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De Lanzarote a ser "apátridas" en un campo de exterminio nazi: la vida de cuatro pescadores y un cocinero

Domingo Cedrés Arrocha, Pedro Noda de la Cruz, Jacinto Morales Perdomo, Domingo Padrón Valiente, Rafael Arrocha Elvira terminaron en uno de los campos más letales del Tercer Reich: Mauthausen

Expedientes de los cinco lanzaroteños junto a una fotografía del campo de liberación de Mauthausen.

3480, 3615, 4546, 5075 y 6830. Estos números de cuatro dígitos sustituyeron durante un tiempo el nombre, la identidad y hasta la historia de cinco lanzaroteños que acabaron encerrados en un campo de exterminio nazi: el campo de concentración de Mauthausen en Austria.

Domingo Cedrés Arrocha, Pedro Noda de la Cruz, Jacinto Morales Perdomo, Domingo Padrón Valiente, Rafael Arrocha Elvira. Cuatro pescadores y un cocinero lanzaroteños terminaron apresados en el único campo de concentración nazi clasificado como de categoría III (por su dureza y alta mortalidad).

¿Cómo acabaron, al menos, siete lanzaroteños a 3.000 kilómetros de distancia en ese campo de concentración? Esa fue la pregunta que se hizo el historiador y trabajador jubilado de la banca Pedro Mayo y el germen de su primer libro Los cinco de Mauthausen (Caballos Azules, 2026).

Rodeados por muros, alambradas electrificadas y ante la mirada de los guardianes de las SS, con el pelo rapado y vistiendo un pijama a rayas, se hallaron hasta siete lanzaroteños en realidad. A la historia de los cinco isleños mencionados se suma la de otros dos compatriotas: Israel Cabrera Álvarez y la de José Cruz Barreto. En su obra, Mayo ahonda en la historia de cómo cinco de estos lanzaroteños acabaron en uno de los campos nazis más conocidos y deja a un lado la historia de los otros dos lanzaroteños porque emigraron desde chinijos y rehicieron su vida en otras islas o países.

Presentación del libro de 'Los cinco de Mauthausen'. Foto: Juan Mateos.

 

 

La historia "de película" de un cocinero de Haría: Jacinto Morales Perdomo

Jacinto Morales Perdomo (Haría, 1918), el número 4546, nació en el seno de una familia de agricultores en el norte de Lanzarote. Su hermano Pedro Morales Perdomo trabajaba en uno de los correíllos, los barcos que navegaban entre islas y por las colonias españolas en el norte de África, y un día se enfermó. "Jacinto lo sustituyó como ayudante de cocina", expone el historiador.

A mediados de marzo de 1937, en plena Guerra Civil Española, el barco desembarcó en Villa Cisneros (la actual ciudad saharaui de Dajla), que en ese momento estaba ocupada por España. Aquel día, un grupo de prisioneros políticos y republicanos canarios se revelaron y tomaron el control del Viera y Clavijo. Jacinto y otros miembros de la tripulación se unieron al motín y navegaron hasta Dakar, la capital de Senegal. 

El hariano Jacinto Morales se unió a las tropas republicanas en Valencia, pero al terminar la guerra se exilió a Francia. Tras estar en el campo de refugiados francés, se alistó a la Legión de Infantería Extranjera de Francia, fue el único lanzaroteño en hacerlo, el "más comprometido militarmente", añade Pedro Mayo. Morales fue apresado por los nazis. 

En mayo de 1942, la Cruz Roja Española solicitó a su homónima en Alemania información sobre Morales Perdomo, donde se recoge que había sido enviado en agosto de 1941 como prisionero de guerra a Mauthausen y sus subcampos. Realmente desde septiembre de 1941 su familia no conseguía hallar su paradero porque había pasado a formar parte del Comando César, un grupo gestionado por un valenciano que había conseguido cierta relevancia por hablar alemán y tener formación. Luego, el lanzaroteño fue explotado como un esclavo en los campos austriacos de Pirá, Ternberg, Redl-Zipf y finalmente en el de Ebensee, subcampo de Mauthausen.

