15/nov./2019

TRAS SU ARRESTO RECONOCIÓ QUE EN REALIDAD NO REALIZABA NINGUNA FUNCIÓN

Rosa se retracta y dice ahora que el contrato con Dimas no era fingido: “Si no iba más sería porque se escapaba del trabajo”

Aunque firmó un contrato como "encargado de obras" y otro "auxiliar administrativo en el sector del mueble", asegura que en realidad trabajaba para él como "capataz agrícola", encargándose de los jardines del Fariones, de Finca de Uga y de sus viñas en La Geria

Juan Francisco Rosa, declarando este lunes en el juicio (FOTOS: Sergio Betancort)
Juan Francisco Rosa, declarando este lunes en el juicio (FOTOS: Sergio Betancort)
Rosa se retracta y dice ahora que el contrato con Dimas no era fingido: “Si no iba más sería porque se escapaba del trabajo”

El empresario Juan Francisco Rosa ha cambiado este lunes la declaración que prestó tras ser detenido en el caso Unión, cuando reconoció que firmó un contrato laboral falso con Dimas Martín para que pudiera conseguir el tercer grado penitenciario. En aquel momento, ante el juez admitió que “las funciones de Dimas en su empresa eran nulas”, pero dos años después cambió su versión y ésa es la que ha mantenido al declarar este lunes como acusado durante el juicio de la pieza 12 del caso Unión, en el que ha asegurado que contrató el líder histórico del PIL para “temas agrícolas”.

En total Rosa firmó dos contratos con Dimas, en ambos casos coincidiendo con la concesión de un tercer grado penitenciario. El primero fue con Galerías Rosa como “encargado de obras” y el segundo con otra empresa del grupo, como “auxiliar administrativo en el sector del comercio del mueble”. Sin embargo, Rosa asegura ahora que en ambos casos, Dimas trabajaba en realidad como “capataz agrícola” –primero ha dicho que es “perito agrícola”, pero después lo ha “corregido”- y que se encargaba de los jardines del hotel Fariones, de la Finca de Uga y de sus viñas en La Geria. “Si no iba más sería porque se escapaba del trabajo”, ha afirmado para justificar la dificultad de demostrar que acudía a cumplir esas funciones y la jornada para la que estaba contratado.

No obstante, Juan Francisco Rosa también ha sostenido que Dimas era “libre” para organizar su trabajo como considerara oportuno. “Hay personas que hacen las cosas en tres horas y otras necesitan 20. Si el trabajo estaba bien, igual un día no iba”, ha defendido. “No tenía que ir todos los días. Ni él ni ninguno de mis empleados”, ha añadido el empresario, que ha repetido en varias ocasiones que “no controlaba” si Dimas cumplía con su supuesto trabajo. 

“Yo no estaba controlando ni a Dimas ni a nadie”, ha alegado, tras afirmar que entonces tenía más de 1.200 empleados en sus empresas. Sobre “a quién daba cuentas” entonces Dimas, ha respondido que “depende”. “En las viñas no hay nadie. En Fariones sí hay un encargado”, ha agregado. “A veces iba a lo de Juan Francisco Rosa y a veces no. A veces me iba a cuidar a mis cabras, mis gallinas”, ha afirmado por su parte Dimas Martín, que ha declarado justo a continuación.

 

“50 horas semanales no trabaja nadie en este país”


Aunque Rosa ha dicho que solo se ratificaba en la tercera declaración que realizó en esta causa en el año 2012, dos años después de su arresto, lo cierto es que incluso con respecto a ésa ha introducido cambios. Entonces afirmó que el líder histórico del PIL trabajaba “unas 6 o 7 horas diarias”, que “lo contrató por 8 horas” diarias y que “cree que acudía algunos sábados a trabajar”, pero ahora asegura que no dijo eso. 

El fiscal ha pedido entonces que se diera lectura a esa declaración. “Era una forma de hablar, sería un decir”, ha respondido entonces Rosa, tras escuchar su propio testimonio. “50 horas semanales no trabaja nadie en este país”, ha llegado a afirmar, en referencia a sus propias palabras de que Dimas también trabajaba algunos sábados.

Ahora, asegura que trabajaba “de lunes a domingo” pero sin un horario definido y que algunos días no iba. “Tampoco necesitaba ir a las fincas todos los días”, ha afirmado, tras señalar que en las fincas no había ningún responsable que pudiera confirmar si realmente Dimas iba o no a hacer algo en las viñas. Y aunque el lugar de trabajo que figura en el primer contrato era la sede de Galerías Rosa en Argana, también ha señalado que “no tenía que ir a la oficina sino a los distintos sitios” donde debía desarrollar esas supuestas funciones de “capataz agrícola”. Además, ha afirmado que “desconoce” cómo se desplazaba, cuando el fiscal le ha preguntado si utilizaba para ello un vehículo de empresa.

 

El contrato, “por un tema humanitario”


Durante el interrogatorio, en el que Rosa ha rechazado responder a buena parte de las preguntas, el fiscal le ha preguntado por qué en el primer contrato Dimas figuraba como encargado de obras, por qué el segundo contrato tiene por objeto un puesto relacionado con el sector del mueble y por qué en ninguno de los dos se dice nada de sus supuestas tareas reales, que según Rosa son para “jardines” y “temas agrícolas”. 

“Cuando la gestoría hace un contrato, hace un contrato con la actividad que tiene la sociedad. Yo no me ocupo de esto. Eso lo hace la gestoría”, ha respondido Rosa, que ha alegado que él se limitó a firmar ese contrato pero que no lo elaboró.

