21/nov./2019

DeCaires no había vendido ni una obra en el mercado cuando CC le intentó comprar los caballos por 200.000 euros

El informe encargado por los CACT en 2016 concluía que no había participado en subastas y que solo trabajaba con una galería "de perfil bajo en el mercado del arte”, donde solo se ofrecía una tercera copia de los jinetes que no había conseguido vender
Jason DeCaires, Pedro San Ginés y José Juan Lorenzo
Jason DeCaires, Pedro San Ginés y José Juan Lorenzo
DeCaires no había vendido ni una obra en el mercado cuando CC le intentó comprar los caballos por 200.000 euros

Jason DeCayres Taylor, que llegó a Lanzarote de la mano del estafador alemán Helge Achenbach, no había vendido una sola obra en el mercado cuando en el año 2016 intentó que los Centros Turísticos le compraran por 200.000 euros las esculturas de los jinetes. Así lo refleja el “informe de valoración económica” solicitado en su día por los CACT, cuando Coalición Canaria gestionaba los Centros y llevó al Consejo de Administración la propuesta de realizar esa compra, después de haber instalado ya los caballos junto al Castillo de San José.

El informe, elaborado por la Consultoría integral de arte Consultarte, también advertía que De Caires carecía de “exposiciones en centros de arte contemporáneo de prestigio internacional” y tampoco había participado “en ferias de arte de reputación internacional”. En cuanto a su cotización, señalaba que “la presencia de la obra del artista es inexistente” en subastas internacionales, “no habiendo constancia de ninguna transacción a través de este medio”. Y en cuanto a las galerías de arte, precisaba que existía “una única galería” que representaba a DeCaires, la Johathan LeVine Gallery, de la que señalaba que “presenta un perfil bajo en el mercado del arte”.

“Desde su origen y dado el perfil de su propietario, la galería ha atendido a estéticas contracultura del punk y del rock”, detallaba ese informe. “Actualmente la galería representa a 42 artistas, nacidos en su mayoría en la década de los 70. De forma general podemos decir que estos artistas cuentan con curriculum vitae discretos, con escasa presencia en colecciones y exposiciones en centros relevantes. La cotización media de los mismos es baja, con unos parámetros medios de entre los 1.000 y los 2.500 euros por obra. La galería no tiene presencia habitual en ferias de arte”, añadía al describir la única galería con la que trabajaba Jason DeCaires, que cuando llegó a Lanzarote solo había cobrado por trabajos por encargo, casi todos museos submarinos en otros destinos turísticos.

 

La tercera copia de los caballos, a la venta en una galería de graffiti


La galería Johathan LeVine, conocida por divulgar el “arte del graffiti” y exposiciones de “arte callejero”, fue donde DeCaires puso a la venta la tercera edición de sus caballos, ya que llegó a hacer tres copias de la misma obra: la primera para una exposición temporal por encargo en Londres, la segunda que fue la que quiso vender en Lanzarote y una tercera que anunció que iría a otra gran ciudad europea, pero que luego puso a la venta sin encontrar comprador.

Para hacer su informe, la consultora contratada por los Centros explicaba que se puso en contacto con esa galería, que solo ofrecía esta obra de DeCaires. El artista pedía por ella 683.050 euros, pero tampoco había encontrado a nadie dispuesto a pagarlos. “El hecho que únicamente se oferte esta pieza indica que el artista no tiene obra producida y que su trabajo habitualmente se realiza por encargo”, precisaba el informe, insistiendo en que tampoco “existe constancia de ninguna transacción a través de subastas”.

Así, la valoración se realizó sin tener un dato previo con el que poder comparar cuál era la cotización de sus obras, dado que no había vendido ninguna. La única referencia económica que incluye el informe es el propio museo submarino, encargado también a DeCaires bajo el mandato de Pedro San Ginés. En este caso, en total hay unas 300 esculturas y la institución pagó cerca de 700.000 euros, aunque la consultora contratada por los Centros descartó considerar esta comparación (y el precio medio que dejaría por escultura), señalando que “al tratarse de un proyecto global de museización de un espacio marino, la cuantificación económica no es comparable a la cotización media para una única obra y por tanto, no se podrá considerar”.

