Caca de luxe

27 de febrero de 2026 (10:32 WET)

La actividad económica de la ciudad de Arrecife y por consiguiente de la isla de Lanzarote allá por los años cincuenta, cuando las mejoras en el puerto de Naos, el desarrollo de artes de pesca más modernas y el cambio tecnológico que el sector implantó en sus dotaciones, así como la producción de hielo a gran escala, la gran flota artesanal presente, la creación de pequeñas fábricas que procesaban sardina enlatada, harinas de pescado y manufacturación de otros pelágicos, generó en la ciudad un hervidero financiero importante. La actividad industrial febril que la ciudad, un pequeño puerto y sus barrios, quedaban especialmente odorizados de manera desagradable por el aroma nauseabundo de pescado guisado a todas horas, día tras día. No obstante, el mal olor género con su actividad industrial una importante economía.

En la actualidad, la economía que en en aquellos años aportaron un plus de cierto bienestar a sus ciudadanos, les llevó a conservar un crecimiento sostenible derivando en una vorágine de desarrollo insostenible más adelante en el transcurso del tiempo, partiendo del hecho admirable, de que quienes nos dimos ciertas normas para el control del desarrollo y abogamos por mantener una isla lejos de las garras de depredadores del territorio, tristemente vimos cómo el capitalismo global modificó, si, no un lugar paradisíaco, si un lugar tranquilo y respetuoso con el medio ambiente, que nos confirió el control de nuestra tierra. 

Es entonces cuando un nuevo aroma pestilente nos impregna ya no solo a Arrecife, sino a toda la isla, Lanzarote huele a caca, a “mierda”. Es la nueva economía y sus efectos colaterales.

Un ciudadano medio, de unos 75 kgs de peso, una altura de 1,65 y una edad de 40 años que efectúe tres comidas al día, genera una media de residuos de unos 150 gramos de heces, caca o mierda. Esto quiere decir que este prototipo de individuo es un generador de caca que se corresponde con un 0,1 a 0,3 % de su peso corporal algo más de 170 gramos. Aplicando unas medias más ponderadas a una población en general , podríamos establecer una producción de 5k al mes o 60 kgs al año por persona.

Así de esta manera, vamos avanzando en una actividad económica que continúa aportando un crecimiento exponencial muy importante.

El desarrollo económico basado en la actividad propia de un turismo intensivo y un turismo masivo, redundará en la aparición de efectos negativos visibles.

Es aquí cuando la ecuación final aporta un resultado descorazonador. El crecimiento incontrolado ha comenzado a pagar un alto peaje con la ampliación desmesurada propia de políticas simplistas, tales como la consecución de objetivos y cifras cada vez más altas en un territorio tan frágil como Canarias. El efecto llamada hacia países exportadores de mano de obra sin cualificación, consumidores voraces de servicios públicos como sanidad, educación, transporte, vivienda y sus inmediatas repercusiones en densidad de vehículos, alimentación, inseguridad, demanda de electricidad, de agua y como no grandes generadores de “caca o mierda”.

Es así que ya tenemos dos factores nuevos en el problema, el volumen de caca de los que entran como turistas y el volumen directamente proporcional de la masa laboral que accede a la isla para prestarles los servicios correspondientes en sus diferentes actividades laborales, limpiadoras, jardineros, etc.

Los residuos generados, son tratados en estaciones depuradoras de residuos, EDAR, los lodos secos resultantes de los procesos de las digestiones anaeróbicas arrojan cifras impactantes que vamos a analizar en ciertos supuestos o supuestos ciertos. 

En el año 2025 llegaron a Canarias 18,6 millones de turistas, un exitoso 3% más que en el año anterior, la población residente a principios de 2026 es de 2,27 millones de individuos, es decir unos 20,87 millones de productores de caca a quienes aplicamos las cifras del estudio obteniendo 104,35 millones de kilogramos de residuos que deben ser valorizados en los complejos medioambientales.

En definitiva el recorrido desde la generación hasta su tratamiento como residuo va dejando en el camino importantes economías en el sector turístico, ( una pena porque este valor es vampirizado por el capitalismo global y aqui deja poco de esos monumentales ingresos), sin obviar las tarifas que pagas en las tasas de alcantarillado de cada municipio en su cuota fija por el servicio de saneamiento, siendo el cargo por saneamiento por cada m3 de agua consumida bimestralmente, aplicándose una cuota fija de 2 a 12 euros según el calibre del contador y un cargo por saneamiento de 0,52 euros por cada m3 de agua consumido.

El mal olor es por tanto la característica olfativa resultante de la economía, antaño el pestazo a pescado guisado y en la actualidad el hediondo olor a mierda por el colapso que tantos “cagones” generan en las islas.

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