Poder y liderazgo

Lucía Olga Tejera
5 de marzo de 2021 (13:41 CET)

La Organización de Naciones Unidas ha dedicado este 8 de marzo de 2021 a un objetivo concreto: abrir las puertas al liderazgo femenino, para obtener un objetivo colectivo, que es el futuro igualitario en el mundo del Covid-19.

En teoría, como el cincuenta por ciento de la población, a las mujeres nos pertenece la mitad de todo, la mitad del oxígeno que respiramos, la mitad del alimento que produce la tierra y la mitad del agua. Y en lo que concierne a la organización social, la mitad de las obligaciones y la mitad de las responsabilidades. En teoría.

Por desgracia, el porcentaje de pobreza, de atención educativa, sanitaria y formativa, de tiempo de ocio, de calidad de vida, de ejercicio de derechos, disminuye cuando hablamos en femenino. Y aunque es cierto que en el cómputo global las sociedades occidentales aproximan sus cifras desglosadas por género, una gran parte del mundo mantiene a las niñas y a las mujeres en situación de semiesclavitud.

Son muchos siglos, ¡todos los que recordamos! de liderazgo masculino, una manera de ejercer la toma de decisiones siempre injusta, siempre desequilibrada, cargada de ventajas y privilegios para el cincuenta por ciento de la población, para ellos.

Por eso, la ONU apunta a la necesidad de que las mujeres se sitúen al mando: para hacer lo que ellos no hicieron, gestionar con justicia, equilibrio, sin privilegiar, sin discriminar. Porque nos toca intentarlo, porque hemos sufrido un mal trato generalizado, porque, sin duda, sabremos hacerlo mejor. O al menos, distinto.

Si nos paramos en el término, se entiende bien nuestra propuesta para un futuro igualitario. Nuestro poder se refugia en un verbo, es la capacidad para alcanzar los objetivos. El poder masculino es sustantivo y define el ejercicio de la autoridad.

Quizá la suma del cincuenta por ciento de su poder y el cincuenta por ciento del nuestro se convierta en la ecuación perfecta, la que nos traiga un desarrollo no invasivo ni destructivo del planeta, la que otorgue derechos y deberes iguales a todos y a todas, respetando las diferencias, la variedad de culturas y de sueños, el tejido de convivencia en paz que es máxima aspiración colectiva. ¡Tenemos que intentarlo!

 

Lucía Olga Tejera, diputada del Grupo Parlamentario Socialista

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