21/nov./2019

El fuego eterno

Gdp-I_19

Los aborígenes australianos, tasmanos y de algunas islas cercanas vivían en su propio planeta y durante miles y miles de años, tantos miles que parece imposible, desarrollaron unas culturas y unas formas de vida pacíficas y entregadas al cuidado y vigilia de aquel  su mundo. El físico y el espiritual. Que eran uno. En ese tiempo, muchas que se llamaron civilizaciones entraron y salieron del mundo con una facilidad pasmosa.

Eran cazadores-recolectores, cuya magnífica inteligencia estaba entroncada con la pertenencia al mundo. Y, a su vez, habían desarrollado un riquísimo entorno espiritual de rituales y abstracciones, aun casi imposible de descifrar y comprender para un humano moderno. En el caso de que también sea muy inteligente. Su sistema de ‘GPS’ a través de las canciones y sus boomerang pueden servir de hilo para hacerse una idea aquellos pueblos.

Lejos de allí y en muchos menos años de los que ellos llevaban de desarrollo estable y continuado en Australia, otros pueblos se separaron de esa forma de vivir el mundo y desarrollaron la agricultura y el dominio de los animales. Domesticando poco a poco a muchos de ellos para su servicio. Y rotulando y amurando el planeta. E inventando la propiedad privada. El acto supremo de separación física y psicológica del otro y lo otro.

Ese sistema los hizo monoteístas y ese dios único, recién inventado para sus necesidades,  les hizo creerse propietarios del mundo y, más aun, con derecho a apropiarse de lo desconocido. Lentamente, pero sin descanso, fueron cambiando la faz de la tierra y todo lo salvaje, sobre todo los bosques, selvas, marismas y demás, fueron transformadas en pastizales y tierras de cultivo. Inglaterra, la gran colonizadora, es un ejemplo básico de todo ello y como trataron a los aborígenes, un síntoma de lo que terminaría sucediendo con el planeta entero.

Por ese motivo, deberíamos entender que lo que aún queda salvaje para ese ser humano es un peligro, una derrota, una oportunidad de que la naturaleza se revuelva y les reconquiste. Tienes que ponerte ahí para entender el odio al lobo, al salvaje, a los espacios naturales protegidos y todas esas vainas —que para ellos son—, que les ha dado ahora a los progres —es su forma de insultar— por proteger, incluido el respeto y buen trato a los animales domésticos.

Parte de esa sociedad de agricultores y ganaderos, luego comerciantes, industriales y tecnológicos, está seriamente preocupada por el devenir del mundo. Y el acceso a la información técnica, más lo evidentemente tenebroso que se está haciendo la vida, les impulsa a intentar revertir la situación.

Pero suceden dos cosas. Por un lado, sigue siendo mayor el número de los que no quieren cambiar nada y seguir creyendo en que sus procesos de colonialismo del planeta y nuevos planetas, y  sus nuevas tecnologías terminaran arreglando el problema. O haciéndolo transitable. Su capacidad de trabajo y de sufrimiento esta más que contrastada, así como su capacidad para aniquilar a quien y lo que sea si eso es de provecho o simplemente se opone.

Y, por otra parte, los que quieren cambiar el rumbo de la existencia del hombre moderno lo tienen muy complicado, porque una cosa es destrozar el planeta y otra muy distinta reconstruirlo. Ya sabes, el vaso se cae y se rompe en mil pedazos con increíble facilidad, pero nunca rebotan sus partes y vuelven a hacerse vaso. 

Cualquier intento de reconstrucción de la naturaleza pasará siempre por un larguísimo proceso de ensayo-error ensayo-error y puedes estar seguro que en cada error los otros te caerán encima sin piedad.  Y ahora lleva esto a los asuntos de repoblaciones tanto de vegetales como de animales. Lo que quiero decir es que lo importante no es solo el proceso especulativo y constructor y apropiador del medio por el hombre. Muchas veces es simplemente porque dejar algo salvaje atrás es como dejar una herida no bien cicatrizada. Hay miedo, así sea a que solo una pequeña isla en el extremo del archipiélago se quede sin colonizar. Y más si ya se hizo y se retrocedió.

La otra gran dificultad que tiene ese sector proclive a recuperar la naturaleza, o partes de ella, es que tienen una educación y una cultura monoteísta o son simplemente ateos. Y sin una construcción mental mágica y poderosa que te arraigue al mundo es casi insoportable y estéril la tarea. Los cazadores-recolectores tenían para ello un ‘economato’ casi inabarcable. Recuerdo que hay un grupo de jóvenes en la cárcel por querer reconstruir un pueblo abandonado.

