Negligencias en el parto: ¿cómo reclamar tus derechos?

Conocer el procedimiento para exigir responsabilidades se transforma en un derecho fundamental

18 de diciembre de 2025 (09:49 WET)
Mujer embarazada

El momento del nacimiento de un hijo debería ser una experiencia llena de alegría.

Sin embargo, cuando la atención médica durante el alumbramiento no cumple con los estándares profesionales esperados, puede convertirse en un episodio traumático con consecuencias duraderas para la salud de la madre y el bebé. En estos casos, conocer el procedimiento para exigir responsabilidades se transforma en un derecho fundamental.

Este artículo pretende ofrecer una guía clara y detallada para que las familias comprendan cómo actuar cuando sospechan que ha existido una falta en la asistencia recibida. Abordaremos cada fase del proceso, desde la identificación del problema hasta la posible obtención de una compensación, siempre con el objetivo de empoderar a quienes se encuentran en esta difícil situación.

Muchas personas se sienten abrumadas y desorientadas tras un suceso de este tipo, sin saber a quién recurrir o por dónde comenzar. El camino legal puede parecer intrincado, pero con la información adecuada y el apoyo profesional preciso, es posible transitar por él para lograr justicia. Es crucial actuar con prontitud y método, recopilando todas las pruebas disponibles y buscando asesoramiento especializado desde el primer instante. La finalidad última no es solo la indemnización económica, sino también contribuir a que otros no pasen por la misma experiencia, fomentando una práctica médica más responsable y segura.

 

¿Qué se considera una negligencia médica durante el alumbramiento?

Una falta profesional en el contexto obstétrico se define como la omisión o la acción por parte del personal sanitario que se desvía de los protocolos y la lex artis médica aceptada, provocando un daño evitable a la madre o al recién nacido. No todo resultado adverso implica necesariamente una impericia; la medicina no es una ciencia exacta. La clave reside en demostrar que el equipo médico no actuó con la diligencia, los conocimientos y los medios que cabría esperar en circunstancias similares, y que esta desviación causó directamente el perjuicio. Hablamos, por tanto, de un incumplimiento del deber de cuidado que genera una responsabilidad civil e, incluso, penal.

Los ejemplos pueden ser muy variados: desde un error en la interpretación de los monitores fetales que lleva a no detectar sufrimiento fetal, hasta una demora injustificada en realizar una cesárea de emergencia. También se incluyen aquí los casos de infecciones intrahospitalarias por falta de asepsia, lesiones en el canal del parto por un uso inadecuado de instrumentos como fórceps o ventosas, o la incorrecta administración de medicamentos como la oxitocina. Cada situación es única y requiere un análisis pormenorizado para establecer si realmente existió esa relación de causalidad entre la acción u omisión del profesional y el daño producido.

Para determinar si estamos ante un caso de este tipo, es imprescindible contar con un peritaje médico independiente. Este experto analizará la historia clínica completa y contrastará la actuación del equipo sanitario con los protocolos y guías clínicas vigentes en la fecha de los hechos. Solo así se podrá construir una base sólida para cualquier reclamación posterior. La complejidad técnica de estas valoraciones subraya la importancia de buscar asesoramiento legal especializado en negligencias médicas en el parto desde el principio como el que ofrece Bley Abogados en https://bleyabogados.es/negligencias-medicas/negligencia-medica-parto/.

 

Errores más frecuentes en la atención al parto

Existen una serie de fallos que, por desgracia, se repiten con cierta frecuencia en los registros de los tribunales. Uno de los más graves es la falta de monitorización adecuada del bienestar fetal durante el trabajo de parto, lo que puede derivar en hipoxia (falta de oxígeno) y encefalopatía hipóxico-isquémica, con secuelas neurológicas permanentes para el bebé. Otro error común es la indebida realización o la tardanza en practicar una intervención quirúrgica necesaria, como una cesárea, cuando las condiciones lo exigen para la seguridad de madre e hijo.

El manejo incorrecto de la distocia de hombros (cuando los hombros del bebé se quedan encajados tras la salida de la cabeza) es otra causa frecuente de lesiones, como parálisis braquial o fracturas de clavícula. Asimismo, la impericia en la episiotomía (corte en el periné) o en su reparación puede conducir a infecciones, dolor crónico o disfunciones en el suelo pélvico. La falta de comunicación clara con la parturienta sobre los riesgos y alternativas, vulnerando su derecho a la autonomía y al consentimiento informado, también constituye una forma de negligencia.

Es fundamental recordar que la simple ocurrencia de una complicación no define por sí sola la existencia de una falta. Lo que marca la diferencia es si esa complicación pudo preverse y evitarse con una actuación médica conforme a la buena praxis. Identificar estos patrones de error ayuda a las familias a entender si lo sucedido encaja dentro de lo considerado como un fallo evitable. Para profundizar en las distintas complicaciones que pueden surgir, resulta útil consultar información sobre los problemas habituales durante el parto y sus protocolos de manejo correcto.