"Cuando los nazis veían que iban a perder la guerra, iban juntando a los prisioneros en campos específicos con el objetivo de meterlos en campos inmensos, volarlos y no dejar rastro", expone Pedro Mayo. Por suerte, Jacinto Morales fue finalmente rescatado por las tropas aliadas.

Vivió toda su vida en el exilio francés, en la ciudad de Champigny-sur-Marne, bajo el estatus de refugiado político y con una pensión. El lanzaroteño regresó en un viaje en los años 60 a Lanzarote para visitar a su familia en Haría. Sin embargo, volvió a Francia poco después. 

Respuesta de Cruz Roja sobre el preso Jacinto Morales Perdomo. Foto: Cedida.

 

Los campos de refugiados de españoles exiliados en Francia

Al acabar la Guerra Civil Española (1936-1939), el Gobierno francés tenía preparados diferentes campos para acoger a 30.000 exiliados españoles, pero llegaron medio millón de personas. El Ejecutivo galo los trató "como ganado" y repartió a los refugiados españoles en tres campos en el sur del país, azotados por fuertes vientos y bajo condiciones insalubres: Argèles Mar, San Cipriàn y Barcabeles, custodiados por soldados senegaleses y cercados por vallas de espinos y alambres. Mientras tanto, las mujeres y los niños fueron repartidos por decenas de ciudades a lo largo del país.

Tras tratar de convencer sin éxito a los españoles exiliados de que regresaran a España, donde el régimen del dictador Francisco Franco estaba ejecutando a quienes no comulgaban con sus valores, los españoles vivían en una situación de penuria en la que brotaban las enfermedades, hacinados en aquellos campos.

Cuando se desata la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y Francia entra en conflicto con la Alemania nazi, el presidente del Gobierno francés dio tres opciones a los refugiados españoles: "Trabajar en sectores donde hacía falta mano de obra, apuntarse a la Legión para extranjeros o en las Compañías de Trabajadores Extranjeros", expone el escritor.

Los otros cuatro lanzaroteños, a excepción de Jacinto Morales que escogió el camino militar, fueron obligados a apuntarse en Compañías de Trabajadores Extranjeros que ya estaban militarizadas. "No tenían armas, los habían llevado a trabajar y fueron apresados como conejos", añade. 

 

De prisioneros de guerra a apátridas

Primero pasaron a un campo de prisioneros de guerra en Francia, aún cobijados por la Convención de Ginebra, pero cuando el gobierno alemán preguntó al Gobierno español qué hacía con esos presos, el régimen franquista no respondió. Los españoles apresados pasaron entonces a ser apátridas (marcados con un triángulo invertido de color azul) y de estar custodiados por el Ejército alemán, a depender de la Gestapo, la policía secreta de los nazis dirigida por Himmler. 

"En ese momento el gobierno nazi decidió que no eran prisioneros de guerra, que eran Rotter Spaniens, que eran apátridas y enemigos de la Alemania", expone Pedro Mayo. Desde entonces, se convierten en un objetivo a batir. Por lo que fueron enviados a Mauthausen.

En el campo principal y sus diferentes subcampos aniquilaban a los prisioneros que se consideraban demasiado débiles, fusilándolos o incinerándolos en una cámara de gas, pero siendo sometidos a experimentos por los médicos nazis. En total, 119.000 personas fueron asesinadas en Mauthausen y sus subcampos. 

Dentro del conglomerado de campos de concentración que conformaban Mauthausen, tres lanzaroteños acabaron en el más mortal de ellos, el campo de Gusen

 

El campo de Gusen, "el matadero de los españoles"

Rafael Arrocha Elvira (San Bartolomé, 1918) y Domingo Cedrés Arrocha (Yaiza, 1906) eran vecinos en Arrecife, vivían en la calle Academia, puerta con puerta. Ambos eran pescadores y como muchos otros marineros de la isla se refugiaron en las costas del norte de África huyendo de la Guerra Civil Española (1936-1939). 

Luego, acabaron en el campo para refugiados republicanos españoles de Argelès, en el sur de Francia. Tras ser obligados a trabajar en el refuerzo de la frontera francesa, fueron detenidos en el frente de Belfort y, como eran pescadores y no tenían un oficio considerado de utilidad por los nazis, terminaron en el campo de Gusen. Junto a ellos, el lanzaroteño Domingo Padrón Valiente (Arrecife, 1912) también terminó retenido en este subcampo, denominado como "el matadero de los españoles".

