Los vecinos del pueblo de Tiagua se dieron cita el pasado miércoles para celebrar, con profunda devoción y sentimiento, la festividad de su patrona, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en una jornada en la que la fe volvió a caminar de la mano de las tradiciones más arraigadas de este entrañable pueblo del municipio de Teguise.
A las seis de la tarde, la pequeña ermita de Tiagua comenzó a recibir a los fieles que acudieron para participar en la celebración de la Solemne Eucaristía. Se trata de un templo de gran valor histórico, fundado en el año 1612 por Hernando Peraza Ayala, que conserva entre sus elementos más singulares un portal y otros detalles arquitectónicos construidos con la característica piedra de toba roja, un material peculiar estrechamente ligado a esta zona de la isla.
La Eucaristía estuvo presidida por el párroco y vecino de Tiagua, don Rafael Tejera Parrilla, quien durante la celebración estuvo acompañado por una comunidad de fieles que llenó el aforo permitido. Los cantos estuvieron amenizados por unas vecinas que, guitarra en mano, pusieron la nota musical y sirvieron de guía para que todos los presentes sumaran a los cantos, haciendo de la celebración un momento especialmente participativo y cercano.
Y si algo quedó patente durante esta festividad fue el compromiso de la gente joven con las tradiciones de su pueblo. La Comisión de Fiestas y la Directiva del Centro Socio Cultural "El Molino " de Tiagua han demostrado, una vez más, que la juventud tiene mucho que aportar a la hora de mantener vivas las costumbres y recuperar aquellas pequeñas tradiciones que, con el paso de los años, habían quedado adormecidas.
Entre estas recuperaciones destacó especialmente el arco triunfal instalado frente al frontis de la ermita por donde luego pasaría la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, adornado con palmas y flores, que ofrecía una imagen de gran belleza y elegancia y contribuía a vestir de fiesta en entorno de la ermita.
Finalizada la Eucaristía llegó uno de los momentos más esperados de la tarde: la procesión de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro por las calles de Tiagua.
La comitiva estuvo encabezada por la Banda de Música Teguiband de la Villa de Teguise, cuyos sones anunciaban el paso de la patrona. Tras la banda, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro era portada a hombros por los propios vecinos, que se fueron relevando durante el recorrido para acompañas a su patrona en este día momento tan especial.
Tras la imagen caminaba el sacerdote celebrante acompañado por la alcaldesa del Ayuntamiento de Teguise, Olivia Duque, el concejal de Fiestas y Cultura, Andoni Machín, y otros miembros de la Corporación municipal junto a numerosos vecinos de Tiagua.
Durante el recorrido se vivieron algunos de los momentos más emocionantes de la jornada. En determinados puntos del itinerario, la procesión se detuvo ante algunas personas mayores que esperaban con ilusión el paso de la patrona. Fueron instantes cargados de emoción; la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se detenía ante ellos mientras sus miradas, llenas de sentimiento, parecían expresar mucho más de lo que cualquier palabra pudiera decir.
Porque una procesión no es solo un recorrido. Es también memoria, encuentro y emoción. Es recordar a quienes estuvieron , compartir con quienes están y mantener viva una tradición que forma parte de la identidad de todo un pueblo.
A su regreso a la ermita, la patrona fue recibida con especial cariño por sus vecinos. Allí tuvo lugar la ofrenda musical a cargo de la Agrupación Folklórica La Gran Aldea de Teguise, que quiso rendir homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro ofreciendo lo más representativo del cancionero y de los bailes tradicionales de Lanzarote.
Los sonidos de nuestra música tradicional pusieron el broche cultural a una celebración en la que las raíces de la isla estuvieron muy presentes.
Finalizada la ofrenda, la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro regresó nuevamente al interior de su ermita, arropada por los aplausos, los vivas y el cariño de sus vecinos.
Des esta manera concluía una jornada en la que la devoción, la fe, la emoción y la tradición caminaron juntas por las calles de Tiagua, demostrando que las fiestas patronales siguen siendo mucho más que una celebración en el calendario; son una parte esencial de la memoria colectiva de los pueblos.
Tiagua volvió a encontrarse con su patrona. Y lo hizo como mejor sabe hacerlo; con el corazón, con sus tradiciones y con el cariño de todo un pueblo unido en torno a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
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