Crónicas de una isla en vitrina de cristal

Lanzarote, paraíso natural. Atracción de turismo masivo, isla de caminos a la deriva. Tierra de vistas al presente o como mucho, vistas al “un par de meses que son las elecciones”. Tierra de egos frágiles y “altas sensibilidades”. Tierra querida para lo bueno y para lo malo.

¿Hay otro presente posible?

Históricamente, el arte ha sido una industria que, por su propia naturaleza, ha servido para desarrollar e impulsar grandes movimientos sociales, críticos y económicos. No es casualidad el ejemplo de progreso de otras ciudades gracias a su visión de futuro e inversión inteligente en la industria artístico-cultural.

Vengo a intentar remendar un poco el daño conceptual que sufre una industria que mantiene en vida a una población que no la aprecia. No vengo a hablar sobre un futuro utópico donde Lanzarote sea sostenible solo con el arte, de la noche a la mañana. Tampoco vengo a hablar de un futuro donde no existe turismo.

Cabemos todos. Cabemos y nos necesitamos todos. Es otra forma de nutrirnos y hago referencia a un gran pensador que ya hablaba de esto, Cesar Manrique:

Se trata de vivir cara al futuro, contribuyendo a construir una alternativa limpia, inteligente, de calidad de vida. No debemos desfallecer, hay que seguir adelante, estar vigilantes y mantener viva la conciencia crítica, pues el futuro nunca está conseguido, lo tenemos que hacer desde el presente. Se trata de hacer convivir la industria turística con la defensa del territorio y de la cultura propia. Y esa convivencia es posible, pero, sobre todo, necesaria, obligatoria para no vivir de espaldas al futuro"

Pero para eso, hay un movimiento, un paso muy importante, que nos falta dar. En todo avance social, hay muchos agentes que ayudan a que todo se profesionalice, funcione y crezca, por consecuencia. Esto suele asegurar no solo una buena proyección de los propios oficios, sino que afecta directamente en muchos ámbitos y sobre todo acaba con farsantes que solo tiran piedras contra un techo común. En la industria del arte ocurre igual.

No vamos a ningún lado con esta gran cantidad de eventos que convive directamente con una pobre oferta cultural. Teatros y museos vacíos, talento desaprovechado, espacios sin vida, programaciones regulares inexistentes, público descontento, fiestas de pueblos con carteles exagerados, artistas que se sienten extraterrestres y unas islas que cada vez confían menos en la cultura y el arte porque no lo conocen, porque se les confunde desde los propios organismos.

Y el motivo de todo esto es claro: Lanzarote, y Canarias, necesitan dar espacio a la validación, a la profesionalización y el hueco a las nuevas profesiones que faltan por llegar a las islas. Dejemos de ser maestros de todo, y apostemos a que los agentes interesados se especialicen en las materias que necesitamos. Validemos desde todas las perspectivas, desde arriba, desde abajo y desde los lados, y originemos expertos en disciplinas concretas como la gestión, la programación, la producción y un largo etcétera que es necesario para que se desvincule de los que asumen hoy esos oficios.

Mientras tanto, también puede tener en consideración, señora o señor que toma decisiones que existe la posibilidad de informarse antes de sentenciar cualquier acción de las anteriores. Entendemos que no sabe, es un secreto a voces, y los resultados lo demuestran. Ayúdese para ello de un técnico en la disciplina correspondiente, no de un técnico funcionario a secas.

No existimos muchos, y entiendo que ante el mal uso de los nombres de estas nuevas profesiones en las islas, se tengan reticencias. Pero si no confiamos en los profesionales…

Tampoco pido convertir esto en otra religión a la que rezar, simplemente fijémonos en lo que han generado las acciones e iniciativas llevadas acabo hasta ahora y comparemos con posibles soluciones que presenten los profesionales. Si no nos queremos fiar ciegamente de los títulos, hagamos una prueba y hablemos en una mesa redonda donde se presenten diferentes opciones de mejoras y su razonamiento. Hagamos una puesta en común. Quizás así podamos huir de los vendehumos y quedarnos con personas implicadas de verdad.

También entiendo que no es un ejercicio sencillo, que para que todo esto se pueda dar hay que invertir mucho trabajo y tiempo. Pero, si no se tiene la predisposición adecuada y la visión en un punto un poco más allá, si no se tienen luces largas, ¿a dónde pretendemos llegar?.

Repito, cabemos todos, hay hueco para todo, pero hay que hacer las cosas con cabeza (que hacerlo con buena intención no es suficiente). Existen profesionales mejores que uno mismo, todo el rato, pero hay que acercarse a ellos, no intentar apagarlos. Si hay personas que dedican su tiempo a aprender sobre las dinámicas culturales, las estudian y se forman, quizás, tengan algo interesante que aportar. Porque si no, lo que queda es gente que quizás no sea capaz ni de gestionar sus propias obras artísticas (en el mejor de los casos), ya que es posible que hable y gestione el arte una persona que: ni sea ni artista, ni conozca el arte o, incluso, ni le guste el arte.

Y aclaro, porque no quiero herir sensibilidades. No digo, que quitemos a “los de toda la vida”, no se trata de que de repente todos queden en la calle y entren jóvenes con pasión. Eso sería un absoluto desastre. Simplemente seamos honesto, hay que propiciar ese hueco a la escucha porque quizás, y tan solo quizás, podamos estar equivocados en algo.

Al final, no hay que ser Einstein para darnos cuenta de que se trata de un trabajo casi personal, donde tiene que primar la sinceridad con uno mismo, que aprendemos y nos equivocamos, que hay cosas que nos salen bien y otras, mal, y que no hace falta volver atrás, todo se puede remendar intentando mejorar en los siguientes pasos que se dan.

Dejemos de ser solo esa pieza expuesta que todo el mundo visita. Lanzarote tiene vida, y esta vitrina de cristal nos está asfixiando.

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