Casi desde que el turismo se popularizó para el común de los mortales, la mayor parte de las familias, bien por las vacaciones de los niños, bien por las necesidades laborales, concentraban todo su tiempo de vacaciones en el verano, particularmente en agosto.
Con el tiempo eso ha ido cambiado, hasta tal punto que en la actualidad el 92,7% de los viajeros da por extinguido o en franca decadencia el patrón tradicional de vacaciones largas en agosto, según el informe Ávoris Travel Insights, titulado ‘El verano 2026 bajo dos miradas’.
Los datos del informe dibujan una radiografía del nuevo consumidor turístico: un viajero más pragmático, cauto con su dinero, alérgico al calor extremo y, sobre todo, profundamente desencantado con la escenografía impuesta por las redes sociales.
La gran fragmentación: agosto pierde su trono
Mientras agosto deja de ser el tótem indiscutible del calendario vacacional, emerge con fuerza la cultura de las pequeñas escapadas varias veces al año.
Un 35,6% de los ciudadanos cita explícitamente la distribución del descanso a lo largo de todo el año como el cambio estructural más relevante de sus hábitos.
De hecho, más de la mitad de los encuestados (56,4%) afirma que prefiere múltiples viajes cortos antes que un solo viaje prolongado en pleno bochorno veraniego.
De hecho, el calor es cada vez más importante a la hora de decidir cuándo viajar: el 55,9% mueve sus viajes a junio o septiembre huyendo del calor extremo y encontrado mejores precios.
Con un presupuesto familiar medio previsto de 2.013 euros para el verano (donde el 64,6% maneja en realidad presupuestos por debajo de los 2.000 euros), dejar agosto de lado permite ahorrar y disfrutar de lugares y servicios menos masificados.
La caída del efecto Influencer y el ascenso del factor calor
El informe también revela la drástica caída de las recomendaciones de lugares por parte de creadores de contenido. La era en la que miles de visitantes acudían como un enjambre a una playa, un mirador o un restaurante solo porque un instagramer de moda se había hecho una foto, parece estar llegando a su fin.
Ante la disyuntiva de elegir entre un rincón muy popular en redes sociales o un destino desconocido y tranquilo, un 80,7% de los viajeros se decanta por lo segundo.
Y hay más. Un 96,8% de los encuestados coincide en que las redes sociales provocan saturación y van contra la autenticidad y la habitabilidad de los sitios que promocionan.
A la huida del postureo se suma la rebelión del termómetro. Un 83,5% de los ciudadanos admite que las temperaturas extremas influyen en la planificación de sus viajes.
El turismo de "sol y playa" pierde atractivo a medida que se disparan las temperaturas. Así, crece el turismo interior (que ya roza el 37,3% de las preferencias, muy cerca del 41,2% de la costa) y la búsqueda activa del turismo slow o pausado, que priorizan el 45,5% para reducir el estrés.
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