Que se haga de noche en una hora en la que no debería suceder, descienda la temperatura y los animales tengan comportamientos crepusculares no es lo que hace único un eclipse solar total. Lo peculiar de este fenómeno es la fase de totalidad que hace visible la corona, la parte más externa de la atmósfera del Sol.
Así lo explica el divulgador Miguel Ángel Delgado en un artículo difundido por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) titulado "Cómo saber si lo que viste era un eclipse solar total", en el que señala que no es raro oír a algunas personas comentar qué es lo que suelen utilizar para mirar los eclipses, e incluso se refieren a ello como si hubieran sido varios los que hubieran presenciado.
Esto es sorprendente si se tiene en cuenta que el último eclipse solar total que pudo verse en la España peninsular tuvo lugar en 1905, pues el posterior de 1912 afectó a tan poco territorio y durante tan poco tiempo (tan solo unos segundos), que muy poca gente llegó a percibirlo realmente.
Y nada más desde entonces, salvo el que pudo verse en 1959 en Canarias, precisa el divulgador, que cree que puede haber una cierta confusión con los eclipses lunares, mucho más frecuentes, o que se haya presenciado un eclipse solar parcial, que ocurren cada pocos años.
Pero salvo su origen, pues ambos suceden cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol y en el caso del parcial no llega a ocultar totalmente el disco solar, las diferencias son muy grandes, añade.
Sin embargo, prosigue, no tienen ni comparación en espectacularidad, pues un eclipse solar parcial puede incluso llegar a pasar desapercibido, especialmente si la parte ocultada del Sol es pequeña.
Un eclipse solar total, salvo en casos de excesiva brevedad, es imposible que pase desapercibido en un cielo descubierto y la clave que hace tan únicos a los eclipses solares totales es el momento de ocultación completa del Sol, lo que se conoce como fase de totalidad, el aspecto que toma el disco solar durante la totalidad.
"Es ese momento el único en el que podemos contemplar la corona solar, la parte más externa de la atmósfera del Sol, y que dado que tiene un brillo millones de veces inferior al del astro, es totalmente invisible para nosotros el resto del tiempo", puntualiza.
Sin embargo, la corona solar es fundamental para entender la dinámica del Sol que rige las protuberancias, origina el viento solar y puede perturbar a la Tierra a través de las conocidas como tormentas solares.
Así que resulta imposible confundir un eclipse solar total con cualquier otra cosa, continúa Miguel Ángel Delgado, quien apela a ver este fenómeno siguiendo todas las instrucciones de seguridad al respecto y recuerda que el IAC entrenará el 12 de agosto, en Palencia, los equipos que utilizará en el proyecto NATE para el eclipse total del próximo año, y habrá que esperar hasta 2053 para ver un fenómeno similar en la Península Ibérica
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