El profesor acusado de abusos lo niega y afirma que era la niña quien “se tomaba demasiadas confianzas”

El juicio ha quedado visto para sentencia, con una petición de seis años de cárcel. La defensa sostiene que no hay testigos y la Fiscalía subraya que las peritos confirman que la denuncia de la menor es “creíble”

I.L.

Periodista

El profesor acusado de abusos sexuales, durante el juicio (FOTO José Luis Carrasco)
El profesor acusado de abusos sexuales, durante el juicio (FOTO José Luis Carrasco)

El juicio por abusos sexuales contra un ex profesor del colegio Alfonso Spínola de Teguise ha quedado este jueves visto para sentencia, con una petición de seis años de cárcel por parte del fiscal, que tras la vista ha mantenido las conclusiones de su escrito de acusación.

La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas deberá decidir ahora si da crédito a la versión de la niña -que no ha aportado testigos, pero cuenta con el informe pericial de las psicólogas, que han calificado como “creíble” su relato- o a la del docente, Wenceslao P. R. Éste ha negado los hechos y ha dedicado la mayor parte de su declaración a cuestionar a la menor, que tenía 10 años cuando presuntamente ocurrieron los hechos. Concretamente, se juzga si hubo tocamientos indebidos de carácter sexual por parte del acusado, que ya había tenido otras denuncias por hechos similiares, según han puesto de relieve tanto la Fiscalía como la acusación particular.

Al iniciar su testimonio, el acusado ha comenzado afirmando que tenía con la niña “la misma relación que con el resto de los alumnos”, aunque después ha insistido en describirla como una niña con “problemas de conducta”, al mismo tiempo que ha llegado a afirmar que era ella quien tenía “excesos de confianza” con él.

“Más de una vez le tuve que llamar la atención por los excesos de confianza, que yo no le había dado”, ha asegurado. “La afectividad que te la den en tu casa, conmigo no”, ha afirmado que le dijo en una ocasión a la niña. Según él, al llegar a clase la niña “le agarraba los cachetes” y en una ocasión le dio un beso. Incluso, ha afirmado que yendo un día caminando por el colegio, la menor le dio “una torta en el culo”, y que otro le pasó el pelo por su brazo “como si fuera un plumero”.

Durante la vista han declarado ocho profesores del colegio, incluida la directora, así como tres compañeros de clase de la presunta víctima, y la defensa no ha preguntado a ninguno de ellos por esos supuestos episodios de la niña hacia el docente, por lo que nadie los ha confirmado.

 

"Era como es una niña de 10 años"

Los testigos, todos aportados por la defensa, han coincidido en que no presenciaron los hechos denunciados por la menor, y el interrogatorio de su abogada se ha dirigido a describir cómo era su compañero, con quien varios han señalado que tenían una relación “muy buena” y “excelente”, y cómo era la niña.

Respecto a la alumna, ninguno la ha descrito como una niña conflictiva. Solo una profesora, que ha reconocido que “no la conocía”, porque nunca le dio clase, ha afirmado que escuchó “comentarios de otras niñas” diciendo que “es caprichosa y que para salirse con la suya, a veces mentía”.

Sin embargo, los profesores que sí la tuvieron en sus clases la han descrito como una niña “bastante activa, motivada y participativa”. Lo más que han llegado a decir algunos, ante las preguntas de la abogada de la defensa, es que era “un poquito” inquieta. “Era como es una niña de 10 años. Alegre, dinámica”, ha señalado la directora del colegio.

Respecto a su rendimiento académico, ninguno ha hecho referencia a que fuera malo. Solo uno ha apuntado que escuchó al acusado decirle al padre de la niña que “estaba un poco acelerada y que su rendimiento estaba bajando un poco”.

“Conmigo fue una alumna normal. No tuve ningún tipo de problema”, ha añadido por su parte el profesor que sustiyó al acusado, cuando éste se acogió a una baja médica, 20 días después de que se presentara la denuncia.

El acusado, por su parte, ha calificado repetidamente a la niña de “disruptiva”, afirmando que “las llamadas de atención eran constantes en clase”, que tenía “problemas conductuales” y que en dos de las tres asignaturas que le daba tenía suspensos y en la otra iba “bastante flojita”.

 

Un profesor con métodos "diferentes"

Durante los interrogatorios a los testigos y al exponer sus conclusiones finales, la abogada de Wenceslao P. R. ha insistido en describirlo como un profesor “especial”, que utilizaba métodos “diferentes”, creando grupos en clase entre los alumnos y potenciando un “trabajo cooperativo”.

“Me pusieron palos en las ruedas desde el minuto uno”, ha declarado el acusado, apuntando que generaba recelos tanto en los padres como en sus compañeros, porque “es más fácil trabajar con el libro y la libreta”. Sin embargo, al mismo tiempo ha defendido que otros profesores le utilizaban de ejemplo y que hasta le pedían asistir a sus clases para tomar notas. En concreto se ha referido a una, que ha declarado como testigo y ha asegurado también que “los niños estaban encantados”. Según ha subrayado la defensa, todos le llamaban “Wences”.

No obstante, el acusado también ha reconocido que tuvo quejas y denuncias, y también lo ha confirmado la directora del colegio, aunque ha precisado que no por temas de índole sexual, sino al parecer por el uso de palabrotas en clase.

