsionados la víctima es la democracia.

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