Ale Gueye, el senegalés que no pudo despedirse de su padre antes de morir porque no tenía papeles

Arribó a Canarias el 28 de diciembre de 2019, al poco tiempo llegó al albergue un diccionario de francés-español y un libro de poemas de Neruda, del que se enamoró

18 de mayo de 2026 (10:20 WEST)
Actualizado el 18 de mayo de 2026 (11:38 WEST)
Una embarcación de pesca con la bandera de Senegal. Foto: Papa Birame.
Una embarcación de pesca con la bandera de Senegal. Foto: Papa Birame.

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Ale Gueye decidió lanzarse a Europa en una neumática en 2019, persiguiendo sueños que empezó a acariciar meses después de pisar Fuerteventura, cuando cogió un avión rumbo a la "Gran España" (la península) con una maleta a rastras y un libro de poemas de Pablo Neruda.

El senegalés arribó a las islas el 28 de diciembre de 2019. Fue uno de los primeros en llegar cuando la Ruta Canaria empezaba, de nuevo, a repuntar tras años de aparente calma. A él y al resto de los integrantes de la embarcación los alojaron en el albergue de Tefía.

Una tarde de enero de 2020 contó su historia a EFE: habló de sus padres, dos agricultores "ya viejos" en Louga; de sus estudios de español, sin concluir, en la universidad, de la falta de un futuro para los jóvenes de su país, de su sueño de emigrar a Europa, etc.

También confesó su afición por la lectura, en particular su gusto por Neruda, y lanzó una petición: libros y diccionarios para leer mientras esperaba el turno para salir a la península.

 

 

Un diccionario y 'Veinte poemas de amor'

Al poco, llegó al albergue un diccionario de francés-español y Veinte poemas de amor y una canción desesperada del chileno con una dedicatoria en la que le deseaban que cumpliera todos sus sueños en España y que jamás olvidara Fuerteventura.

Y los sueños empezaron a cumplirse cuando el 21 de febrero de 2020 viajó hasta Madrid y de ahí a Guadix, en Granada, donde le esperaba un primo. Ahora, se ha reencontrado con EFE en su casa de Guadix, un piso que comparte con tres senegaleses que emigraron a Canarias en 2006 durante la conocida como crisis de los cayucos.

Cuenta que sus primeros meses en península "fueron fatal": "Llegué cuando empezaba el covid-19, no había trabajo y me pasaba el día encerrado en casa".

A los cuatro meses, comenzó a trabajar en los invernaderos de tomates, después en la campaña de aceitunas, en la recogida de berenjenas, en una granja de pollos y en la poda de álamos donde lleva tres años con un contrato laboral.

"Lo más duro" durante estos años ha sido "vivir sin papeles", por el miedo a que lo devolvieran a su país. "Siempre quise ir a visitar a mi familia a Senegal, antes de que mis padres murieran, pero no podía ser por los papeles", confiesa. Hace dos años, falleció su padre del que no pudo despedirse.

Ha podido regularizar su situación en España a través del arraigo laboral. También ha conocido otras de las aristas de la migración: la explotación laboral.

"Trabajé en la campaña del tomate, el jefe nos tenía que pagar 1.000 euros, nos daba un adelanto de 500 y nos decía que cuando hiciera la venta completaba el pago, pero no nos pagaba. Nos debe mucho dinero", asegura.

Seis años y medio después de llegar, asegura que se han cumplido sus sueños: "Tener papeles, un trabajo y poder ayudar a mi familia". "Cada mes tengo que mandar algo de dinero a la familia, para eso estamos aquí y por eso cogimos la patera y cruzamos el mar", insiste.

En el poemario también se le pedía que no olvidara Fuerteventura. "En mi vida voy a olvidar Tefía, tengo recuerdos muy bonitos de allí", dice mientras pregunta por Carmen, la vecina a la que los inmigrantes llamaban 'mamá África'; por su hija Miriam; por Lola, la profesora de español de Cruz Roja; por María, de Entre Mares, y por Carlos el fotógrafo que le hizo las fotos para Efe.

De lunes a viernes trabaja y va a la autoescuela para sacarse el carnet de conducir camiones. Los viernes acude a la mezquita y los fines de semana queda con otros africanos y chicos de Guadix para jugar al fútbol.

Tras Ale han llegado miles de personas a Canarias. Otros miles se han ahogado en el camino: "Sabemos que el mar es muy peligroso, pero no hay otra opción. El visado para venir en avión es muy difícil obtenerlo", argumenta.

Ale interrumpe la entrevista, va a su habitación y regresa con el poemario de Neruda: "El libro siempre ha estado conmigo", dice. En la portada interior y la hoja de créditos tiene anotaciones en francés y español.

El trabajo le resta tiempo para leer, pero de vez en cuando abre sus páginas y dedica unos minutos a los versos del chileno. 

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