Ousmane, de 26 años, y Bai, de 27 años, nacieron en Gambia, el país más pequeño de África continental. Ambos crecieron en pueblos de la División del Río Inferior, situada al sur de uno de los ríos más largos de todo el continente, el río Gambia. Antes de nacer su destino ya estaba marcado. Gambia es uno de los países más pobres del mundo, también el país africano con la mayor tasa per cápita de migración irregular hacia Europa.
El empobrecimiento de su población, sobre todo en las zonas rurales, ha convertido a la emigración en uno de los motores económicos del país africano por las remesas que sus compatriotas emigrados envían a sus familias y seres queridos que permanecen en el territorio. Ante esta realidad, la posibilidad de migrar es la única alternativa de futuro percibida por sus jóvenes.
"Fue una travesía muy dura, estuvimos cuatro días sin comer, con dolor en el cuerpo y bebiendo agua salada", relata Ousmane en wolof, su lengua materna, durante una conversación con La Voz. Los dos jóvenes partieron desde Gambia hasta Guinea a mediados de septiembre y desde ahí se embarcaron juntos en un cayuco hasta llegar a Canarias. La ruta de Ousmane, que soñaba con llegar a Barcelona, ya ha continuado hasta Madrid, pero Bai aún espera su turno en un campamento para migrantes en Tenerife.
La gambiana es la segunda nacionalidad más frecuente entre los supervivientes que atraviesan la ruta migratoria hacia Canarias, solo por detrás de los senegaleses, según los datos de Frontex recogidos por la Agencia de la ONU para los refugiados, con cifras hasta el 31 de agosto. Detrás de senegaleses y gambianos, se suman los marroquíes y malienses.
La mayor parte de las migraciones desde Gambia se dan desde las zonas más rurales del país, donde las oportunidades de empleo para los jóvenes son muy escasas. Es el caso de Ousmane, que era carpintero en Gambia, pero no ganaba lo suficiente para poder vivir y ayudar a sus 20 hermanos. Su padre se casó dos veces, ya que la poliginia es una práctica habitual en el país, y el dinero no alcanzaba para toda la familia. Mientras que Bai soñaba con estudiar en la universidad, pero a los diecinueve años tuvo que dejar de formarse empujado por la necesidad de buscar un sustento para su familia. Pese a que era comerciante en su país y tenía una granja de animales, el dinero tampoco le alcanzaba.
Ambos llegaron a Canarias el pasado 23 de septiembre. Un mes después de su llegada, Bai aún muestra restos de heridas en las piernas y las marcas que el mar dejó en su piel. Nueve días en el Océano Atlántico le pasaron factura y le empujaron a ir al hospital al bajar de la embarcación.
Una vez en la isla más meridional del archipiélago, los dos fueron trasladados al dispositivo de acogida de Emergencia de Las Raíces, en Tenerife, donde convivieron con otros jóvenes migrantes rescatados en las costas de Lanzarote y La Graciosa. Justo en la misma semana en la que se redactaba esta entrevista, Salvamento Marítimo rescató en El Hierro un cayuco procedente de Gambia con, al menos, cuatro personas fallecidas, entre ellas, un bebé.
Los backways y el peligro de la ruta canaria
La ruta migratoria hacia Canarias es una de las más mortíferas del mundo, pero el peligro no solo está en el mar. Las personas subsaharianas que tratan de alcanzar las fronteras europeas también se enfrentan a morir en el desierto del Sáhara o a ser secuestradas y obligadas a realizar trabajos forzosos en Libia, ejemplifica la investigación Why do people migrate irregularly? Evidence from a lab-in-the-field experiment in West Africa, elaborada por el Departamento de Género del Grupo del Banco Mundial y la Universidad de Lisboa.
A Bai el peligro de la travesía no le pilló por sorpresa, en su país estos viajes hasta Europa incluso tienen su propio término, se les conoce como "backway", en referencia a la puerta de atrás como vía de entrada al continente. Mientras estudiaba en Gambia, no imaginó que acabaría embarcándose en un cayuco de madera hacia España.
Bai explica que, como muchos otros compañeros, conocía el riesgo de morir en el mar, pero la situación económica en su país y la falta de oportunidades le empujó a asumir esa posibilidad. El investigador gambiano Tijan L. Bah y la investigadora Catia Batista alertan en el citado informe que pese a que la población gambiana "sobreestima" el riesgo de muerte en las rutas irregulares hacia Europa, la intención de embarcarse no disminuye. De hecho, los casos de compatriotas que tuvieron éxito en su viaje aumenta aún más su predisposición a migrar.
Para embarcarse hasta Canarias, Bai y Ousmane debían pagar 785 euros por persona, aproximadamente 65.000 dalasis, la moneda local gambiana, una suma que no tuvieron que desembolsar por completo. El pago se lo hicieron a un contacto que les aseguró que tenía un barco que iba a llevarlos a Europa.
"Hemos renunciado a pedir asilo", relata Ousmane, que narra que los motivos que lo llevaron a abandonar su hogar fueron económicos. Tanto Bai como él renunciaron formalmente hace unos días a solicitar la protección internacional en España, un mecanismo legal que permite a las personas migrantes solicitar refugio si huyen de países en conflicto, son víctimas de violencia o discriminación, de explotación sexual o tortura o han sido reclutados a la fuerza.
Pese a no cumplir los requisitos para ser acogidos como refugiados, ambos son migrantes económicos y su objetivo es lograr un empleo en España donde "progresar" y poder vivir tranquilos. "Soy un chico de pueblo que cree en el trabajo duro y la responsabilidad", concluye Bai.
Añadir La Voz de Lanzarote como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.