Si hay un negocio que está creciendo a pasos agigantados en Lanzarote es el de las barberías. En una búsqueda rápida en internet hemos encontrado alrededor de setenta barberías en toda la isla sin contar peluquerías, una cifra que refleja la enorme demanda que existe.
Esta fiebre por emprender en las conocidas como barbershops, que contrasta con su descenso hace unos años, viene motivada también por el creciente boom del cuidado masculino. Esto viene también impulsado por las redes sociales que se convierten en un potente difusor de las modas que, en este caso, pasa por los cortes de pelo y de barba.
Una de las pocas barberas que hay en Lanzarote es Fayna Rodríguez, una joven que comenzó hace casi tres años años a interesarse por este mundo. Según explica en una entrevista con La Voz, todo comenzó al hacerse cambios de looks a sí misma en el pelo. "Me empezó a llamar mucho la atención, lo hacía por hobby con mis amigos hasta que me replanteé formarme en serio para poder dedicarme a ello", cuenta.
Tras ello, no sabía muy bien cómo empezar a formarse y para tener una base decidió hacer un curso de formación, aunque asegura que "como realmente se aprende es con la práctica".
Rodríguez empezó a poner en práctica esos conocimientos aprendidos con amigos y algunos familiares, cualquiera que "le prestase el lienzo". "A raíz se la formación y de publicar mis propios cortes en redes sociales, llamé la atención de algunas personas que empezaron a venir", apunta.
Primeros pasos en un "cuartito" en casa
Los comienzos de esta barbera tuvieron lugar en su propia casa. "Me hice un cuartito en mi casa con un grupo íntimo de amigos y mi familia", recuerda. Hace tres meses, Rodríguez comenzó a trabajar de forma profesional en una barbería de Arrecife donde paga mensualmente el alquiler de su propio sillón, algo que le permite trabajar de lo que le gusta. "Lo que hagas y todo tu trabajo es todo para ti", señala.
En lo que respecta al volumen de trabajo, resalta que "la clientela y la barbería en general es activa porque pasa mucha gente y siempre hay personas para cortarse". A pesar de arriesgarse al empezar en esta nueva etapa con un grupo de clientes muy reducido al principio, cada vez acuden más personas para cortarse el pelo con ella.
Un trabajo que va más allá del corte
La barbera hace hincapié en que no solo se trata de dar un buen servicio en lo que respecta al corte de pelo, que también, sino en tener una buena conexión y comunicación con el cliente. "El corte tiene su importancia, pero el trato con esa persona, la confianza y hacer que se sienta a gusto va a hacer que vuelva, o no, es algo determinante", afirma.
Por otro lado, la moda ha tenido una influencia muy importante en este auge de las barberías. "Todo al final es por moda y siento que cada vez la gente quiere verse más arreglada y mejor, ese autocuidado, y cada vez suelen ir a las barberías con más frecuencia, sobre todo los hombres", dice.
El trabajo de un barbero no solo pasa por acatar las instrucciones del cliente a la hora de pedir el corte que quiere, sino también en aconsejar. Por ello, estos profesionales utilizan la técnica del visagismo, una técnica estética que analiza la forma del rostro para realzar la belleza natural y equilibrar los rasgos mediante cortes de pelo, peinados, maquillaje o diseño de cejas y barba. "Al final es arte, depende de cómo esté mi estado de ánimo y la motivación que tenga ese día, siento que el lienzo lo voy a pintar de distinta forma", resalta.
"Arreglarte y cambiar al fin y al cabo creo que tiene un impacto brutal en la persona, forma parte de la búsqueda de tu identidad y siento que ayudar a una persona a que se encuentre bien y que salga con una sonrisa es lo mejor que puedes regalarle", explica. "Que un cliente repita y que cada vez nos conozcamos más hace que yo entienda tus gustos, tu imagen y lo que quieras o no mostrar, al final doy con la clave y hace que se sienta más cómodo", continúa.

En cuanto a la frecuencia con la que acuden los hombres a cortarse el pelo, apunta que depende del cliente pero la media se sitúa aproximadamente cada dos semanas. "Hay gente que le da más importancia y otras que no se la dan tanto", especifica.
La alta demanda de este tipo de negocios ha hecho que se convierta, sin duda, en un negocio rentable. "Al final sabes que va a haber trabajo de ello", apunta la barbera.
Ser una barbera en un trabajo dominado por los hombres
Fayna Rodríguez es una de las pocas barberas de Lanzarote. Sin embargo, bajo su experiencia, el trato no ha sido diferente al de sus compañeros. "Ha sido positivo porque a la gente generalmente le atrae lo diferente y cuando están acostumbrados al prototipo de barbero hombre pues les llama la atención que sea una chica quien les atienda", comenta.
Respecto a ello, también señala que depende de la confianza que le dé al cliente o cómo se sienta. "Realmente uno no sabe por qué esa persona acude a ti o a la barbería... unos van a relajarse, para otros es su vía de escape u otros simplemente no le da importancia y otros demasiado, al final tienes que entender un poco mediante la comunicación con esa persona cuál es su objetivo y con qué se sienten más cómodos porque hay gente que si les hablas no lo disfruta y otros en cambio sí", concluye.
Rodríguez sueña en un futuro con poder abrir su propia barbería, aunque todo ello después de ganar más experiencia y soltura, además de acumular una gran clientela.















