Pancho Corujo abre oficialmente las fiestas de San Ginés, que avivaron de niño su pasión por la música

El pregonero revivió sus recuerdos de estos festejos, incluyendo sus primeras "actuaciones" en el karaoke que instalaban en un ventorrillo

Pregón de las fiestas de San Ginés
Pregón de las fiestas de San Ginés

Con la lectura del pregón del tenor Pancho Corujo Perdomo se iniciaron oficialmente este viernes las fiestas patronales de Arrecife en honor a San Ginés. El acto institucional se llevó a cabo en el teatro cine Atlántida, iniciando el mismo el primer teniente de alcalde y concejal de Fiestas del Ayuntamiento, José Alfredo Mendoza, que fue el encargado de dar la bienvenida a los ciudadanos y a cuantos visitan la capital en estos días, expresando también su tristeza por no poder celebrar las fiestas como les hubiera gustado.

Así, reiteró que se ha optado por un programa "prudente y responsable" debido a la crisis sanitaria, pero "sin perder su esencia", recuperando las actividades culturales, deportivas y de ocio en general, cumpliendo todas las medidas de prevención. Alfredo Mendonza tuvo también unas palabras para el párroco, Miguel Hernández, señalando que ha sido fundamental en la organización de las fiestas, agradeciéndole su "inestimable colaboración" con el Ayuntamiento y destacando que se le echará "mucho de menos", ya que se marcha a un nuevo destino. "Aquí deja una huella imborrable, además de muchos amigos y feligreses que tendrán siempre en el recuerdo su paso por nuestra comunidad".

El concejal también expreso su agradecimiento a Pancho Corujo Perdomo, por aceptar con entusiasmo la responsabilidad de ser el pregonero de la ciudad que le vio nacer y por no haber dudado ni un momento el día que le llamó por teléfono para plantearle esta tarea. Mendoza se despedía haciendo un llamamiento a la responsabilidad de todos y cada uno de los ciudadanos a la hora de disfrutar de unas fiestas que, si bien atípicas, van a ser "las fiestas de la ilusión y de la recuperación".

A continuación subía al escenario la alcaldesa, Astrid Pérez, para dar lectura a la semblanza del pregonero. "Su voz, su capacidad de enamorar en los escenarios, sus conocimientos, su personalidad arrolladora, pero sobre todo su buen hacer en el bel canto, han calado muy hondo en la sociedad canaria y en los seguidores de la cultura en general, donde está considerado como uno de los grandes referentes del género lírico que ha parido esta tierra. Pese a su importancia en este terreno complejo del arte, insisto, reservado a unos pocos elegidos, para nosotros sigue siendo el mismo muchacho al que vimos dar sus primeros pasos en la música, pues nuestro querido Pancho, pertenece a una importante saga, Los Corujo,, entre los que han destacado y destacan concertistas, luthuiers, folcloristas, virtuosos, músicos que destacan por sus conocimientos y habilidades, pero sobre todo por su humildad y especial talante", señaló la alcaldesa.

Además, recordó que el pregonero acumula ya más de 15 años de carrera que le han llevado a actuar bajo las órdenes de los mejores directores de ópera, como Plácido Domingo, Jesús López Cobos, Phillipe Entremont, Josep Pons y Giancarlo Del Mónaco.

Tras la presentación tomó la palabra el pregonero, que empezó señalando que "por primera en la vida" estaba tras el escenario de un teatro sin "ese nervio de la espera por subir a cantar", sin "necesidad de buscar la concentración musical" y sin tener que "vocalizar un poco". "Tras tantos años de experiencia, reconozco que hoy estoy mucho más nervioso que en esos días de conciertos o representaciones de ópera, y es por tratar de ser justo y estar a la altura de las expectativas y el cariño que me han mostrado los habitantes de este pequeño pueblo nuestro, ya ni tan pueblo, ni tan pequeño", añadió.

"Dándole vueltas a qué les podría contar hoy aquí, se me venían innumerables recuerdos, memorias gamberras y felices, que tenían su epicentro en un pequeño portal de la Plaza de la Constitución, a la que todos conocemos por La Plazuela. Recuerdos entre la adolescencia y la vida adulta que ahora me doy cuenta que marcaron definitivamente a este personaje que le habla aquí hoy, sin saber muy bien qué hace, ni por qué le ha tocado esta suerte y a la vez encerrona, de pregonar sus fiestas, nuestros queridos "Sangineles"", apuntó, señalando que se sentía "tan abrumado como agradecido".

