Mientras en la península se debate el fin de las tradicionales cenas tardías españolas como una nueva tendencia de bienestar impulsada por el teletrabajo y las redes sociales, en Lanzarote hay muchos más factores y desde más antiguo.
Entre ellos, el hecho de que el sol se pone una hora antes según el reloj y por el enorme peso del turismo internacional a la hora de confeccionar los horarios de los restaurantes isleños.
Para la restauración, las cenas tempranas están llenas de ventajas. Permite concentrar y organizar mejor el trabajo por ejemplo con más empleados con horario continuo en lugar de las tradicionales jornadas partidas de la hostelería española.
Hace unas semanas, el New York Times publicaba un artículo que destacaba datos de los dos gigantes de la gestión de reservas: según CoverManager la mitad de las reservas para cenar en España ya se realizan antes de las nueve de la noche (frente al 27% de hace una década).
Entretanto, los datos de TheFork confirman que las reservas a las ocho de la tarde casi se han triplicado desde 2016, al tiempo que el turno de las diez se ha reducido a la mitad y casi nadie cena ya a las once.
La prueba del reloj: Lanzarote apaga los fogones hora y media antes que Madrid
En Lanzarote la tendencia está plenamente consolidada. Mientras en ciudades peninsulares como Madrid la norma es mantener las cocinas abiertas hasta las 23:00 o 23:30 horas en Lanzarote la dinámica es muy diferente.
En buena medida por la tradicional adaptación de la oferta a las costumbres europeas. Solo con el análisis de los horarios de apertura y cierre de las cocinas en la isla se puede inferir que ocho de cada diez cenas en Lanzarote se concentran antes de las nueve de la noche, superando con creces el 50% registrado en la península.
Además, la franja de las ocho de la tarde se consolida como la mayoritaria de la restauración conejera, acaparando alrededor del 35% de la ocupación en sala —frente al 15% del promedio nacional.
Cenar después de las diez en Lanzarote es casi imposible ya que la mayoría de las cocinas de la isla ya están cerradas a esa hora, salvo algunos restaurantes de Arrecife durante los fines de semana. Y a nadie se le ocurre pedir de cenar a las once, salvo a algún turista peninsular despistado.
Todavía es más evidente en los principales núcleos turísticos de la isla, como Playa Blanca, Puerto del Carmen o Costa Teguise, donde la inmensa mayoría de restaurantes da su último pase de cocina antes de las diez.
También a Lanzarote llegó mucho antes la costumbre de no cerrar cocinas durante la tarde. El hecho de que los fogones isleños se mantengan encendidos de forma continua también facilita las cenas tempranas.
Además es importante el reloj y su relación con el sol. Cuando en 1942 Franco decidió adelantar la hora de la península para que coincidiera con la de Alemania, “la noche” empezó a llegar más tarde en la península, pero eso no ocurrió en Canarias.
Por otro lado, la ciencia es categórica al respecto: cenar dos o tres horas antes de acostarse mejora la digestión y el descanso nocturno. Así, cenar a las ocho de la tarde se ha consolidado como un nuevo indicador de bienestar aunque, al mismo tiempo, se apaga una de las costumbres más propiamente españolas y que más sorprendían a nuestros visitantes hace solo algunos años.
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