 

Iniciar el proceso de reclamación: primeros pasos

La primera acción, tras la estabilización de la salud de la madre y el niño, debe ser solicitar una copia completa y fehaciente de la historia clínica. Este documento es la piedra angular de cualquier reclamación futura. Incluye informes de alta, registros de partograma, resultados de pruebas, consentimientos firmados y notas de enfermería. Se recomienda hacer esta petición por escrito, guardando copia del resguardo, ya que la institución sanitaria está obligada a facilitarla en un plazo razonable. Paralelamente, es aconsejable recopilar cualquier otro elemento probatorio, como fotografías, nombres de testigos o comunicaciones con el personal.

El siguiente paso crucial consiste en contactar con un letrado especializado en responsabilidad sanitaria. Este profesional podrá orientar sobre la viabilidad del caso, valorar la documentación inicial y encargar los informes periciales necesarios para sustentar la demanda. No se debe esperar a tener todas las pruebas reunidas antes de acudir a un experto; su intervención temprana es determinante para dirigir la investigación de manera eficaz y evitar errores que podrían perjudicar la reclamación. La elección de un abogado con experiencia contrastada en este ámbito marca una diferencia abismal en el desarrollo y resultado del procedimiento.

 

Documentación imprescindible para tu caso

La fuerza de una demanda por responsabilidad sanitaria reside, en gran medida, en la solidez de las pruebas documentales. La pieza principal es, como se ha mencionado, el historial clínico completo. Pero no es la única. Se debe adjuntar el informe pericial médico encargado por la defensa, que contraste la actuación del centro con la lex artis. También son vitales los informes y facturas de otros profesionales que hayan atendido a las víctimas tras el incidente (fisioterapeutas, neurólogos, psicólogos), pues cuantifican el alcance del daño y los gastos derivados.

Igualmente, es fundamental incluir documentación acreditativa de los gastos económicos directos e indirectos: facturas de medicamentos, tratamientos, adaptaciones en el hogar, pérdidas de ingresos por incapacidad laboral, etc. Si existen secuelas permanentes, los informes médicos deben detallar su naturaleza, pronóstico y el porcentaje de discapacidad reconocido. Toda esta papelería conforma un dossier que permitirá al juez o a la compañía de seguros del hospital valorar con precisión tanto la responsabilidad como la cuantía de la indemnización que corresponda.

 

Plazos legales para presentar una demanda

La ley establece unos periodos de caducidad y prescripción muy estrictos para interponer una acción de este tipo, cuyo cómputo varía en función de la vía escogida. En la vía civil, el plazo general de prescripción es de un año, que comienza a contar desde la fecha en que se produjo el daño o, lo que es más relevante, desde el momento en que la persona afectada tuvo conocimiento cierto de que ese daño era consecuencia de una posible negligencia. Este último matiz es crucial, pues en ocasiones las secuelas o su relación causal con el parto no son evidentes de inmediato.

Si se opta por la vía penal, el plazo es más extenso, pero requiere acreditar la existencia de un delito de imprudencia profesional. Dada la complejidad de estos cálculos y las graves consecuencias de dejar pasar el tiempo (la pérdida irrevocable del derecho a reclamar), insistimos en la necesidad de consultar con un especialista lo antes posible. Él determinará la estrategia procesal más adecuada y asegurará que todos los plazos se cumplan de forma escrupulosa, evitando sorpresas desagradables que echen por tierra todo el trabajo realizado.

 

Compensación económica por daños y perjuicios

La indemnización que puede derivarse de un caso exitoso pretende reparar, en la medida de lo posible, todos los perjuicios sufridos. Estos se clasifican en varias categorías. En primer lugar, están los daños patrimoniales, que incluyen tanto el daño emergente (gastos médicos pasados y futuros, adaptaciones, cuidados especiales) como el lucro cesante (pérdida de ingresos y de capacidad de generar ganancias). En segundo término, se encuentran los daños no patrimoniales, que buscan compensar el sufrimiento físico y moral, el menoscabo de la calidad de vida, las secuelas estéticas y funcionales, y el perjuicio moral de la familia.

La cuantificación no es una ciencia exacta y depende de múltiples factores: la gravedad de las secuelas, la edad de la víctima, el impacto en su proyecto vital y los baremos legales utilizados (como el habitual baremo de tráfico para accidentes, que suele aplicarse por analogía). En casos de lesiones muy graves en el recién nacido, las indemnizaciones pueden ser elevadas para cubrir una vida de cuidados especializados. El objetivo de la compensación es procurar a la víctima y a su familia los medios para afrontar las nuevas circunstancias con la mayor dignidad y recursos posibles, sin que suponga un enriquecimiento injusto.

