Cinco peritos avalan el relato de la niña y el hermano del acusado se acoge a su derecho a no declarar contra él

​Tanto la madre de la menor como un policía nacional han declarado que el acusado amenazó con suicidarse y que ingirió pastillas mientras ella estaba en comisaría presentando la denuncia, por lo que fue trasladado al hospital

I.L.

Periodista

Declaración de dos peritos durante el juicio
Declaración de dos peritos durante el juicio

Un testigo clave se ha negado a declarar este miércoles en el juicio por las presuntas agresiones sexuales que sufrió durante años una niña, por parte del que era pareja de su madre. “Me voy a acoger a mi derecho a no declarar, porque soy hermano consanguíneo”, ha señalado a los magistrados, refiriéndose al acusado. Estos han recordado que la ley establece que un familiar directo “no tiene obligación de declarar en contra del procesado”, pero si lo hace está “obligado a decir la verdad, pudiendo incurrir en delito” en caso contrario.

La importancia de este testigo está en que dos personas han declarado durante el juicio que el acusado le confesó al menos parcialmente los hechos que se le imputan. Primero lo ha declarado la madre de la menor, que ha explicado que cuando su hija le contó las presuntas agresiones sexuales que llevaba sufriendo tres años, entre otras cosas llamó al hermano del que era su pareja.

“Mi hermano se ha vuelto loco. Cojo un avión y voy a Lanzarote. Haz lo que tengas que hacer”, ha afirmado que le dijo. Más tarde, en otra conversación posterior, le contó que “algo le había confesado” cuando contactó con él. En concreto, ha señalado que le habló de “tocamientos”, aunque no de que “había consumado”.

En la misma versión ha coincidido un agente de la Policía Nacional que ha declarado como testigo, y que fue quien recogió la primera denuncia de la madre y de la víctima, y que también tomó declaración al hermano del acusado. “Me dijo en dos ocasiones, cuando le llamé y después en comisaría, que había hablado con su hermano y le había reconocido un poco los hechos por los que se le acusaba”. En el atestado, reseñó que su expresión literal fue que “algún tocamiento hubo”.

Además, el policía también ha confirmado otra parte de la declaración de la madre, que ha explicado que cuando estaba en comisaría presentando la denuncia, recibió varias llamadas de su pareja, y terminó contestando por indicación del agente. “Estaba nervioso, llorando y le decía que le perdonase”, ha declarado el policía, que escuchó esa conversación.

Ambos han relatado que en esa llamada, el acusado dijo que se había tomado “20 diazepanes”. “Me preocupaba que se quitase la vida”, ha declarado el policía nacional, que ha explicado que activó a los servicios de emergencias y que hasta su domicilio se desplazó una ambulancia, que se encargó de llevarlo al hospital. 

“Me decía que no lo dejara morir”, ha relatado por su parte su ex pareja y madre de la víctima: “Me decía que no denunciara, que teníamos que hablar, que le escuchara primero”. Además, ha contado que el día anterior, al destaparse los hechos, amenazó con tirarse por el Risco. "Con esas actitudes, estaba demostrando que era culpable”, considera la madre.

 

Sin peritos ni testigos de la defensa

Además de la madre y el agente de policía, durante la primera jornada del juicio solo han declarado otras cinco personas, todas ellos peritos que han coincidido en que el relato de la menor es “creíble”. En cuanto a la niña, que tenía entre 10 y 12 años cuando ocurrieron los hechos y ahora tiene 16, se la ha eximido de declarar en el juicio y se ha reproducido la grabación de la declaración que prestó hace dos años, durante la instrucción de la causa.

En cuanto al acusado, será el último en declarar y lo hará ya este jueves, cuando está previsto que termine el juicio. De hecho, solo falta su testimonio y las conclusiones finales, ya que su defensa no ha aportado ningún perito ni testigo. Y quien sí estaba citado y podía haber testificado a su favor, su hermano, no lo ha hecho, acogiéndose a su derecho a no declarar, lo que se hace para no perjudicar al procesado.

En cuanto los peritos, las primeras en declarar han sido dos psicólogas a las que se les encargó un informe dentro de esta causa. Ambas han confirmado que la víctima sufre entre otras cosas “baja autoestima, tendencia a problemas escolares y trastorno adaptativo de tipo depresivo”, añadiendo que es una “sintomatología compatible con una agresión sexual”.

Además, han subrayado que su relató cumple “los criterios necesarios para ser creíble”, subrayando que el hecho de que en algunos momentos olvidara cosas o cambiara detalles dan precisamente credibilidad a su denuncia. “Los relatos creíbles son desorganizados. Van de un lado a otro, porque se van generando recuerdos”, han explicado.

 

“Es plenamente compatible con las lesiones que observamos”

También han declarado los dos médicos forenses que realizaron una exploración física de la menor, que tenía entonces 12 años, y han confirmado que tenía “el imen desgarrado”, y que “el desgarro era antiguo”. 