Pedro Mayo explica que frente a la juventud de Rafael Arrocha y Domingo Padrón, Domingo Cedrés tenía 35 años y una historia de vida compleja. Había pasado por la Guerra Civil Española (1936-1939), por un campo de internamiento en Francia y finalmente, por Gusen, donde murió de una supuesta bronconeumonía.

"Ese es el motivo de la muerte oficial que le dan las oficinas de Mauthausen, pero eso se le ponía a todos", expone el historiador. "Lo normal es que muriera de una paliza o de un método que utilizaban mucho los nazis en Gusen: a la gente débil la metían en unas duchas con 20 metros de agua y les hacían tumbarse y luego los dejaban a la intemperie, desnudos con -20 grados", narra.

"Si te habían mandado a Mauthausen y veían que estabas flojo, que estabas enfermo, que no ibas a ser muy rentable, te llevaban a Gusen y ahí te remataban", narra el historiador durante una entrevista con La Voz. En este campo de concentración hubo alrededor de 5.000 españoles, de los que 3.500 murieron sin poder salir de él.  

A pesar de la alta mortalidad de Gusen, dos lanzaroteños pudieron salir del campo con vida: el vecino de San Bartolomé Rafael Arrocha y el arrecifeño Domingo Padrón. Ambos fueron liberados el 5 de mayo de 1945.

Cuando Domingo Padrón Valiente, cuya familia vivía en Tías, fue liberado, se instaló en la ciudad de Alfortville, a los alrededores de París y por miedo a la represión del régimen franquista jamás volvió a España.  Mientras tanto, Rafael Arrocha nunca volvió a la España franquista y se instaló en el norte de Francia, en un pueblo de Normandía. El gobierno galo les reconoció a ambos su estatus de deportados políticos, con una pensión y ayudas. 

 

Pedro Noda, el vecino de Yaiza

Por último, Pedro Mayo logró también descifrar cómo el pescador lanzaroteño Pedro Noda de la Cruz (Yaiza, 1913 - Evelangen, 1942) había acabado en Mauthausen.

Integrado en la XI Brigada Internacional, combatió por el bando republicano en el frente de Aragón y en la batalla del Ebro durante la Guerra Civil Española (1936-1939). Con la victoria franquista, llegó a Barcelona y huyó del bando sublevado en 1939 y se refugió como cientos de miles de españoles en el sur de Francia.

Tras trabajar en las Compañías de Trabajadores Extranjeros fue apresado por las tropas nazis y enviado al campo de Evelangen, subcampo de Mauthausen, en las montañas de Estiria (Astruia), a más de mil metros de altura. "Los nazis estaban creando unas granjas experimentales, intentando crear un tipo de ganado que resistiera a las altas temperaturas con la idea de expansión hacia Rusia", expone Mayo. 

A Pedro Noda lo mataron mientras construía las barracas y las carreteras que unían estas granjas experimentales: fue asesinado el 6 de mayo de 1942. Su mujer recibió una pensión del gobierno francés y por eso supo de su muerte, pero nunca dónde estaba el cadáver de su marido. 

La familia, la única identificada de Lanzarote, descubrió que Pedro Noda de la Cruz había estado en un campo de exterminio nazi mientras su nieto, también llamado Pedro Noda, estaba buscando un resultado deportivo de balonmano por internet.

El trabajo de una profesora Eva Fenstra, de la Universidad de Graz, que había pedido a su alumnado hacer un trabajo conectando el subcampo con los españoles republicanos que habían estado encerrados en él, fue crucial para que esta familia de Lanzarote diera con el paradero de Pedro Noda de la Cruz. "Fue un trabajo muy bonito, de hecho salió un memorial de él", expone Pedro Mayo. Fenstra también ha estado en Lanzarote en la presentación de su libro.

El historiador señala que en Lanzarote aún no hay un monumento conjunto que recuerde a los dos lanzaroteños que perdieron la vida en Mauthausen y sus subcampos, ni a los que sobrevivieron del horror nazi. 

 

Presentación del libro de 'Los cinco de Mauthausen'. Foto: Juan Mateos.