 

El papel de un abogado especializado en negligencias médicas

Un letrado con dedicación exclusiva a este campo no solo conoce la legislación, sino también la metodología de la práctica médica y el lenguaje de los informes clínicos. Su intervención es clave para traducir un hecho médico complejo y doloroso en un argumento jurídico sólido. Actúa como coordinador entre el cliente, los peritos médicos, los tribunales y, en su caso, las compañías aseguradoras. Su labor comienza con la evaluación exhaustiva de la viabilidad del caso, continúa con la construcción meticulosa de la estrategia probatoria y culmina en la defensa firme de los derechos de sus representados durante la negociación o el juicio.

Este profesional aliviará la carga emocional y burocrática de la familia, guiándola en cada decisión. Su experiencia le permite anticipar las tácticas de la defensa de la entidad sanitaria y preparar contraargumentos eficaces. Además, suele trabajar bajo la modalidad de "éxito", lo que significa que sus honorarios suelen estar vinculados al resultado obtenido, lo que alinea sus intereses con los del cliente y reduce el riesgo económico inicial para la familia. Contar con un defensor experimentado es, sin duda, la inversión más inteligente en este proceso.

 

  • Evaluación de registros médicos y pruebas

Una de las tareas más delicadas y determinantes que realiza el abogado, en colaboración con peritos médicos, es el análisis forense de la historia clínica. Este examen busca incongruencias, omisiones, retrasos en las anotaciones o desviaciones de los protocolos. Se revisa minuciosamente el partograma (la gráfica que registra la evolución del parto), los resultados de las monitorizaciones, las dosis de medicación administrada y los tiempos de actuación. Cualquier anomalía puede ser la pieza que complete el puzzle de la negligencia.

Este trabajo de investigación no se limita a los papeles; a menudo implica consultar con otros especialistas independientes para obtener segundas opiniones sobre la idoneidad del tratamiento recibido. El objetivo es construir un relato cronológico y técnicamente impecable que demuestre, con un alto grado de probabilidad, el nexo causal entre la actuación médica deficiente y el daño producido. Sin este fundamento pericial robusto, una reclamación tiene pocas posibilidades de prosperar, por muy evidente que pueda parecer el error a ojos legos.

  • Negociación y proceso judicial

Antes de llegar a un tribunal, existe casi siempre una fase de negociación extrajudicial con la aseguradora del hospital o centro sanitario. En esta etapa, el abogado presenta la reclamación fundamentada, con todos los informes periciales, y busca llegar a un acuerdo sobre la indemnización. Un negociador experimentado conoce los valores de mercado de los casos y sabe cuándo una oferta es justa y cuándo es insuficiente, evitando que sus clientes acepten cantidades muy por debajo de lo que les correspondería en un juicio. Esta vía es generalmente más rápida y menos desgastante emocionalmente para la familia.

  • Fase de conciliación

En muchos procedimientos, es obligatorio o muy recomendable pasar por un intento de conciliación ante un servicio de mediación o un organismo colegial médico. Se trata de una reunión formal donde las partes, asistidas por sus letrados, exponen sus posiciones ante un tercero neutral. Aunque no siempre se logra un acuerdo, es una oportunidad para mostrar la solidez del caso y, en ocasiones, forzar una oferta mejor de la aseguradora. Un buen abogado prepara esta fase con el mismo rigor que un juicio, pues sus resultados pueden ser definitivos.

  • Juicio y sentencia

Si la negociación y la conciliación fracasan, el siguiente paso es la vía judicial. El abogado redactará la demanda, que debe ser un documento técnico y convincente, y presentará todas las pruebas documentales y periciales. Durante el juicio, dirigirá los interrogatorios a los peritos y a los testigos, y realizará las conclusiones finales ante el juez. Este proceso puede ser largo y requiere una preparación meticulosa. La sentencia, que puede ser recurrida, establecerá definitivamente si existió responsabilidad y fijará la cuantía de la indemnización, si procede.

 

Enfrentarse a las consecuencias de una posible negligencia en un momento tan íntimo y vulnerable como el parto es un desafío abrumador. Sin embargo, las familias no están solas ni indefensas. El sistema jurídico ofrece mecanismos para investigar lo sucedido, exigir responsabilidades y obtener una reparación que ayude a reconstruir la vida. El conocimiento es el primer paso hacia la acción: saber qué constituye una falta, cómo se documenta y qué pasos legales seguir marca la diferencia entre la impotencia y la búsqueda activa de justicia.

Actuar con celeridad, buscar el apoyo de un profesional especializado y no temer al proceso son claves fundamentales. La reclamación no solo persigue una compensación económica; es también un acto de dignidad, una manera de exigir que los estándares de calidad y seguridad en la atención sanitaria se respeten siempre. Proteger los derechos de la madre y el recién nacido tras un evento adverso es, en última instancia, una forma de honrar la confianza que depositamos en las instituciones sanitarias y de contribuir a su mejora continua para el beneficio de todos.

 

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