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Las tuneras de Lanzarote agonizan: la cochinilla mexicana mata al 95% de las hectáreas de Guatiza y Mala

Esta plaga, que llegó a la isla en 2019, ha arrasado casi por completo las doscientas hectáreas de esta comarca debido a su gran resistencia y a la falta de insecticidas

Diferencia entre tuneras en buen estado y otras desaparecidas en Guatiza. Foto: Juan Mateos
Diferencia entre tuneras en buen estado y otras desaparecidas en Guatiza. Foto: Juan Mateos

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Desde que la tunera llegó a Lanzarote aproximadamente en el año 1835, este cactus se convirtió rápidamente en uno de los motores económicos de la isla gracias al tinte natural que se extrae de la cochinilla, un insecto que se alimenta de esta especie pero que no la daña. Sin embargo, la llegada de la plaga de la cochinilla mexicana (Dactylopius opuntiae) en 2019 a Canarias ha causado estragos en las tuneras de Mala y Guatiza, donde el paisaje no se concibe sin este cactus tan característico.

Tal está siendo la afección de esta plaga que actualmente ha desaparecido el 95% de las fincas de tuneras de esta zona de Lanzarote. Según explica Juan Cazorla, biólogo y miembro de la Asociación Cultural, Social, Patrimonial y Agrícola Milana, "desde hace años el cultivo de la tunera ya venía muy abandonado y apareció esta cochinilla mala que lo que hace es absorber todos los nutrientes de la tunera pudiendo trasladar algunas bacterias, lo que termina pudriendo la planta".

Fue sobre los años 2019 y 2020 cuando la cochinilla mexicana llegó a esta comarca de Lanzarote y se vieron los primeros insectos. La llegada de la pandemia y el abandono previo de los campos motivó que esa plaga se extendiera sin control por Guatiza y Mala, así como a otras zonas de la isla.

Desde la Asociación Milana están observando el comportamiento de algunas tuneras que intentan resistirse a esta plaga "para ver si de ellas podemos sacar alguna variedad más resistente". De hecho, la tunera india (Opuntia ficus-indica) cuyos frutos son muy codiciados para mermeladas, licores o como fruta fresca, sí que es resistente a la cochinilla mexicana. "Hemos observado que si pones la cochinilla al lado no la infecta, quizás porque sus pencas son más duras o tiene menos nutrientes que beneficien a la cochinilla", apunta el biólogo.

Así, en la búsqueda de otras variedades de tuneras se está teniendo en cuenta las diferentes condiciones como el suelo, la localización o la estructura de la hoja para intentar reproducir esa tunera. Sin embargo, los campos de tuneras de Mala y Guatiza están agonizando debido a la presencia de esta plaga que ha llevado a la casi desaparición de este cactus en el norte de la isla. 

 

Solo sobrevive un 5% de campos de tuneras

Según Cazorla, solo queda un 5% de los campos de tuneras que existían en Mala y Guatiza. "Hay algunos compañeros que sí están intentando mantener algunas tuneras y están prácticamente todas las semanas encima de ellas con distintos tratamientos para controlar la cochinilla, pero de las 200 hectáreas que teníamos, ahora no se llega ni a una hectárea porque lo hemos perdido prácticamente todo", revela. Y es que casi la totalidad de estas hectáreas se dedicaban a la producción de la cochinilla tradicional.

Respecto a los tratamientos con los que se intenta luchar contra esta plaga se encuentran tierra de diatomeas (polvo natural formado por restos fosilizados de microalgas), ceniza, azufre o jabón potásico que lo que hace es "eliminar algunas de las cochinillas". A pesar de ello, ninguno de los tratamientos es efectivo al cien por cien contra la cochinilla mexicana, ya que a diferencia de la cochinilla buena, tiene mucho pelo que la recubre, lo que repele el agua y no permite que penetre en el insecto. 

"Lo que siempre recomiendo es que hay que estar encima, por lo menos una vez a la semana, ya sea con agua a presión o limpiando las pencas con un cepillo donde vayan apareciendo", indica Juan Cazorla, quien resalta que actualmente habría que tener a las tuneras "más cuidadas porque antes las teníamos ahí e iban creciendo como querían, pero ahora hay que tenerlas bien podadas y limpias". 

Además, esta limpieza no solo se debe tener en sus pencas, sino también en el suelo, ya que la cochinilla mexicana se refugia en los restos de las tuneras "que puede durar meses y meses".

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Una de las tuneras muertas por la cochinilla mexicana. Foto: Juan Mateos

 

Recuperar el paisaje

Debido a que las tuneras están en fincas privadas, "habría que hacer una actuación con un objetivo de recuperar el paisaje", señala el experto, quien indica que "la solución por parte del Cabildo de Lanzarote y de los ayuntamientos tendría que ser con el compromiso de que después se siguiera manteniendo ese paisaje porque no podemos estar con cuadrillas todos los meses durante años porque conlleva un dinero público".

Además, Cazorla hace hincapié en que es imposible asegurar un buen futuro de la llamada comúnmente cochinilla buena, la que se utiliza como tinte natural. "No podemos garantizar que la cochinilla se vaya a vender bien ni tampoco el fruto. Es un poco complicado porque sería cada uno por su cuenta intentar hacer un remedio", dice.

Esta situación crítica está haciendo que otros cultivos más rentables o sin plagas estén desplazando a la tunera, como por ejemplo la parra o el aloe vera. "Se podría ir haciendo un cambio a la tunera india para obtener también los frutos, pero desgraciadamente el paisaje de Mala y Guatiza está prácticamente todo perdido", lamenta el experto.

De cara al futuro y a una posible recuperación de este paisaje tan característico de esta zona, Cazorla apunta que "habría que dejar años sin cultivar la tunera para que la cochinilla desaparezca también y luego ver cómo recuperamos la cochinilla tradicional".

Por su parte, en la Granja Agrícola Experimental del Cabildo de Lanzarote se están realizando pruebas con distintas variedades de tuneras para comprobar cómo se comporta la cochinilla en cada una de ellas. "Están cultivadas en la granja y están probando distintos tipos de tratamientos", explica. 

 

Unos 40.000 kilos de cochinilla seca almacenada

La desaparición de las tuneras está poniendo en serio peligro la producción de la cochinilla tradicional. Sin embargo, actualmente existe una gran cantidad de este producto almacenado que "no se ha vendido tanto". 

"La cochinilla seca acumulada que tenemos en la comarca de Mala y Guatiza se estima entre 30.000 y 40.000 kilos, pero no se ha vendido a las grandes industrias debido al alto precio que tenemos aquí, aunque sí se está vendiendo a un comprador de Gran Canaria en pequeñas cantidades", declara.

Debido a ello, cada vez va quedando menos cochinilla almacenada, pero para talleres y actividades artesanales sí que queda "bastante". Además, hay que recordar que es un tinte muy concentrado que, con muy poca cantidad, cunde mucho. A pequeña escala, explica el biólogo, "daría para años".

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Tuneras infectadas con cochinilla mexicana en Guatiza. Foto: Juan Mateos

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