Llevar la cuenta al número de parejas sexuales que tiene una mujer (conocido como body count) para determinar su valía o resaltar las características físicas y sociales que debe tener para ser considerada "de alto valor" es una tendencia machista y misógina promovida por grupos de hombres adultos en Instagram o TikTok. ¿La idea? Apoyar la vuelta al ideal de mujer sumisa, trabajadora doméstica y dependiente económicamente de su marido. Mientras que el hombre "de alto valor" está ligado a conceptos como éxito y poder.
Las redes sociales se han convertido en un arma de doble filo, un espacio donde compartir y conectar, pero también un lugar hostil en el que propagar el odio o la desinformación. Esta realidad se combina con otra más peligrosa: más de la mitad de los menores ya usan internet de forma habitual desde los once años y un tercio desde antes de los diez, según los datos de Save the Children, y su acceso ilimitado puede cambiar su manera de ver el mundo, su forma de relacionarse e incluso de autopercibirse.
"Si desde la sociedad y desde las familias no les damos referentes de comportamiento, se los están dando en las redes sociales", avanza Cristina Gil, educadora social y psicóloga sanitaria. Los mensajes ultras están llegando a los menores de edad a través de las redes sociales en una etapa de la vida en la que su identidad aún está en construcción.
La psicóloga Cristina Gil realiza en Canarias diferentes charlas dedicadas a los menores para combatir los mensajes tóxicos y machistas que se promueven en redes sociales. También es responsable junto a la grancanaria Asiria Álvarez de la guía canaria para un uso saludable de las redes sociales, Sin filtros.
El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, anunció hace un mes que aumentaría la edad de acceso a las redes sociales para menores, pasando de catorce a dieciséis años, y que exigirá a las plataformas digitales responsabilizarse de su contenido. Hace tan solo unos días, Meta y YouTube fueron condenadas a pagar seis millones de dólares por su algoritmo adictivo, sobre todo, para las personas más jóvenes.
Un referente al otro lado de la pantalla
Con la llegada de las redes sociales, los creadores y creadoras de contenido, influenciadores y tiktokeros se han convertido en referentes para los menores y también en un nuevo modo de transmitir mensajes, valores y cánones de belleza.
"La adolescencia es una época en la que estás perdido buscando referentes y es muy fácil que alguien se haga viral y que triunfe si el discurso que da les cala", advierte. En estos círculos que promueven la misoginia, a ellas, les venden unos estándares de belleza y comportamiento, mientras que a ellos, les exigen convertirse en líderes, captándoles a través de grupos de pensamiento donde pagan para ser guiados por un mentor. "Si tú eres pobre y no tienes un yate, es que tu mentalidad te limita", ejemplifica Cristina Gil.
A pesar de que las adolescentes se dan cuenta de que el perfil físico de las creadoras de contenido suele ser similar, no significa que el patrón no les afecte a su propia autopercepción. "Cuando estás en la adolescencia, donde la identidad y autoconcepto se conforman, lo que te hace verte luego a ti en el espejo es que no te guste tu cara, tu cuerpo", advierte la psicóloga Cristina Gil.

La experta en Psicología señala que la exposición constante ante físicos "perfectos", donde no se muestran granos ni rojeces, sino pieles "hipermaquilladas" y "completamente irreales" moldea la forma en la que las jóvenes se perciben a sí mismas. "Si todo el contenido que ves es una cara con unas características determinadas o un cuerpo determinado, no hay variedad, te hace pensar que esa es la norma", añade. Sin embargo, esta presión estética, que es mayor hacia las mujeres, también existe contra los varones, empujándoles a perseguir un cuerpo más musculado y atlético. "Cada vez nos hemos acercado a mal entre chicos y chicas", puntualiza.
Las redes sociales han marcado diferentes etapas en cuanto al modo de compartir contenido. En la actualidad, los perfiles más jóvenes de la generación Z (aquellos nacidos entre 1997 y 2012), suelen optar por no compartir fotografías y vídeos. "Hay una parte que es no exponerme para que no me vean, no me juzguen y no opinen", explica la experta.
