El tubo volcánico de La Corona–La Atlántida forma parte desde este viernes, 6 de noviembre, de The Third 100 IUGS Geological Heritage Sites, la tercera selección de los 100 lugares de patrimonio geológico de relevancia mundial de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS por sus siglas en inglés). El reconocimiento, presentado en Monchique (Portugal), distingue el valor científico excepcional de este sistema, de unos diez kilómetros de desarrollo, que incluye la Cueva de los Verdes, los Jameos del Agua y el Túnel de la Atlántida. La propuesta fue presentada por Javier Lario Gómez, catedrático de Geodinámica Externa de la UNED, y reúne más de un siglo de estudios y los nuevos resultados de las investigaciones que ha desarrollado y coordinado durante la última década, especialmente sobre su tramo submarino.
La singularidad del conjunto va más allá de sus dimensiones. En su interior se conservan sedimentos y depósitos minerales que permiten seguir la transformación de un conducto volcánico formado en tierra firme y posteriormente inundado por el océano. "El Túnel de la Atlántida conserva un archivo geológico que nos permite reconstruir cómo ha cambiado este entorno y cómo ha ascendido el nivel del mar durante los últimos 26.000 años", explica Lario, también miembro del Comité Científico Asesor del Geoparque Mundial de la UNESCO de Lanzarote y Archipiélago Chinijo, donde se encuentra el enclave.
Un túnel submarino que se formó en tierra firme
El sistema se originó durante la erupción del volcán de La Corona, hace aproximadamente entre 26.000 y 21.000 años. Su continuación bajo el océano forma el Túnel de la Atlántida, que, con cerca de dos kilómetros de recorrido y una profundidad de hasta 64 metros, constituye el tubo lávico submarino más largo conocido del mundo.
Aunque hoy está sumergido, este tramo se formó en tierra firme. Durante las fases finales del Último Máximo Glacial, el nivel del océano se encontraba aproximadamente 120 metros por debajo del actual. La zona que ahora ocupa el túnel submarino estaba entonces emergida y el conducto volcánico se desarrolló al aire libre. El posterior ascenso del mar fue inundando progresivamente sus sectores inferiores hasta dar lugar a su configuración actual.
Las huellas de esa transformación permanecen en los sedimentos y depósitos minerales del interior de la cavidad. Entre ellos se encuentran carbonatos y sulfatos que registran distintas etapas de su evolución. Su análisis permite relacionar la historia del tubo con los cambios del entorno y la subida del nivel del mar.
Para reconstruir esa secuencia, las investigaciones han combinado estudios de las formas del terreno, los sedimentos, las rocas y los minerales con análisis geoquímicos y dataciones mediante uranio/torio y radiocarbono. El resultado es un registro que abarca desde el final del Pleistoceno hasta el Holoceno, la época geológica actual.
Explorar para reconstruir su historia
Una parte esencial de estos avances procede de las campañas de exploración y muestreo subacuático. Las investigaciones recientes sobre el sistema se han desarrollado en el marco de proyectos de I+D financiados en convocatorias estatales, con fondos propios de investigación de la UNED y en colaboración con el Geoparque Mundial UNESCO de Lanzarote y Archipiélago Chinijo, además de la participación de investigadores de otras instituciones. Una parte esencial de estos avances procede de las campañas de exploración y muestreo subacuático en el Túnel de la Atlántida. "Durante esta última década hemos avanzado desde el conocimiento de las dimensiones y las formas del túnel hacia una reconstrucción mucho más detallada de su historia geológica y ambiental", señala Lario.
Uno de los hitos del ProyectoSublántida fue el regreso de su equipo de espeleobuceo a la pared terminal del túnel, situada a 64 metros de profundidad, por primera vez en más de tres décadas. La campaña permitió obtener muestras geológicas de ese sector para estudiar su evolución y ampliar el conocimiento de uno de los espacios menos accesibles del sistema.
Los resultados se han recogido en una monografía dedicada a las características geomorfológicas y sedimentológicas del Túnel de la Atlántida y en una reciente publicación científica que integra las investigaciones sobre los cambios ambientales y del nivel del mar registrados en su interior. La divulgación de estos trabajos también ha dado lugar al documental Acuanautas bajo el volcán, dirigido por Javier Lario y producido por la UNED, que ha obtenido varios galardones en festivales internacionales. Con motivo del reconocimiento, TVE lo reemitirá dentro del espacio Universo UNED el viernes 6 de noviembre a las 10:00 h y el domingo 8 a las 07:00 h.
Una referencia para estudiar la Tierra y otros planetas
El interés de La Corona–La Atlántida se extiende también a la geología planetaria. Los tubos de lava terrestres se utilizan como análogos para estudiar posibles cavidades volcánicas en la Luna y Marte, lo cual ha propiciado que Lanzarote haya acogido actividades de investigación y entrenamiento vinculadas a la ESA y la NASA.
La inundación del sistema ha generado, además, un singular ambiente anquialino, con aguas subterráneas conectadas con el mar que albergan una fauna muy especializada. La candidatura recoge más de 37 especies endémicas, entre ellas el conocido jameíto (Munidopsis polymorpha). Este patrimonio biológico complementa el valor geológico y geomorfológico que fundamenta el reconocimiento.
La selección de la IUGS distingue lugares de valor científico excepcional por su contribución al conocimiento de la Tierra. En La Corona–La Atlántida, ese valor reúne la escala del sistema volcánico, la singularidad de su tramo submarino y la conservación de un archivo que documenta miles de años de cambios ambientales. "Esta inclusión reconoce una larga trayectoria de investigación y refuerza la importancia de seguir estudiando, conservando y divulgando este sistema volcánico excepcional", concluye Lario.
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