El "infierno" que pasan muchos residentes para encontrar un alquiler asequible en Lanzarote

Tres personas que viven en la isla cuentan sus dificultades para lograr una vivienda, ya que afirman que los precios siguen "disparados": "Aquí he conocido lo que es el hambre", señala uno de los afectados

Riccardo Consoli, uno de los jóvenes con dificultades para encontrar un alquiler
Riccardo Consoli, uno de los jóvenes con dificultades para encontrar un alquiler

Encontrar una vivienda de alquiler en Lanzarote puede llegar a ser "un suplicio". Y es que, si bien hay una mayor oferta que hace unos años, aquellos que están buscando un nuevo hogar afirman que los precios siguen "disparados" y que muchas viviendas ni siquiera reúnen unas condiciones mínimas.

"Que bajen los precios, que esto no es Miami", reclama Riccardo Consoli, un italiano afincado en Lanzarote desde hace algo más de dos años, al que le sorprende que "con la situación económica que hay ahora por la Covid", los propietarios de viviendas pongan alquileres "tan altos".

"Estoy enfadado", añade este joven de 27 años, que relata que desde que llegó a la isla su mayor dificultad ha sido siempre encontrar un alquiler a un precio asequible. De hecho, actualmente vive con su novio y con su suegra, porque su sueldo no le da para pagar una vivienda y comer. 

 

"Aquí he conocido lo que es el hambre"

En concreto, Riccardo llegó a Lanzarote en enero de 2019 "sin conocer la isla" y decidió quedarse. "Yo antes era agente de viajes, tenía una agencia de viajes en Italia y conocía Canarias pero no Lanzarote. Un día vine aquí con dos maletitas y me quedé directamente, porque la naturaleza de la isla me encantó", cuenta.

De hecho, se declara un enamorado de la isla y por ello, y por su condición sexual ya que afirma que en Italia "no se ve muy bien" la homosexualidad, ha "luchado" por seguir aquí. Pero, afirma, que en Lanzarote ha llegado "a conocer lo que es el hambre" para poder pagar el alquiler. 

Y es que, tras su llegada a la isla, asegura que lo único que pudo encontrar fue "un alquiler de un solo mes en Valterra", por el que tuvo que pagar "1.200 euros". "Y estoy hablando de 40 metros cuadrados de casa, en una azotea", apunta este joven, que señala que "por suerte" venía con un dinero ahorrado. 

"Luego encontré una casa con una agencia inmobiliaria, pero el precio más bajo que tenía era de 700 euros. Me incluía agua y luz, pero yo vivía solo", explica Riccardo, que señala que para entrar en la vivienda tuvo que pagar además "tres mensualidades", por lo que se quedó "casi sin nada de ahorros". 

Mientras Riccardo estuvo viviendo en esta casa, que estaba situada en la zona de El Reducto, consiguió un trabajo como freganchín en un restaurante, en el que también estuvo trabajando como pizzero y repartidor. "Pero ganaba 800 euros al mes y pagaba 700 de alquiler", detalla. Así, cuenta que sobrevivía "comiendo un plato de pasta al día, no comiendo mucho" o gracias a que "en el restaurante le dejaban comer una pizza para no gastar dinero". 

"No fue una situación fácil, pero luché porque quería cambiar mi vida", señala este joven italiano. Así, empezó a aprender español, que ahora habla perfectamente, y buscó una nueva casa en la que vivir. Sin embargo, su situación no cambió mucho. Y es que, entonces tuvo que cambiar de trabajo y solo cobraba "unos 700 euros al mes", "pagaba 600 de alquiler" y "no estaba la luz y el agua incluida". "Gastos aparte, y solo tenía una habitación", añade. 

Además, al poco tiempo llegó la Covid y Riccardo fue despedido de la tienda en la que trabajaba. "Esperaron que se me acabara el contrato y me echaron", asegura. 

Así, se vio con serios problemas para hacer frente al alquiler, ya que solo le correspondían "seis meses de paro". Y es que, apunta que en el restaurante que había trabajado previamente le habían "engañado" y que le tuvieron un tiempo "trabajando sin contrato" sin que él lo supiera. "Me tuvieron tres meses en regla y después me dijeron que firmara un papel para cambiarme la jornada. Yo lo firmé porque no sabía español y me fié, y resulta que era una despedida", relata.


