Crucifijos, banderas rojigualdas y retratos del Generalísimo adornaron las escuelas de Lanzarote cuando Francisco Franco se hizo con el control de Canarias. Mientras la Guerra Civil (1936-1939) continuaba en el resto del país tras el intento fallido de golpe de Estado, la incipiente dictadura tardó menos de un mes en urgir un plan para perseguir a todas las personas sospechosas de no comulgar con los valores del régimen en Canarias. Entre ellos, investigó a todos los maestros de Lanzarote que no eran afines a los principios de la bautizada como Nueva España.
Un mes después del fallido golpe de Estado, el bando franquista, autodenominado como nacional, comenzó a ocupar todas las instituciones de Lanzarote. Desde sus primeros pasos, el Gobierno franquista puso en marcha una purga de los maestros de izquierdas y de todos los que consideraba "enemigos del régimen".
Al menos veinticinco maestras y maestros fueron sancionados, trasladados o suspendidos en Lanzarote. Sin embargo, el régimen fue especialmente inquisitorio con la maestra titular de la Escuela de Tahíche Josefa León Pavón, la única mujer a la que la Comisión Nacional propuso el mayor castigo posible: expulsarla definitivamente del Magisterio.
En agosto de 1936, el Delegado del Gobierno de Lanzarote solicitó los "antecedentes" y la "filiación política" de los maestros que ejercían en la isla, también informes sobre su implicación en "propagandas políticas o sociales" y su afiliación a "partidos extremistas". También pidió detalles sobre quiénes componían la Junta de Primera Enseñanza de los diferentes municipios.
Al mismo tiempo en que avanzaba la depuración de maestros republicanos, conforme iban recibiendo las directrices del nuevo régimen, varias escuelas de Lanzarote pidieron banderas rojigualdas y crucifijos para colgar en sus aulas. Así lo avala la documentación recogida en los archivos municipales de Teguise y Arrecife. Estos símbolos formaban parte del modelo de escuela franquista, donde se debían impulsar los valores del régimen a través del nacional-catolicismo.
"Simpatizante con el socialismo": el principio de la pesadilla de Josefa León
Cuando estalló la guerra en 1936, Josefa León ejercía como maestra en la Escuela de Tahíche y era madre de tres hijos, que dependían únicamente de su sueldo porque su marido estaba incapacitado porque padecía una enfermedad crónica. Al comienzo del curso de 1936/1937, en en concreto el 2 de septiembre, el Ayuntamiento de Teguise respondió a la información solicitada por el Delegado del Gobierno de Lanzarote y emitió una lista con el nombre de ocho maestras y cinco maestros del municipio acompañada de sus "antecedentes políticos". En aquella lista, se señalaban las tendencias políticas de cada profesor y se recoge la primera referencia a Josefa León Pavón: "simpatizante con el socialismo".
Aquel documento se convirtió en el comienzo de su pesadilla. Cuando el régimen le abrió un expediente de depuración y a los pocos días la expulsó de su labor, Josefa León llevaba veintiún años dedicados a la enseñanza, trece de ellos entre Lanzarote y La Graciosa y otros ocho en Oviedo.
El 8 de octubre de 1936, a los pocos días de haber sido señalada por su vinculación política con el socialismo, el Delegado del Gobierno de Lanzarote envió un informe al Gobierno Civil de Las Palmas señalándola entre los profesores sospechosos de ser de izquierdas. En el documento amplió los cargos contra ella, aseguró que la Guardia Civil había efectuado un registro en el domicilio de la profesora y de que había hallado un carnet de cotización de la UGT, una copia del himno Republicano y otra del Himno Libertario.
Su señalamiento formó parte de la intención del régimen de desmantelar el "movimiento obrero y político", según señaló el investigador Olegario Negrín Fajardo, que fue el primero en sacar a la luz el expediente de Josefa León. A pesar de que Lanzarote no había tenido gran conflictividad social, sí existía una "implantación notable" de partidos como el PSOE y de movimientos sindicales obreros. El objetivo del Gobierno franquista era erradicar esa lucha sindical y la divergencia política.