 

DeCaires, “sustancialmente inferior a nivel artístico”


De esta forma, los únicos precios que se compararon en ese informe fueron los de las ventas de otros artistas, que en ese momento estaban “en los primeros puestos de la clasificación en el mercado”. Concretamente se centró en cuatro, que habían vendido esculturas por precios que oscilaban entre los 165.000 y los 800.000 euros, y todos ellos aparecían en las plataformas y las bases de datos que miden la cotización de los artistas.

“En el caso de Jason de Caires se encuentra fuera del ranking de artfacts por las características de su trayectoria, asociadas más al ámbito medioambiental que al artístico. De igual manera, no está presente en la base de datos artprice por no tener ninguna transacción realizada a través de salas de subastas”, reconocía a continuación el informe.

“Estos datos nos permiten situar al artista en un posicionamiento sustancialmente inferior a nivel artístico, que irá directamente relacionado con su cotización”, añadía. Sin embargo, a continuación agregaba que “se deben considerar las características de sus creaciones, de carácter original y único, su implicación en la defensa de la naturaleza y la realización de creaciones como vehículo para la preservación y conservación del medio marino que convierten su producción en innovadora y altamente comprometida con el medio ambiente”.

Así, en base a criterios subjetivos sobre el compromiso medioambiental de DeCaires -que en Lanzarote trabajó en un puerto deportivo ilegal, en dos locales alquilados y pagados por los Centros Turísticos a Marina Rubicón-, el informe fijaba el precio de la obra entre 200.000 y 300.000 euros. Y para ello, usaba como única referencia el precio que él mismo pedía por esa tercera copia de los caballos, en una galería de “bajo perfil en el mercado del arte”, señalando que se podía ofrecer por ellos entre el 40 y el 50% de ese precio de salida.

 

“Se formó como instructor de buceo”


No obstante, en las conclusiones de ese dictamen, Consultarte volvía a insistir en que DeCaires “destaca por su implicación en la defensa de la naturaleza”, pero agregaba que “menos destacable es su trayectoria en los círculos de arte contemporáneo, careciendo de exposiciones en centros de arte contemporáneo de prestigio internacional o participación en ferias de arte de reputación internacional”.

En cuanto al resto del informe, comenzaba repasando la biografía de DeCaires, explicando entre otras cosas que cursó estudios de arte y a continuación inició su actividad como escultor, aunque después “se formó como instructor de buceo”. Además, vinculaba esto al hecho de que casi todas sus obras conocidas son precisamente los museos submarinos que creó por encargo entre los años 2006 y 2014 en la costa caribeña de Granada, en Cancún y en Bahamas. 

Después, trajo ese mismo modelo a Lanzarote, cuando llegó a la isla de la mano de Helge Achenbach, que después fue condenado por estafa y que fue quien le presentó el proyecto del Museo Atlántico a Pedro San Ginés, junto con el amigo de Achenbach y secretario de su Fundación, Juan Gopar, y el ex presidente de Aetur Gerardo Fontes.

 

Esculturas pensadas para Londres


En cuanto a las esculturas de los caballos, el informe señalaba que se hicieron pensando en dónde se iban a emplazar, en el río Támesis de Londres, y que por eso “aluden al trabajo en la capital británica y a la dependencia de los combustibles fósiles”. 

Además, recordaba que esos jinetes fueron un encargo para un festival que se celebró en este río londinense, “para concienciar sobre la preservación de la naturaleza, en el que se desarrollaron múltiples actividades culturales a lo largo del cauce del Támesis durante el mes de septiembre de 2015”. 

Después, DeCaires hizo dos copias de esas esculturas y una de ellas fue la que intentó vender a los Centros Turísticos. Finalmente, la polémica desatada frenó esta pretensión que Coalición Canaria llevó al Consejo de Administración de los Centros, pero lo que sí terminó prosperando con el voto en contra de toda la oposición fue aceptar una cesión supuestamente “gratuita” por diez años. A cambio, los Centros se comprometían a pagar 15.000 euros por los gastos de “materiales” y “montaje” de unas esculturas que, en realidad, ya se habían montado e instalado junto al Castillo de San José.

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