“Tengo conocimiento de una queja en Inspección por la forma de dirigirse al alumnado”, ha aclarado la directora. A continuación, a preguntas del fiscal, ha reconocido que también sabía que en su anterior centro, en Las Palmas de Gran Canaria, sí había sido denunciado por un hecho similar al que se juzgaba este jueves.

 

Confirma otra denuncia anterior y no responde si ha habido otras después

Cuando la Fiscalía le ha interrogado por esa denuncia anterior, el acusado ha empezado intentando esquivar esa pregunta, y el fiscal se la ha tenido que repetir hasta en tres ocasiones. “En Las Palmas quisieron jugármela bien jugada”, ha terminado respondiendo, apuntando como responsable a la directora de aquel centro, y asegurando que no llegó a ser condenado.

El fiscal también le ha preguntado por otras dos denuncias administrativas que se registraron ya en Lanzarote, ante la Inspección Educativa, pero lo ha negado. “A mí personalmente no me han llegado”, ha asegurado, ante lo que el fiscal ha reiterado que se presentaron en 2018 por dos alumnas, y que también estaban relacionadas con tocamientos de índole sexual.

Además, a éstas podrían haberse sumado también otras denuncias posteriores, pero el acusado se ha negado a responder. Ha sido el abogado de la acusación particular quien le ha preguntado por ello, y la letrada de Wenceslao P.R. ha intentado que no se aceptara la pregunta, afirmando que “no procedía”.

Sin embargo, su queja no ha sido aceptada por la magistrada, que le ha recordado al acusado que si quería podía no responder. Eso es lo que finalmente ha hecho, tras mirar a su abogada para recibir su confirmación, dejando así en el aire la respuesta a si recibió otras denuncias más después de ésta.

 

"Mamá, no sé si decirte algo"

En el juicio también ha declarado la madre de la menor, que ha explicado que su hija le contó lo que estaba ocurriendo el 20 de octubre de 2019. Según su relato, cuando llegó a casa la niña empezó a seguirle, hasta que le dijo: “Mamá, no sé si decirte algo”. Entonces le habló de su profesor, que era también su tutor, y le dijo que le había “tocado con la mano en el muslo y luego llegó ahí”.

“No verbalizaba qué era ahí. Señalaba”, ha explicado la madre. Su respuesta fue decirle que ella “no tenía culpa de nada” y que “había sido muy valiente”, y ambas se echaron a llorar. Después se dirigió al colegio a hablar con la directora y, tras consultarlo con la Inspección Educativa, le dijo que acudiera a la Guardia Civil a denunciar, que fue lo que hizo.

“Yo me entero por la Guardia Civil, que vienen a detenerme al centro educativo”, ha declarado el acusado. Sin embargo, después siguió dando clases en el colegio, incluso a la presunta víctima, pese a que su madre solicitó un cambio de grupo. Lo que hicieron fue poner a una persona de dirección o a otra docente a “vigilar” las clases de Wenceslao.

“Estaba callada, tranquila. Las veces que yo estuve no participó”, ha declarado una de las profesoras que “vigilaron” esas clases tras la denuncia, apuntando que “probablemente” no fuera “normal” su actitud. “Estaba nerviosa”, ha dicho por su parte la directora, que también asistió a algunas de esas clases, y ha relatado que la niña evitaba dirigirse al profesor.

Finalmente, 20 días después de la denuncia, el acusado dejó de trabajar. “Cuando presentó un segundo escrito de denuncia, me puse como una moto. Me subió la tensión y me fui al médico. Me dio la baja y me dijo: Mucho has tardado”, ha declarado, precisando que no ha vuelto a dar clases y que actualmente está con una incapacidad permanente. “Tomé la decisión de dejar definitivamente la enseñanza”.

No obstante, durante el interrogotario ha asegurado que “a día de hoy” sigue “teniendo la conciencia tranquila”. Después, en su turno de última palabra, lo ha utilizado solo para corregir al fiscal, señalando que en Gran Canaria no daba clases en un centro de FP; y también al abogado de la acusación, diciéndole que “confunde Inspección de Trabajo con Inspección Educativa”.

 

"No tiene mala actitud hacia el colegio ni hacia los profesores"

Por su parte, las dos peritos que han declarado en el juicio se han ratificado en el informe que emitieron tras entrevistarse con la niña a raíz de la denuncia, y han confirmado que su relato es “creíble”.

Además, han subrayado aspectos como que “no presenta inadaptación escolar” ni tiene “ningún problema en el colegio”. “No tiene mala actitud hacia el colegio ni hacia los profesores”, ha señalado una de las psicólogas.

En cuanto a las consecuencias de estos presuntos episodios para la niña, ambas han coincidido en que no tenía “secuelas”, pero “sí afectación emocional, ajustada a la naturaleza del hecho”.

Respecto a si podría tenerlas en el futuro, han señalado que “depende” de lo que haya ido ocurriendo después. “Es verdad que el hecho no es muy grave”, ha apuntado una de ellas.

Concretamente, el detonante de la denuncia estuvo en ese episodio en el que presuntamente le tocó los muslos hasta la altura de sus partes íntimas, pero la niña también ha relatado otros hechos, como un día que le hizo sentarse en sus rodillas y también le tocó los muslos; y otro en el que le dio “un mordisco” en la oreja. Tanto la madre como la menor han declarado que desde entonces acude a terapia.

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