En octubre, la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de Las Palmas ordenó suspender a Josefa León de empleo y sueldo por "socialista". El presidente del Consejo Local de Primera Enseñanza de Teguise, Domingo Robayna, firmó la orden de expulsión de León Pavón y notificó al Ayuntamiento que la plaza en la escuela de Tahíche quedaba vacante.
Durante los primeros meses de represión franquista en Lanzarote, la Comisión Depuradora Provincial propuso la expulsión de siete de ellos y la Comisión Nacional lo rebajó a cuatro: tres hombres y una mujer, Josefa León Pavón.
En una carta que aún permanece resguardada en Teguise, el 3 de noviembre de 1936, Josefa de León trató de convencer al presidente del Consejo Local de Primera Enseñanza del municipio de que no había cometido actos "antipatrióticos" o contrarios al movimiento franquista. Pese a sus intentos por defenderse, la Junta ya había nombrado una maestra sustituta, que había obtenido el título de Maestra Nacional unas semanas antes en Arrecife.
El testimonio del cura: crucial para su expulsión
Tras su expulsión, en enero de 1937 el sacerdote José Fajardo Morales fue nombrado vocal sacerdote de la Junta de Educación de Teguise. Entonces, Josefa León no lo sabía, pero el testimonio de este cura sería crucial para expulsarla de forma definitiva de su profesión como maestra y recogería todos los cargos sumados en su contra.
Mientras se sucedían los cambios de maestra en la aldea de Tahíche, la maquinaria franquista siguió suspendiendo de empleo y sueldo a otros profesores, a petición de Inspección o porque eran llamados a filas para alistarse al Ejército franquista y viajar a la península para combatir.
En marzo de 1937, el propio cura José Fajardo Pérez entregó un cuestionario en el que acusaban a Josefa León de comportamientos inmorales, poco patrióticos y de mostrar "cierta indiferencia ante el movimiento" franquista. Entre las preguntas, el régimen cuestionaba si era "viciosa, desarreglada o poco o nada ejemplar". Entre sus respuestas, el cura resaltó que el marido de Josefa León era "socialista extremado" y concejal en el Ayuntamiento de Teguise durante el Gobierno de la Segunda República.
Siete meses después de señalarla como "socialista" y medio año después de expulsarla, la Comisión Depuradora del Magisterio Primario acusó a Josefa León de varios cargos, basándose principalmente en el testimonio del cura, el único informe con nombre y apellidos contra la docente que halló Olegario Negrín Fajardo en el expediente localizado en el Archivo General de Alcalá de Henares. Entre los cargos, la acusaban de pertenecer al Partido Socialista, de actuar como propagandista del Frente Popular, de mostrar un "ideario perturbador de las conciencias infantiles" y de atentar contra el patriotismo y la moral.
Cuando fue suspendida por la escuela, Josefa León Pavón tuvo que volver a vivir al pueblo de Máguez, en Haría, con la familia de su marido. Allí, se unió a las Señoras del Taller Patriótico de Haría, con su máquina de coser.
Ante todas las acusaciones, Josefa León Pavón señaló que era "víctima de una falsa imputación". "Soy absolutamente apolítica, ni siquiera ejercí el derecho de sufragio en las elecciones", defendió, asegurando no conocer los himnos libertarios y extremistas que se le acusaba de cantar en las excursiones infantiles.
Las acusaciones políticas se mezclaron con otras de carácter moral. Después de haber sido suspendida, el régimen franquista abultó su informe de expulsión acusándola de actos inmorales, rescatando viejas disputas.
