‘Clima Escolar Canarias’ es una iniciativa incluida en el Plan de Adaptación a las Altas Temperaturas que ya ha permitido instalar sensores de medición en 120 centros escolares.
El programa fue presentado este viernes 5 de junio por el viceconsejero de Educación, Formación Profesional, Actividad Física y Deportes del Gobierno de Canarias, José Manuel Cabrera, junto con el director general de Infraestructuras y Equipamientos Educativos, Iván G. Carro, y la jefa del proyecto por parte de Gesplan, Silvia Guajardo.
El proyecto, impulsado por el área que dirige Poli Suárez, es de carácter piloto y único en una comunidad autónoma en España, y llevará a centros públicos de todos los municipios de Canarias, de distintas altitudes, estos sensores, permitiendo analizar en tiempo real el impacto de las altas temperaturas y estudiar tanto su resiliencia climática como sus condiciones de diseño y habitabilidad.
La iniciativa responde además a dos de los objetivos estratégicos marcados por la Consejería para esta legislatura: mejorar el bienestar del alumnado y reforzar las condiciones de confort y habitabilidad de los espacios educativos para toda la comunidad escolar.
En este sentido, la nueva red permitirá disponer de información objetiva y actualizada sobre el comportamiento térmico de los centros educativos canarios para orientar futuras actuaciones de mejora.
Según Cabrera, “con estos dispositivos podremos determinar en cada momento el estado de los centros donde se instalen, y evaluar cómo los episodios de calor extremo, que por desgracia son cada vez más frecuentes, afectan al desarrollo de la actividad educativa”. De esa forma, “podremos obtener información con la que definir estrategias de adaptación que garanticen unas condiciones más adecuadas de confort tanto térmico como ambiental”.
Plataforma operativa de monitorización, análisis y gestión de datos
Para ello, junto con los sensores, el proyecto contempla el desarrollo de una innovadora plataforma web de monitorización, análisis y gestión de datos, que integrará información de los edificios, geográfica y de vegetación, junto con modelos de sombras y sistemas de seguimiento continuo de parámetros ambientales, como temperatura, humedad relativa y concentración de CO₂ en estos centros seleccionados en primera instancia, de carácter piloto.
La herramienta permitirá analizar, en tiempo real, los efectos de los cambios térmicos, apoyar la toma de decisiones ante situaciones de contingencia y planificar actuaciones de mejora en las instalaciones educativas.
En ese sentido, los técnicos podrán acceder, de forma rápida y centralizada, a la información sobre las condiciones de confort térmico y ambiental de cada centro, así como filtrar, valorar y priorizar posibles actuaciones de manera más eficiente.
El proyecto contempla un análisis sintético de las características constructivas y de vegetación de los centros, con el objetivo de proponer intervenciones de distintos niveles orientadas a mejorar la habitabilidad y el confort de los espacios educativos. Entre otras cuestiones, facilitará la selección de soluciones basadas en la naturaleza, como la incorporación de vegetación adecuada, así como la identificación de medidas de adaptación e intervenciones específicas para cada centro.
Uno de los elementos más relevantes del proyecto es su capacidad para evolucionar hacia un modelo predictivo, basado en la recopilación y análisis continuado de datos, permitiendo anticipar necesidades, planificar actuaciones futuras y establecer criterios objetivos para la adaptación progresiva de los centros educativos canarios frente al cambio climático.
Asimismo, proporcionará orientaciones prácticas a los responsables de los centros educativos sobre actuaciones de menor calado que puedan integrarse en las labores habituales de mantenimiento, además de recomendaciones relacionadas con el uso eficiente y adecuado de las instalaciones.
La plataforma ya se encuentra operativa y recibe información en tiempo real de los 120 centros participantes en esta primera fase del proyecto. Para ello se han instalado 240 sensores, distribuidos entre espacios interiores y exteriores de las instalaciones educativas, que permiten monitorizar de forma continua parámetros como la temperatura, la humedad relativa o la concentración de CO₂, ofreciendo una radiografía precisa de las condiciones ambientales de cada centro.
La información obtenida a través de esta red permitirá no solo conocer el comportamiento térmico de los centros educativos, sino también orientar la adopción de medidas adaptadas a cada realidad. Algunas de ellas podrán ser aplicadas directamente por los propios centros educativos, mientras que otras requerirán actuaciones de mayor alcance por parte de la administración educativa, tanto a corto como a medio y largo plazo.
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