En las encuestas que pasa en los centros educativos del archipiélago expone que un 82% de las jóvenes confesaba que no planteaba subir una fotografía a redes que no tuviera un filtro o que no tuviera retoques. Mientras que ese porcentaje en los jóvenes es menor, porque la presión se dirige más hacia el cuerpo y los filtros suelen ir encaminados a modificar el rostro. "Si yo todos los días me veo una foto mía con filtro, cuando me miro al espejo no me reconozco y no me gusto", añade.
La mujer de alto valor y el "body count"
El mensaje del físico ideal, puede alentar los trastornos de la conducta alimentaria, pero también condiciona el pensamiento de los menores más allá del físico. Las redes se han convertido en un campo sin vallas ni puertas para los mensajes ultras. Entre estos mensajes, promovidos por hombres adultos, pero que van dirigidos a chicos jóvenes se incentiva a contabilizar las parejas sexuales de sus compañeras (body count). "Básicamente les imparten que tienen que vigilar a tus compañeras porque si una chica tiene un body count mayor de no sé cuánto, obviamente no vale para nada", explica la experta.
Los riesgos de las redes van más allá de la pornografía explícita que pueden encontrar en internet pasando unos filtros paupérrimos, sino que se basa en un contenido que busca moldear las relaciones y la forma de percibir a las mujeres. "Hay mucho contenido de tipo afectivo que es totalmente dañino y que tiene que ver con cómo se relacionen sexualmente en el futuro", continúa.
A los grupos de Telegram donde se comparten contenido sexual de menores, como denunció el Instituto Nacional de Ciber Seguridad (INCIBE), también se suman las etiquetas de "mujer y hombre de alto valor". Es decir, las características físicas que debe tener una persona, en función de su género, para tener mayor valor.
El fenómeno viral 'tradwife'
Bajo este concepto, se esconden fenómenos como la tendencia viral de la esposa tradicional (tradwife en inglés), donde las mujeres vuelven a roles de género superados, como la vida centrada en el hogar y en el cuidado del marido. Como si fuera un capítulo de la cada vez menos distópica serie británica de Black Mirror, Gil expone que "hay como un repunte de mujeres que simulan en redes ser amas de casa, que cuidan, que limpian, que cocinan al marido cuando llega de trabajar". Mientras tanto, el rol ficticio del marido es de proveedor, "el que sale a trabajar y a ganar dinero".
La psicóloga expone que lo paradójico de este tipo de tendencias es que, aunque este tipo de perfiles vende la imagen de una mujer ama de casa, centrada en satisfacer las necesidades de su pareja, realmente son contenidos guionizados, con un equipo detrás. "Esas mujeres no están ahí cocinando el pan desde las 5 de la mañana, tienen un equipo de grabación, cocineros, limpieza. No es real. Pero a nivel visual lo venden como si fuera", muestra.
Detrás de estas tendencias, Gil advierte de que el objetivo es "moldear el pensamiento" hacia marcos antiguos, donde se relaciona el valor de la mujer con todos esos roles. "Las mujeres de alto valor se quedan en casa, son recatadas y no molestan", añade. Estas tendencias suelen ser más aplaudidas por hombres.
El temor de ser un "beta" o un "simp"
Frente al fenómeno de la esposa tradicional, se promueven en redes el concepto de hombres "de alto valor" tienen que ser exitosos, musculados y ganar dinero. Para dirigirse hacia los jóvenes hay otros conceptos que se usan de forma peyorativa, como beta o simp. El concepto beta hace referencia al hombre que no es un "macho alfa", es decir, el que ocupa el rol alto en la sociedad.
También "los llaman simp, que es lo que antes se conocía como pagafantas", explica la experta. "Cualquier hombre en redes que de la razón a una mujer, que tenga un pensamiento más feminista y que no se alinee, es machacado", continúa.
Bajo este paraguas han surgido tendencias de pensamiento guiadas por las mastermind, grupos reducidos donde se paga un dinero a un guía que te enseña cómo obtener "el éxito". "Es una vida de éxito supermaterialista", vinculados al ideal de poseer coches de lujo, dinero y vivir en lugares como Dubái.
Frente al riesgo de los mensajes ultras de redes sociales, Cristina Gil aboga por desarrollar el pensamiento crítico en los jóvenes. "Se trata de preguntarnos qué pasa con la juventud, por qué de repente este contenido triunfa", continúa.