La Comisión Depuradora de Las Palmas acusó a Josefa León de obligar a niños y niñas a ir juntos al aseo en Tahíche y de "obligar" a sus alumnos a bañarse "juntos y desnudos" en presencia de otras personas cuando ejercía como maestra en la escuela de La Graciosa. Estas acusaciones fueron tachadas por la propia Josefa León como "calumniosas", quien indicó que los hechos eran "incompatibles con una madre de sentimientos católicos de absoluta moralidad".
Al mismo tiempo, resaltó que los menores de La Graciosa, hijos de pescadores, se bañaron en el mar, "separados por sexos" y "a la distancia suficiente" con el "beneplácito de los padres" y "para no quebrantar la moral y las buenas costumbres" después de que un médico les diagnosticara sarna.
Representantes de la Falange de la JONS en Haría señalaron que el baño en La Graciosa de los niños en el mar, no escandalizó a las familias porque los menores se bañaran sin ropa, algo habitual en aquella época, sino porque algunas madres creían que "el exceso de limpieza perjudicaba la salud de sus hijos". Los hechos sucedieron durante la Dictadura de Primo de Rivera y "algunos caciques aprovecharon para desvirtuar los hechos y denunciarlos en Teguise". Aquel expediente se resolvió entonces sin ninguna sanción y la actuación fue aprobada por la Inspección Municipal. Sin embargo, el franquismo lo recuperó como señal de la inmoral.
Entre los cargos presentados contra ella, también la acusaron de negarse a izar la bandera franquista y a retirar el retrato del presidente de la República. Sin embargo, la maestra indicó que Tahíche era la aldea más pequeña de Lanzarote y que estaba "mal dotada de material" por lo que nunca existió un retrato del presidente de la República.
En su escrito dirigido a la comisión, Josefa León Pavón negó haber pertenecido a ningún partido político y señaló que durante sus años como maestra siempre cumplió con los preceptos religiosos. Para desmentir las acusaciones, la maestra entregó testimonios del Párroco de Haría, así como de los padres de su alumnado en La Graciosa. Además, resaltó que durante la Segunda República se eliminó la enseñanza religiosa de las escuelas, pero que ella siguió ofreciéndola en la ermita de Tahíche.
El investigador Olegario Negrín en su trabajo sobre Josefa León expone el valor que tuvo "la religión y la moral" en los procesos de depuración del franquismo y señala cómo el caso de Josefa León fue un ejemplo de la represión del régimen a lo largo y ancho del país.
Para contrarrestar las acusaciones Josefa León entregó un certificado del Taller Patriótico de Haría, el Censo Electoral de la Villa de Teguise donde no aparecía en las listas, e informes de buena conducta de la Alcaldía de Haría, de la Jefatura local de la Falange Española de las JONS y del Párroco de Haría.
Sin embargo, desoyendo los informes a su favor, la Comisión Depuradora acordó por unanimidad apartarla definitivamente del magisterio por ser "una maestra funesta" y una ciudadana "peligrosa".
Apoyándose en la Ley de 10 de febrero de 1939, Josefa de León fue separada definitivamente del Magisterio y dada de baja en el escalafón en marzo de 1940. La maestra insistió que los cargos en su contra eran "absolutamente falsos" y que los informes para perjudicarla se debían a "animosidad y rencores personales", así como por "ejercitar venganzas injustificadas".
A lo largo de los años, la veterana maestra mostró que no tenía recursos para alimentar a sus tres hijos, que tenían entre siete y diez años cuando la expedientaron, y que se encontraba en una situación de "penuria y desesperación". En ese tiempo, no pudo conocer quién la acusaba, pero aportó nuevos escritos de fuerzas del régimen, testimonios de familias y antiguos alumnos que avalaban su inocencia.
"Todo el pueblo desea vivamente que vuelva a dar clase", pedía una madre. Solo dos testigos mantuvieron la acusación a lo largo de los años. Uno de ellos fue el propio cura José Fajardo.
Gracias al investigador Olegario Negrín Fajardo por ahondar en el caso de represión contra la maestra Josefa León Pavón y por su colaboración para poder sacar adelante este reportaje.
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