Casas donde "alrededor no hay nada" y "sótanos por 700 euros"

Por ello, y tras pedir una ayuda al Gobierno de Canarias que afirma que le acabaron denegando, acabó yéndose a vivir con su pareja y su suegra, "Pero yo llegué a esta isla porque quería tener mi vida, mi casa, mi trabajo..." señala Riccardo, que desde noviembre tiene un nuevo empleo y busca una vivienda a la que poder irse a vivir con su pareja. Sin embargo, afirma que su novio está en ERTE "desde enero" y "aún no ha cobrado", y que su sueldo es solo de "unos 800 euros". 

"A día de hoy yo miro casas y son 700, 800 ó 900 euros. Casas en su mayoría que alrededor no hay nada, que están en el fin del mundo, o sótanos, que vi uno en Puerto del Carmen por 700 euros", apunta.  "Yo no quiero que todo mi sueldo se vaya en el alquiler, porque no es solo el alquiler. Es comer, el coche, la gasolina, el seguro, el teléfono, la luz, el agua..., añade este joven, que cree que los alquileres no deberían estar tan altos en la isla.

"Y si antes dije lo de Miami, es porque me da rabia. Yo antes viajaba por el mundo como touroperador y hablo de apartamentos enormes en plena ciudad de Miami donde pagabas 700 dólares al mes y donde bajabas y estaban todos los servicios alrededor", concluye. 

 

"Es muy difícil encontrar algo para una estabilidad"

Otras personas no han pasado tantas dificultades como Riccardo, pero su relato no difiere mucho en cuanto a los problemas para encontrar un alquiler asequible.  "La verdad que es un calvario. Yo llegué aquí hace un año y ya me he mudado cuatro veces, porque los precios están muy altos y es muy difícil encontrar algo para una estabilidad", afirma una mujer, que ahora busca una nueva vivienda que alquilar para dos personas, ya que su casero "necesita la casa" en la que están. 

"Unos 45 metros cuadrados de casa te pueden costar 700 ó 750 euros, lo que es una auténtica burrada. Y luego, con camas de aquella forma, sofás incómodos, lavadoras pequeñas o sin espacio para almacenaje", critica esta residente en la isla, que asegura que ha llegado a ver pisos donde "no había armarios para la ropa". 

"Y luego está el tema de las inmobiliarias, que te piden tres cuotas de un tirón: el mes de alquiler, el mes de la inmobiliaria y la reserva, la fianza. Si te piden 800 euros por dos habitaciones y soy una persona soltera, que no tengo hijos, no me imagino a las familias, porque si quieres algo más grande, de tres habitaciones, o te vas a una zona que no tiene nada, o mal", añade esta mujer, que vino desde la Península a Lanzarote "por trabajo". 

Asimismo, se queja de la "inflexibilidad" de los propietarios de las viviendas. "Si tú tienes una cama o cualquier cosa, no son flexibles para quitar la que tienen". apunta. 

Así, esta persona afirma que se siente "frustrada", ahora que de nuevo está buscando un nuevo hogar en el que vivir.  "A poco que quieras cambiar, te supone un suplicio. Me imagino que muchos alquileres estarían orientados al alquiler vacacional y que ahora, con la pandemia, no quieren perder ese dinero que antes ganaba siendo algo vacaciones, pero para los que vivimos aquí y queremos seguir trabajando en la isla, es un infierno", indica. 

De hecho, puso un anuncio de "busco casa" el pasado 24 de marzo y afirma que nadie la ha llamado. "Y puse el tope en 600 euros, pero nadie te deja una mensualidad de 600 euros con dos habitaciones. Eso es imposible y si te la dan es que la zona no es muy buena", asegura. 

 

Dos meses buscando vivienda 

En el caso de Carla, otra joven con la que ha podido hablar La Voz, acaba de encontrar una vivienda de alquiler, pero ha sido "gracias a un familiar que vive fuera, tiene una casa aquí y justo se le iba su inquilino". Y es que, tras llevar desde febrero buscando una casa, hasta abril no había conseguido nada. 

"Es demasiado difícil y hay unos precios demasiado caros. Por un estudio te piden 500 euros y yo con mi sueldo no puedo pagar ni 450 ó 500 euros", señala

Además, en su caso también se sumaba el hecho de que tiene una mascota, un conejo, lo cual dificulta la búsqueda. Y es que, son pocos los propietarios que las admiten. "Es una locura, la verdad, pero al menos ya conseguí y por suerte tengo trabajo y puedo pagarlo, así que seguimos adelante", concluye. 

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