"He preferido para hoy, tratar de recuperar recuerdos anteriores, del niño que yo fui, de un niño y una ciudad que crecían conectados a sus tradiciones y a sus vanguardias", explicó, apostillando que sigue siendo "un niño grande". Como primer recuerdo, se refirió al ventorrillo que Rafael Arráez montaba sobre un descampado que hay cerca del bar La Vidriera y en el que instaló "un artefacto que estaba causando furor: el karaoke".

"Recuerdo pedirle a mi padre que me llevara, dábamos una vuelta por la feria y allí nos íbamos dejando a mi hermana y a mi hermano con mi madre en los cochitos. Háganse la imagen, un niño de siete u ocho años, gordito, risueño y probablemente armado con una pistola de plástico y una estrella de Sheriff en la pechera, subido al escenario cantando Granada o México lindo y Querido. Aún no entendía el estímulo y la atracción que me producía la música y el escenario, pero sin duda ya era una necesidad. Además, a esas horas aún de día, como únicos espectadores tenía a mi padre, a Rafael tras la barra y a un grupo de palomas que disfrutaban del espectáculo sobre el muro que da para la calle Luis Morote", rememoró.

"Era yo un niño muy imaginativo y veía la feria de San Ginés como en las películas, enorme. En mis fantasías infantiles creaba ensoñaciones que tenían que ver con impresionar a alguna chica en los ventorrillos de tiro al blanco, vestido en esas fantasías con chaqueta y gorra de béisbol, y seguramente la chica me llamaría Bill o Jack, y yo era rubio... en agosto en Arrecife". También se refirió a las parrandas, al ventorrillo del muelle de la Pescadería y a todos los que pasaron por allí, como "Los Toledo de La Graciosa con su particular folclore o a Los Gurfines de La Vega cantando en el ventorrillo o en el Club Náutico. También la voz y la guitarra de Paco Toledo -"a quien tanto admiré"- y a Ramón Martínez junto a Chente en La Democracia, "y más de una vez a Ico Arrocha", así como el Festival de Habaneras de los Amigos de Porto Nao y "el sonido de la inconfundible voz de Taillo".

A todos ellos vinculó su pasión por la música, y también a los momentos cantando junto a su padre, su hermano Ciro, su hermana Rosa, sus primos y primas, los hermanos Mendoza, Perico Orosa, o "el viejo Pepe Suárez "Grafiña", el señor de la guerra, el último tocador de forito con sus heridas de bala en la pierna y su inspiradora forma de narrar". De él explicó que aprendió la primera copla de isa marinera que recuerda, y que cantó a capela durante su pregón: "Yo no digo que mi barca, sea la mejor del puerto. Pero sí digo que tiene, los mejores movimientos".

El pregonero continúo contando muchas más anécdotas y vivencias de su niñez, y concluyó cantando un extracto de "Barranco de Abajo," del verseador  gran canario Yeray Rodríguez: "Porque este paisaje sabe, mucho más de mi que yo, antes que yo nació y estará cuando me acabe, entre sus linderos cabe, lo que ten y lo que di, lo que olvidé y aprendí, lo que recibo y ofrezco, lo que celebro y padezco, lo que seré, soy, y fui".

Con un ¡Felices Fiestas! finalizó su intervención, recibiendo un caluroso y extensivo aplauso del público. A continuación, la alcaldesa y el concejal de Fiestas le hicieron entrega de la escultura "Puente de las Bolas", símbolo de la ciudad de Arrecife. Además, Ástrid Pérez sorprendió al pregonero regalándole unos patucos, porque muy pronto  será papa.

El acto finalizó con la actuación de la Orquesta Clásica de Lanzarote, formada por el cuarteto de cuerda, tres violines y violonchelo, actuando como solistas la soprano Desireé López y Pablo Araya Violín, que interpretaron piezas de los compositores Jean Sibelius, Haëndel, Massenet, Mozart, Astor Piazzolla y Arturo Márquez, actuación que fue muy aplaudida por el público que acudió a este acto de inauguración de las fiestas capitalinas.

 

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