Alfredo Pineda nació en México hace 47 años, pero cuando solo tenía dos años sus padres emigraron a España, primero a la península y después a Gran Canaria, donde Pineda ha pasado la mayor parte de su vida, hasta que hace nueve años decidió mudarse a Lanzarote con sus bártulos y su negocio de vidriero.
“Mi padre ya venía a Lanzarote desde los años 90 todos los domingos al mercadillo de la Villa de Teguise con sus piezas de vidrio, así que tras unos cambios en mi vida me decidí a venir”, explica Pineda.
El oficio de vidriero viene de antiguo en la familia, Pineda lo aprendió a partir de los doce años con su padre, quien a su vez lo había aprendido del abuelo, pero al principio quiso probar su propio camino.
“Estudié electricidad y después magisterio de educación física, trabajé en ambos campos y luego probé otras áreas. Me mudé un tiempo a Inglaterra y cuando volví, hace diez años, me decidí a centrarme en la cristalería”, explica Pineda.
La técnica del vidrio tejido y esculpido
Aunque Alfredo también se ha formado en vidrio soplado, un método mucho más extendido, la técnica familiar de los Pineda no es tan conocida y permite hacer piezas más pequeñas, se llama de ‘vidrio tejido y esculpido’:
“Imagínate dos barras de vidrio con un diámetro de entre 5 y 14 milímetros. Una se usa como un lápiz y la otra como base. Metes ‘el lápiz’ en la llama de un soplete y luego es como si estuvieras dibujando en el aire. Haces pequeñas circunferencias con el vidrio derretido y así se va formando el cuerpo de la figura”.
Además, se pueden usar algunas herramientas como pinzas, alicates, punzones o marcadores para dar más detalle.
El vidrio que utiliza Pineda se llama borosilicato y funde a entre 1.200 y 1.300 grados. El vidrio artístico más conocido del mundo, el de Murano, “funde a 400-500 aproximadamente, es diferente, tiene más paleta de colores, que son más vívidos, pero es menos resistente”.
Recuerdos, conmemoraciones y regalos de vidrio
El maestro vidriero vende muchas piezas a turistas que quieren llevarse recuerdo original de Lanzarote y que además quepa fácilmente en la maleta: “una palmera, un camello, el diablito de Timanfaya, el lagarto canario, cositas relacionadas con con la isla”.
“En los años 90 o incluso a principios de los 2000 hacíamos figuras a lo mejor de más de 30 o 40 centímetros porque era más fácil el transporte en el avión, actualmente mis figuras tienen entre cinco y 20 centímetros”.
Pineda también elabora encargos “de coleccionistas, por ejemplo de búhos o de jirafas”, o también para regalos o conmemoraciones. “El otro día me pidieron un corazón para un aniversario de boda; en otra ocasión, un señor me pidió una flor para ponerla en la tumba de una persona que había perdido”.
Piezas, que aunque sean parecidas, por las características de la técnica artística, son siempre diferentes. El trabajo de Pineda se puede encontrar en “ los mercados de La Villa, Playa Blanca y Puerto Calero, también voy a la Feria de Artesanía de Mancha Blanca todos los años” y en redes sociales.





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