“Lo que nos refirió, es plenamente compatible con las lesiones que observamos”, han declarado ante el tribunal. Así, aunque han explicado que no hay forma científica de determinar ni la fecha ni la razón exacta “del resultado lesivo”, sí es “compatible” con las agresiones sexuales que relató la menor. 

“A la vista de lo que expone, la forma en que lo narra, secuencial y progresiva, y de cómo expone los hechos, ese argumento gana en fiabilidad”, han agregado. Además, también han confirmado el diagnóstico sobre los síntomas que presentaba la niña, que corresponden a un “trastorno de estrés pos-traumático”.

Por último, ha declarado la psicóloga que lleva años tratando a la víctima. “Todos los indicadores de las pruebas nos muestran que la menor siempre dice la verdad, y también me baso en mi experiencia profesional y en los años en loo que he tratado la menor, que he visto su evolución”, ha declarado.

Además, en respuesta al abogado del acusado, que preguntaba por otras posibles causas, ha insistido en que “no hay otra causa que justifique esos trastornos” que padece y en que “toda la sintomatología que manifiesta es en relación a este hecho”.

Incluso, ha explicado el “retroceso brutal” que sufrió la menor cuando pusieron al acusado en libertad, tras haber pasado un tiempo en prisión provisional después de que se presentara la denuncia.

“No podemos olvidar que desde los 10 años hasta los 16 que tiene ahora mismo, no ha podido vivir lo que le correspondía. Si este proceso hubiera terminado antes, antes podría haber empezado a superar esto”, ha señalado en referencia al juicio. “Ojalá esto quede en esta etapa de su vida y no se traslade a su vida adulta”, ha añadido, reiterando que aún “no tiene el alta médica psicológica” y que tendrán que seguir trabajando en ello.

Además, ha sido tajante al afirmar que “no es posible” que la niña se esté “inventando algo así”, manteniéndolo durante años, y que esté consiguiendo manipular el resultado de todas las pruebas que se le realizan.

 

“No crees que tengas un monstruo en casa”

En cuanto a la madre, ha relatado también el calvario que han seguido sufriendo desde que denunciaron los hechos hace tres años, al día siguiente de que su hija se lo contara. “Hemos cambiado de domicilio dos veces, para no tener contacto con la gente de entonces. Las víctimas somos las que hemos tenido que ir encerrándonos”, ha lamentado.

Además, durante el juicio también se ha puesto de relieve otra consecuencia que pueden sufrir las víctimas: la culpa. Según su declaración, el día en que su hija le contó los presuntos abusos que llevaba sufriendo tres años, eso fue lo que le expresó. “Se echó a llorar, se abrazó a mí y me dijo: 'Mami, lo siento mucho'”.

Y la niña, en la declaración grabada que se ha escuchado durante el juicio, expresó algo similar al hablar de su madre. “Se echaba la culpa, pero ella no tiene la culpa de haber conocido a una persona así”, afirmó la menor.

Respecto a si no tuvo sospechas en ningún momento de lo que estaba ocurriendo, la madre ha asegurado que no, aunque “con la distancia ves cosas que no te cuadran”. “Cuando estás enamorada de una persona, no crees que tengas un monstruo en casa”, ha sentenciado.

Solo relata un episodio en el que otra de sus hijas, más pequeña, le preguntó a su hermana delante de ella que por qué se encerraba en el baño con su padre. La respuesta de la niña fue que le daba masajes, y eso sí generó una reacción por parte de su madre.

Cuando le preguntó a él por el tema, afirma que su respuesta fue “desmesurada, agresiva”. Ahí, al igual que había declarado la niña durante la instrucción, afirmó que ella sufría malos tratos de su pareja. El abogado del acusado ha intentado realizar varias preguntas sobre por qué no lo denunció, pero el magistrado las ha ido frenando todas, señalando que no era lo que se juzgaba.

Y también ha frenado al letrado cuando ha insistido varias veces en preguntas sobre quién lavaba la ropa en casa y si nunca advirtió ningún resto en la ropa interior de la niña, o si no vio sangre en una de las ocasiones en las que la víctima relata que sangró. “No andaba buscando algo que ni me imaginaba”, ha respondido la madre.

En el interrogatorio a la testigo, el abogado del acusado también ha intentado plantear que la niña, que cuando ocurrieron los hechos tenía entre 10 y 12 años, tenía relaciones con chicos. De sus preguntas, la madre solo ha confirmado que una vez quedó para ir a la playa con un amigo, también menor de edad, y que estuvieron allí una hora y la llevó ella en coche.

El letrado también ha preguntado si “no es cierto” que era una niña era “revoltosa, desobediente y mala estudiante”, lo que ha sido negado tajantemente por la madre, que ha insistido en que sus problemas empezaron “después de esta situación”.

“¿Diría que a su hija le han robado la infancia, la pubertad y la adolescencia?”, le ha preguntado su abogado, que ejerce en su nombre la acusación particular. “Totalmente”, ha respondido la madre.

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