35 años del Consorcio de Emergencias

Andrés Pérez y Luis Perdomo, dos de los primeros bomberos de Lanzarote: más de tres décadas salvando vidas

Ambos efectivos fueron dos de los doce bomberos con los que la isla contó con el primer Parque de Bomberos en 1991 y, a las puertas de su jubilación, repasan en una entrevista la evolución de la profesión y lo más positivo que les ha aportado a sus vidas

7 de marzo de 2026 (07:35 WET)
Actualizado el 7 de marzo de 2026 (07:36 WET)
Los bomberos Andrés Pérez y Luis Perdomo
Los bomberos Andrés Pérez y Luis Perdomo

Escucha el artículo ahora…

0:00
0:00

Este año 2026, los bomberos lanzaroteños Andrés Pérez (Haría, 1967) y Luis Perdomo (Tao, 1968) cumplen 35 años de servicio, los mismos años que tiene el primer Parque de Bomberos de la isla. En estas más de tres décadas han salvado y socorrido a miles de personas en accidentes de tráfico, incendios o rescates en montañas. Pérez y Perdomo pertenecen a la primera promoción de efectivos de Lanzarote, en la que solo había doce bomberos, a diferencia de los cincuenta con los que cuenta el Consorcio de Emergencias actualmente.

Andrés Pérez ve con expectación su jubilación, que llegará el próximo mes de septiembre, tras una vida dedicada a ser bombero. A pesar de que muchos trabajadores reciben con ganas un merecido descanso, en su caso no es así. "No estoy deseándolo porque me gusta mucho mi trabajo, estoy con expectativas porque estoy acostumbrado a tener tiempo libre, por lo que en principio no me da miedo el no saber qué hacer con mi tiempo, pero no sé hasta qué punto echaré de menos mi profesión", reflexiona en una entrevista con La Voz.

Pérez nunca se planteó ser bombero, pero al estar en el servicio militar obligatorio vino de vacaciones a Lanzarote y vio que el plazo para presentarse a la oposición de bombero estaba abierto, por lo que decidió presentarse. "Finalmente entré y puedo decir que me tocó la lotería porque llevo 35 años y estoy a gusto todavía", recalca. Y es que a nivel personal, lo mejor que le ha dado la profesión es la gratitud de la gente a la que ha ayudado. "Te ven años más tarde y te reconocen, te dicen que los salvé en un accidente o en un incendio y eso no tiene precio", asegura. Además, el trabajo le ofrece una gran calidad de vida con el horario, lo que le permite pasar mucho tiempo con su familia.

En el caso de Luis Perdomo, se jubilará el próximo año y comenzó siendo bombero con tan solo 22 años porque le apasionaba el deporte y las actividades como la escalada o el buceo. "Yo trabajaba en los camiones y me enteré que iban a incorporar bomberos en Lanzarote y desde que lo vi empecé a estudiar hasta las pruebas", recuerda. Ahora, echa la vista atrás y después de más de tres décadas, la profesión le da dado "gratificación. "Es un privilegio que te guste tu trabajo, es una lotería y he sido muy afortunado", aunque confiesa que "va cansando mucho".

En cuanto a Pérez, comenzó a trabajar como bombero en el año 1991, año de creación del Parque de Bomberos de Lanzarote, con solo 24 años, después de aprobar la oposición un año antes. Hasta ese entonces trabajaba como camarero en el restaurante del Castillo de San José y presentó la instancia estando en el servicio militar obligatorio. Andrés es cabo, es decir, que realiza la función de jefe de guardia, por lo que es quien dirige el servicio en parques más pequeños como los de la isla. Las guardias que se realizan son de turnos de 24 horas y el relevo se realiza a las ocho de la mañana, dando las novedades al cabo entrante que organiza al resto de bomberos.

 

Ser bombero, mucho más que apagar incendios

El trabajo de un bombero es más que sofocar incendios, ya que como dice Andrés Pérez, "antiguamente solo estábamos para apagar fuegos, hoy en día no tiene nada que ver... todo lo que sean rescates en tierra es competencia de los bomberos y nosotros somos los comodines, cuando alguien no sabe a quién acudir lo hace a nosotros". Gracias a la gran cantidad de recursos en cuanto a material y vehículos, los servicios se realizan con éxito. 

La evolución de los bomberos no solo pasa por el material y el temario, sino también por las pruebas de acceso. "Las pruebas de ahora y las de antes no tienen nada que ver, hay que tener en cuenta que cuando entramos nosotros inauguramos el parque y entramos como personal laboral, y la oposición que hicimos debemos reconocer que fue mucho más sencilla a como son ahora", cuenta Pérez. Y es que en la actualidad, las pruebas son muy duras a nivel físico y hay mucha gente que quiere ser bombero, pero el profesional asegura que en su época "nadie quería serlo". De hecho, recuerda que era un trabajo mal pagado y que "ganaba más trabajando de camarero en el Castillo de San José que de bombero".

"Hoy en día hay más medios para entrenar porque hay academias e información, antes no había nada... yo me tuve que ir a Gran Canaria a comprarme los libros para estudiar para la oposición", añade Luis Perdomo. En el caso del entreno, es una parte vital de los efectivos para mantenerse en buena forma física y poder moverse con agilidad y cargar con el peso del equipo, los medios e, incluso, personas. "Es un ambiente muy activo", asegura Perdomo.

Al principio, en los años noventa los turnos de guardias sumaban a la semana unas setenta horas semanales y ganaban 120.000 pesetas, lo que viene siendo unos 721 euros al mes. Ahora, el sueldo es mucho mejor, ya que los bomberos son funcionarios.

