24/ene./2020

Otegui y la televisión de todos

Otegui y la televisión de todos

Cuando leo que la entrevista a Otegui supone un blanqueamiento de su persona y su historia, que el PSOE es partícipe de un acto que visualiza aún más su posicionamiento en favor de “aquellos que quieren romper España”, me quedo petrificado ante los intentos de censura mediante la demagogia y el dolor ajeno de aquellos que se envuelven con prontitud con el término demócrata.

Por ejemplo, Albert Rivera publicó un tweet en donde decía: “Qué humillación a las víctimas estas palabras en la televisión que pagamos todos los españoles.” Debe ser que para el señor Rivera, Otegui no es español y sus impuestos no van a RTVE. Otro ejemplo es el de Pablo Casado, que tuiteo lo siguiente: “No se puede permitir que TVE dé voz a un terrorista confeso como Otegi para intentar blanquear el brazo político de Batasuna-Bildu.” En este caso, el señor Casado se olvida de dos cosas: primero, Bildu es un partido legal, y como partido legal tiene todo el derecho a que su representante político (que no cargo público) sea entrevistado en RTVE; y, segundo, Otegui es y será siempre un terrorista, pero también es el líder de un partido político legal con representación en ambas cámaras y en el Parlamento Europeo. Por lo tanto, la entrevista no es descabellada. Si acaso no resulta moralmente aceptable, pero no por ello hay que censurar la libertad de expresión, aunque no nos guste lo que se dice.

Por lo visto, hay que recordar a ciertos líderes ciertas cosas. La Radiotelevisión Española (RTVE) es un ente público, es decir, de TODOS. Según el artículo 3 de la Ley 17/2006, tiene algunas funciones, entre ellas:

Garantizar la información objetiva, veraz y plural.

Facilitar el debate democrático y la libre expresión de opiniones.

Ofrecer acceso (…) a todos los sectores de la audiencia, prestando atención a aquellos temas de especial interés público.

Creo que es bastante evidente que, entre estas funciones, encaja completamente la entrevista a Otegui.

A mi Otegui no me gusta, no es un hombre al que definiría como “hombre de paz”, pero lo cierto es que en la actualidad es un personaje público trascendental para la política nacional. Guste o no guste, esta es la verdad. Y al igual que no me gusta Otegui tampoco me gusta que ciertos políticos se indignen y lancen mensajes en las redes sociales que, como mínimo, excluyen a un ciudadano español de su libre acceso a un medio público. ¿Por qué? Porque se está decidiendo quién y quién no tiene derechos en este país de iguales y semejantes.

Y para el que no lo entienda se lo explico de manera más sencilla.

Yo soy militar. Juré la Constitución y defender a todos los españoles por igual, voten a Podemos, al PP, al PSOE o a Bildu. El ejército es un bien público que tiene una función y unos deberes hacia TODOS los españoles. Si aplicamos la misma prerrogativa mencionada con anterioridad en un hipotético conflicto militar entre España y un país tercero, yo tendría que proteger solo a los que los líderes políticos consideren “buenos españoles”. ¿O no? Esta simple hipótesis refleja muy bien la demagogia que circunda la entrevista de Otegui. Pero lo peor es que la gente lo aplaude. Aplaude la censura, aplaude la exclusión, aplaude la ignorancia. Además, ¿qué ha hecho Otegui que no sea reafirmar que es un terrorista y que no se arrepiente de sus actos? Se podría decir que la entrevista ha servido para deslegitimar esa imagen de “hombre de paz” que algunos habían pintado sobre él.

Por otro lado, esta misma hipótesis se puede aplicar a VOX y a la censura que lleva sufriendo desde la izquierda, tanto en medios públicos como en los privados. La izquierda no puede defender la libertad de expresión de un terrorista y decidir que un partido, también legal, debe ser censurado en cualquier medio solo porque sea considerado “ultraderecha”. ¿Qué pasa? ¿Es que hay maldades de diferente tono?

En definitiva, los políticos españoles y sus discursos de confrontación no solucionan ningún problema, solo los acrecientan. Son unos hipócritas que, para colmo, vilipendian nuestra democracia al mismo tiempo que utilizan al pueblo para lograr sus propios intereses. El circo es la democracia, los payasos somos nosotros y los políticos son los maestros de ceremonia manejando todo desde la pista.

Nos está quedando una democracia preciosa.

 

Alejandro Pérez O’pray, Ciencias Políticas y de la Administración por la UNED.

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