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Enjuiciamientos 'post mortem' y persecuciones: la represión franquista contra los masones en Lanzarote

Muchos masones se vieron obligados a abandonar la isla y a sus familias para exiliarse a otros países ante la persecución del régimen por defender valores como la democracia, el libre pensamiento, el laicismo y la libertad de enseñanza

28 de febrero de 2026 (08:18 WET)
Actualizado el 28 de febrero de 2026 (08:20 WET)
Iglesia de San Ginés durante la visita del dictador a Lanzarote (Foto: Familia Hernánde Cabrera) y Francisco Franco.
Iglesia de San Ginés durante la visita del dictador a Lanzarote (Foto: Familia Hernánde Cabrera) y Francisco Franco.

La dictadura franquista trató de llevar a juicio al lanzaroteño Aquilino Fernández después de muerto. Fernández fue alcalde de Arrecife (1920-1922), empresario y miembro de la masonería. Falleció en 1934, durante la Segunda República Española, a causa de un derrame cerebral tras sufrir un accidente de tráfico en Teguise. Durante la Guerra Civil (1936-1939), el régimen de Francisco Franco descubrió que había sido masón y trató de quedarse judicialmente con sus propiedades, para ello abrió un procedimiento judicial en su contra, aunque ya estaba muerto.

En una entrevista con La Voz, su nieto, Antonio Márquez cuenta cómo la masonería fue el secreto mejor guardado de su abuelo para evitar ser juzgado y condenado por el franquismo, algo que casi consiguen post mortem. Precisamente este origen secreto de la masonería y su clara postura gnóstica ha hecho que a su alrededor crezcan como la pólvora la especulación y las teorías conspirativas.

Pero, ¿qué es realmente la masonería? Es una asociación nacida en Francia y extendida por todo el planeta, cuyos miembros se dividen jerárquicamente en logias y practican la filantropía, defendiendo el pensamiento de la filosofía racionalista y los valores de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Entre sus ideales, promueven una postura abiertamente laica.

Las organizaciones masónicas llegaron a Lanzarote a finales del siglo XIX de la mano de las clases burguesas desde el norte de África, influenciadas por las corrientes francesas asentadas en Fez (Marruecos). Antes de llegar a Lanzarote las organizaciones masónicas ya se habían introducido en islas como Tenerife y La Palma.

Sus logias se convirtieron en el lugar donde convergían personajes históricos de Lanzarote que por su posición económica podían permitirse dedicar tiempo a pensar en una época donde la isla estaba sumida en la pobreza. Entre ellos, Blas Cabrera y Felipe, el prestigioso científico arrecifeño y el filántrolo de San Bartolomé Luis Ramírez González (1884-1950) pertenecieron a la masonería. Así lo narra Silvano Corujo, presidente de la asociación Majadas de Mina, que ha luchado por preservar el legado de ambos en la isla. 


 

Los correíllos, uno de los puntos donde se iniciaban en la masonería

Antes de la creación de la primera logia de Lanzarote Atlántida 92, en los correíllos (barcos que navegaban entre las islas) se solían introducir muchas personas en esta organización. “Los oficiales de estos barcos solían ser masones y como iban de isla en isla iniciaban a la gente en la masonería, formaban un taller dentro de algún camarote o de donde fuera”, cuenta Márquez. De hecho, su abuelo Aquilino Fernández se adentró de esta forma en 1920 por el capitán de un correíllo.

A finales del siglo XIX, la primera logia en fundarse en Lanzarote fue la Atlántida 92, que llegó a tener, al menos, una treintena de componentes. Desde su irrupción, la Iglesia católica había mostrado abiertamente su oposición a la masonería por su postura laica. Por ejemplo, en Lanzarote, durante los primeros años del pasado siglo los curas se negaban a enterrar en los cementerios públicos de la isla a los masones u obligaban a renunciar abiertamente a la masonería para poder contraer matrimonio. 

"El principio básico de los masones es deus sive natura, del latín dios es la naturaleza", expone Silvano Corujo, que explica que los masones rechazan el control que ejercía el clero y los sacramentos tradicionales y defienden que "conocer la naturaleza es conocer a dios". La masonería se convirtió en uno de los enemigos a batir de la Iglesia católica porque si extendía su pensamiento disminuiría el poder del Vaticano. "El laico no tiene que darle cuentas a nadie. No hay pecado ni sacramentos, elimina el papel del párroco", continúa Corujo.

En este contexto de enemistad con catolicismo, a principios del siglo XX, varios masones emigraron desde Lanzarote hasta Venezuela. Entre ellos, los vecinos de Haría Andrés Cruz Villalba y Agustín Cruz Villalba, y el hijo de este último Andrés Cruz Villalba Lasso. En su caso fundaron una logia en el país latinoamericano y alcanzaron una alta posición en ella. Atrás dejó Agustín Cruz a sus dos hijas, quienes permanecieron en Lanzarote, donde crearon una familia. 

"Vivió con el desgarro de no haber podido regresar a Haría y de ver a su hermana", narra uno de los familiares de Andrés Cruz Villalba Lasso en una entrevista con La Voz. Su padre Agustín Cruz sí retornó a Haría, donde fundó una jabonería en los años cuarenta y donde vivió junto a su mujer Juliana Lasso Rodríguez.

Mientras tanto, el lanzaroteño Andrés Cruz Villalba creó en Venezuela una jabonería y murió sin volver a su tierra. Desde el país caribeño, su nieto Vladimir Villalba recuerda que su abuelo no volvió a Lanzarote por miedo a ser apresado por masón por el régimen de Franco y su familia sospecha que sus hijos no heredaron el apellido Cruz para que no cayeran represalias sobre ellos.