Y te preguntas, pero si eso es agricultura, te contradices. Y yo digo que el problema es que los bolsonaro, que son miles de millones, no se creen que esos con esas pintas y sin creer en dios estén camino de la agricultura. No, lo ven como un paso para luego ir más allá. Hacia el lado salvaje y mágico. Con los lobos y los espíritus del mundo.

Desde que era niño siempre los vi desesperados, sufriendo, envidiosos y codiciosos, miedosos y borrachos y, sobre todo, celosos. Siguiendo una religión de la que no respetaban ni resguardaban ni una coma de la última frase y que utilizaban solo para pedir perdón por no sé cuántos millones de pecados que se habían inventado. Y, sobre todo, mentirosos. Un mundo, unas relaciones en las que decir la verdad de lo que hacías o sentías era una catástrofe, de tal manera que durante miles de años el rasgo más distintivo de ese tipo de inteligencia fue la capacidad de mentir. La ocultación del ser.

Toda mi vida me he dedicado a observar ese suceso y salí de las escuelas porque solo me servían de más confusión. Desde luego, no estaban hechas para aprender a vivir. Pero me las justificaban con que sin ellas había sido peor. Y no lo dudo. Pero lo que me ocupaba no era para vivir menos peor.

Nadie se puede imaginar hasta dónde tuve que descender en mi mente para saber quién era y porqué era así. No hay un solo momento en los miles de años que me precedieron que no fueran de sufrimiento, colapsos, abusos y todas las desgracias y muertes miserables que se pueda imaginar. Llegué a pensar que éramos la pesadilla de una mente muy, muy enferma. La misma mente o mentalidad que decidió en su día arrasar por la faz de la tierra, ya sabes: "Y los bendijo Dios, y les dijo: sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra."

Aun  no había cohetes y satélites. Ahora sería: "crecer, multiplicaros, y dominad la tierra los mares y el universo entero”. Ahora entramos en un nuevo ciclo; ya no vamos a seguir rotulando la tierra y creando mas pastos; bueno terminar con lo que queda de selvas, mares y lo que el hielo destape y se pueda usar.

Ahora comenzamos a rotular la vida, a entrar en lo profundo de la vida y manipularla a nuestra conveniencia, y aparecerán nuevas formas de propiedad privada y de modificaciones de plantas, humanos y animales como ya hicimos con algunas mezclas más toscas y lentas, pero ahora a velocidad de vértigo. Para este fin, el dios monoteísta ya se les hace incómodo, ahora está un nuevo dios: Dinero, Investigación, Orden y Seguridad (DIOS). El nuevo diablo, la alternativa dicen, es el CAOS.

Veremos cómo se resuelven las tensiones entre este nuevo dios y el antiguo. Porque el interés de fondo es el mismo. Por lo pronto, EEUU marca tendencias. No tienen porqué discutir. Digamos que ser ateo ya no es pecado si eres útil para la causa. 

El mundo que salga de ahí es inimaginable, como inimaginable será el sufrimiento que haya que soportar cada vez más hacia lo psíquico que lo físico. Porque, como al principio de la agricultura y la domesticación de animales, volvemos al ensayo-error ensayo-error. Pero me da que los errores que salgan de los ‘tubos de ensayo’ van a ser épicos. 

Pero, como te digo, todo dependerá de si el de la pesadilla la aguanta o por fin despierta desesperado. Sé perfectamente lo que se siente en ese despertar. Y dónde despiertas. Así que ahí están esas cumbres de Gran Canaria, sus tensiones entre la agricultura y el retorno a lo natural. Los espíritus aborígenes y las nuevas tierras ricas para la tecnología. En el sur, en el circo del sur, en el Circo del Sol se representa de forma magistral todo eso. Eso sí, de forma partidista. ‘Totem’ se llama la obra. Gran Canaria.

Uno puede ver por los cristales esparcidos que el plato tuvo que ser el más hermoso sobre la faz de la tierra. Pero, aun así, ver cada trozo es una maravilla. Pero tengo el privilegio de escuchar la música y los susurros que los unen. Solo por momentos, luego comienza el fragor de los aviones y demás y tengo que volver al ensueño para estar en el mundo. 

En esa gran isla, por algunos miles de años, los humanos vivieron la vida sin deforestar ni dominar. Así que cuando vean al párroco de turno clamar contra los pinos canarios, sepan que solo está haciendo su trabajo, al pie de la letra de dios. Dicho de otra manera, los pinos son parte del pecado original. Y la declaración de Risco Caído y las cumbres como lugar sagrado les ha ofendido en lo más profundo. Lo único sagrado son las vírgenes y sus ermitas.

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