No obstante, sí ha reconocido que contrató a Dimas “por un tema humanitario” y “porque necesitaba un sustento para su familia”. “Dimas de toda la vida ha estado muy cerca de toda la familia. Sobre todo su mujer, Elena”, ha precisado. Sin embargo, en contra de lo que declaró en su día, ha negado que lo hiciera para ayudarle a conseguir el tercer grado. 

Juan Francisco Rosa juicio 2

“A Dimas se le contrató ya con el tercer grado y en la calle”, ha defendido en varias ocasiones. Cabe subrayar lo que se requiere a los internos para obtener el tercer grado es una oferta de trabajo, no un contrato, que difícilmente puede firmarse cuando están dentro de prisión. De hecho, éste se firma después, cuando este beneficio penitenciario ya ha sido concedido. Y fue ahí, justo después de que obtuviera un tercer grado, cuando se firmaron ambos contratos. Sin embargo, Rosa ha negado que ése fuera el motivo e incluso ha asegurado que ha contratado a otros internos de Tahíche “por razones humanitarias”.

 

“Había pasado 48 horas detenido y estaba nervioso”


En cuanto a sus primeras declaraciones ante la UCO y ante el juez, Rosa ha alegado que estaba “nervioso”. “Había pasado 48 horas detenido y no estaba en condiciones de declarar”, ha afirmado. A esto, el fiscal ha respondido aclarando que no es cierto que hubieran pasado 48 horas, sino 24, y que además justo antes había sido atendido por un médico forense –“por un tema de cervicales”, según ha apuntado Rosa- y que éste confirmó “que estaba en plenas condiciones cognitivas y volitivas para prestar declaración.

Sin embargo, Juan Francisco Rosa se ha negado a responder a ninguna pregunta sobre esa primera declaración. “Era la primera vez que venía a la Justicia en esa época y se me estaba acusando de algo que no había hecho”, ha afirmado, pese a que lo cierto es que para entonces ya había estado imputado en otras causas.

Cabe recordar que durante aquella declaración, el propio juez le advirtió de que estaba admitiendo un presunto delito de falsedad documental, e incluso el que entonces era su abogado en esta causa, Felipe Fernández Camero (que después pasó a estar entre los imputados del caso Unión), le pidió hasta en dos ocasiones a su cliente que no hablara más sobre el tema, pero aún así Rosa siguió haciéndolo para reconocer que “las funciones de Dimas en su empresa eran nulas”, que realmente no le pagaban siquiera la nómina y que “no quiere a Dimas ni de cerca”.

Sin embargo, este lunes ha explicado incluso cómo le abonaba esa supuesta nómina de “unos mil euros”, afirmando que “cobraba en efectivo, como todos los empleados”. “En esa época no había domiciliación de nóminas. Desde peones a albañiles, todo el mundo iba a cobrar a Galerías Rosa”, ha respondido a preguntas de su abogado.

 

“A mí el control no me lo hace el empresario”


Tras la declaración de Juan Francisco Rosa ha llegado el turno del último acusado en esta pieza del caso Unión, Dimas Martín, que ha sido preguntado por su propio abogado por el contrato con Rosa. Respecto a su firma, ha defendido que para que se proponga la concesión del tercer grado “es indiferente que haya un contrato de trabajo” y que es una vez concedido cuando “te dan facilidades para que salgas a buscar trabajo”.

“A veces iba a lo de Juan Francisco Rosa y a veces no. Me iba a cuidar a mis cabras, mis gallinas…”, ha respondido Dimas Martín, que no ha dado detalles de dónde trabajaba exactamente ni qué funciones desarrollaba. Al respecto, en su día declaró en los Juzgados que cobraba “en efectivo una nómina de unos mil y pico euros”, que “tenía bastante libertad” y que se dedicaba a ir “por las fincas y por los hoteles”, pero ni siquiera supo precisar para qué empresa en concreto trabajaba ni qué categoría profesional tenía.

“A mí el control no me lo hace el empresario, me lo hace Instituciones Penitenciarias”, ha afirmado Dimas durante el juicio, en referencia a los requisitos que debía cumplir para que se mantuviera ese tercer grado penitenciario. “¿Estaba obligado a trabajar las 14 horas de salida?”, ha preguntado irónicamente, tras recordar que con el tercer grado puede dejar la prisión desde las 7 de la mañana y regresar a las 10 de la noche.

Sobre ese presunto contrato simulado fue preguntado también en la segunda jornada del juicio otro de los acusados, el ex concejal del PIL Ubaldo Becerra, que en aquella época mantenía una relación fluida con Dimas y declaró que no le constaba que trabajara para Rosa y que tampoco le dijo en ninguna ocasión que no podía hablar o reunirse porque estaba trabajando. 

En su escrito de acusación, la Fiscalía sostiene que Juan Francisco Rosa incurrió en un delito continuado de falsedad de documento público, ya que los contratos no sólo fueron presentados por Dimas ante Instituciones Penitenciarias “para engañar” a este organismo, sino que también se registraron en la Seguridad Social, al darle de alta como supuesto trabajador, y ante el Instituto de Empleo.  En total, pide para él 2 años y 3 meses de prisión y multa de 15.000 euros y sostiene que con ese “favor” a Dimas, Rosa pretendía conseguir un “trato de privilegio”, entre otras cosas para legalizar sus hoteles ilegales, ya que el PIL gobernaba en ese momento en el Cabildo.

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