Inauguración del Parque de Bomberos de Lanzarote en 1991. Foto: Cedida
Inauguración del Parque de Bomberos de Lanzarote en 1991. Foto: Cedida

 

La evolución de los materiales y recursos de rescate también ha sido uno de los aspectos más notables en esta profesión en la isla. Andrés recuerda cómo el Parque se inauguró solamente con un vehículo todoterreno, una bomba urbana ligera de 2.000 litros de agua y un camión nodriza de 8.000 litros que ya tenía casi veinte años de antigüedad en ese momento. La Policía Local también contaba con una brigada para emergencias más graves en las que se requiera una ayuda extra. "El Parque se creó con el concepto de apagar fuegos y nada más", dice. 

Tanto es así que el primer material de rescate en altura lo compraron los propios efectivos con dinero de su propio bolsillo, una situación que ha cambiado hoy en día porque "ahora compran más de lo que necesitamos". "Me acuerdo que las primeras salidas a incendios las hacíamos con EPIs de plástico, he estado en incendios en los que se me han derretido las costuras ", apunta Perdomo entre risas. Sin embargo, en la actualidad los equipos son mucho más seguros, con cámaras térmicas, control de gases o mangueras más efectivas.

A pesar de que ser bombero es una profesión muy vocacional, Luis Perdomo cree que "cada vez lo es menos porque el trabajo cada vez es más difícil y al ser funcionario llama mucho la atención a la gente". Además, señala que los horarios son muy atractivos para la gente al hacer guardias dos días y librar el resto de la semana, lo que "perjudica a la profesión". "Esto se lo comentas a la gente y no lo entiende porque ellos trabajan cinco o seis días, pero son muchas horas donde hay muchos servicios y es mucha información", prosigue.

 

Intervenciones que marcan

Hay intervenciones que marcan especialmente a los servicios de emergencias. En el caso de Andrés Pérez, el suceso que más le marcó fue un accidente de tráfico en Máguez en el año 1997. "Nos avisaron para limpiar la calzada y nos dijeron que los heridos estaban fuera del vehículo, pero cuando llegamos había sido un accidente muy grave donde había dos niñas implicadas, una de ellas y su padre murieron... la niña tenía la edad de mi hija en ese entonces y ese servicio me costó mucho, sobre todo al día siguiente porque tampoco iba mentalizado con lo que me iba a encontrar", declara con tristeza.

Según apunta Pérez, durante las intervenciones las situaciones más graves no le afecta psicológicamente porque lo vive "como si fuera una película", pero horas después o a los días siguientes es cuando realmente llega esa sensación que le hace no poder pensar en otra cosa. 

Por su parte, Perdomo indica que con los años le ocurre al revés, ya que "parece que en lugar de hacerte más fuerte, te haces más sensible". "Con el tiempo te vuelves más cuidadoso con todo y estas pendiente de que tus hijos no caminen por el borde de la carretera o se dejen el cargador del móvil enchufado... ves que muchos accidentes ocurren por descuidos", explica.

Para estos casos, el Consorcio de Emergencias cuenta con un servicio de atención psicológica para atender a los bomberos en cualquier momento que lo necesiten. Sin embargo, Perdomo cree que todo el equipo de bomberos debería pasar consulta con un psicólogo de forma regular de forma obligatoria.

Primera promoción de bomberos de Lanzarote. Foto: Cedida
Primera promoción de bomberos de Lanzarote. Foto: Cedida

 

Ahora, una vez se jubile, Andrés Pérez dedicará su tiempo libre a una finca que tiene y a pescar, pero no se desvinculará por completo de la profesión. "También quiero colaborar en algo que tenga que ver con la formación para que mi experiencia sirva para algo", apunta. Ahora, el hijo de su mujer está siguiendo sus pasos y está opositando para ser bombero y su nieto de cuatro años "también quiere serlo". El consejo que le da a aquellos que quieran formar parte de esta profesión es "mentalizarse porque es duro entrar, pero vale la pena, por lo que tienen que vivirlo y es un trabajo que es muy gratificante", concluye.

En lo que respecta a Luis Perdomo, asegura que "pensaba que tenía ganas de jubilarme por el cansancio y por el estrés, pero me siento raro... entrenamos todos juntos y en el fondo no me creo la edad que tengo".

 

El incendio del Gran Hotel de Arrecife en 1991

En su historia reciente, Lanzarote ha sufrido grandes incendios que han dejado huella en la memoria de sus habitantes. Es el caso del que ocurrió en el Gran Hotel de Arrecife el 21 de noviembre de 1994. Las llamas, que se originaron en su interior a pesar de que había cerrado años antes, calcinaron por completo el edificio.

Durante esa época, el Parque de Bomberos solo contaba con doce efectivos y un material insuficiente para poder apagar un incendio de tal magnitud. "Solo fuimos dos bomberos al incendio porque eran turnos de tres y uno de ellos se quedaba en la central", recuerda Jaime Guerra, otro de los bomberos de la primera promoción de la isla.

"Otro compañero y yo fuimos los primeros en llegar con un coche con 2.000 litros de agua e intentamos sofocar las llamas, pero caían cristales y la presión del agua solo llegaba al tercer piso", finaliza. 

Incendio del Gran Hotel de Arrecife en una imagen de Memoria Digital. Foto: José Luis Carrasco
Incendio del Gran Hotel de Arrecife en una imagen de Memoria Digital. Foto: José Luis Carrasco
LO MAS LEÍDO