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Primera logia de Lanzarote Atlántida 92. Foto: Cedida por Antonio Márquez

 

La masonería: un "enemigo" para la Iglesia católica y el franquismo

Desde septiembre de 1936, el recién instaurado régimen franquista, con una postura nacional-catolicista, comenzó una caza de brujas contra los masones, a quienes consideraba rebeldes. Antes de esta legislación, muchos masones ya habían sido fusilados, sobre todo en el verano en el que arrancó la guerra. Desde los primeros meses de la dictadura se permitió el saqueo y la expropiación de las propiedades de los masones.

En 1940, el régimen franquista aprobó la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo. Tal era el odio del régimen franquista (1936-1975) contra los masones, que el propio caudillo Francisco Franco publicó un libro bajo el seudónimo Jakim Boor que recopilaba cientos de artículos que él mismo había ido publicado en la prensa contra esta asociación. "Los masones en España significan esto: la traición a la patria y la amenaza de la religión", advertía en el prólogo de la obra Masonería (1952), publicada por el dictador.

El dictador acusó a los masones de ser, junto a los comunistas, el origen de "todas las desdichas" de España y de ser "el mayor enemigo de los principios democráticos". En esta obra, aseguró que los masones eran los "patrocinadores de todas las traiciones" y quienes "habían abierto las puertas de la Patria a la invasión comunista". Durante los cuarenta años de dictadura, la masonería fue perseguida por defender valores como la democracia, el libre pensamiento, el laicismo y la libertad de enseñanza, algo que el régimen condenó con cárcel o, incluso, con pena de muerte. El caudillo llevó su batalla personal contra la masonería hasta su último discurso público.

 

Luis Ramírez González, el filántropo

Silvano Corujo explica que durante el régimen franquista los masones de la isla tuvieron tres caminos: emigrar hacia otras islas canarias, el exilio o esconder sus ideales. Quienes, como el filántropo lanzaroteño Luis Ramírez González, abogaron por quedarse en la isla tuvieron que resguardarse de ser señalados por el régimen.

Ramírez entró en la masonería por su familia. Nacido en San Bartolomé, quedó huérfano muy joven y tuvo que ser criado por sus abuelos. "Fueron ellos, que tenían conexiones con el mundo gnóstico y masónico de Italia, quienes lo enviaron a estudiar con los salesianos a dicho país", narra Corujo, que fue beneficiario de una de las becas de Luis Ramírez González. Criado en La Florida, Ramírez fue alcalde de San Bartolomé (1930-1931), pero luego sustituido por un párroco católico.

"Al clero de Lanzarote no le gusta Luis Ramírez por sus orígenes masónicos", añade Silvano Corujo, quien expone que Ramírez fue apartado de la vida política por su vinculación a esta organización. A raíz de las leyes franquistas contra la masonería, el filántropo se dedicó a relacionarse con cooperadores salesianos, asistía a misa y hacía regalos a los párrocos, pero retiraba esas ofrendas cuando le ofendían. 

 

Blas Cabrera y Felipe, perseguido y exiliado

El lanzaroteño Blas Cabrera y Felipe (1878-1945), considerado el padre de la física española y también masón, aportó grandes avances a la ciencia, como por ejemplo en el estudio de las propiedades magnéticas de la materia o en el diseño. Durante su vida, se rodeó de grandes científicos como Albert Einstein, Erwin Schrödinger o Santiago Ramón y Cajal. Este último fue "como un padre, le orientó en lo que debía estudiar y se veían muchas tardes en el Café Suizo, un café de tertulia muy histórico en Madrid", cuenta Corujo.

Tras el estallido de la Guerra Civil española, Blas Cabrera tuvo que exiliarse de España por la situación política y marchó a la ciudad de París. Sin embargo, la invasión de los nazis en 1940 a la capital francesa hizo que el físico tuviera que huir de nuevo. "Cuando los alemanes invadieron Francia, Franco consiguió que le quitaran el trabajo", apunta. Tras verse sin empleo y perseguido, el lanzaroteño se exilió nuevamente a México con el apoyo del científico y también amigo Erwin Schrödinger. En el país centroamericano vivió el resto de su vida hasta su muerte. 

La persecución del franquismo fue tal que en 1939, el régimen le despojó de su cátedra y de sus cargos académicos en España y fue expulsado de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Además, el Centro de Química y Física de España, que llevaba su nombre, fue cambiado por el de Rocasolano por el dictador. No fue hasta 2022 cuando se le devolvió el nombre de Blas Cabrera y Felipe al Centro de Química y Física de España. Asimismo, en el año 2023 se le reconoció de nuevo como catedrático y rector.

 

Los masones lanzaroteños inhabilitados

Frente a casos como el de Blas Cabrera, que murió en el exilio, aquellos que se quedaron en el país y eran descubiertos, se enfrentaban entonces a la represión franquista. Así fue en el caso del arrecifeño Manuel Miranda Benítez, capitán de la marina mercante y nacido en Arrecife, que fue vicesecretario de Izquierda Republicana y masón.

Miranda Benítez alcanzó uno de los altos grados dentro de la logia y fue inhabilitado durante diez años por el Tribunal de Represión a la Masonería y el Comunismo en 1945 y declarado como firme por el Consejo de Ministros franquista, según las comunicaciones entre el Gobierno Civil de Las Palmas y el Tribunal contra la Masonería y el Comunismo a las que ha podido acceder este medio.

El lanzaroteño fue condenado por el artículo ocho de masonería que resaltaba que quienes no se retractasen de su implicación en la masonería serían separados "definitivamente" e inhabilitados de forma "perpetua". Sin embargo, pudo cancelar su pena en 1949 y volver a trabajar al puerto porque se le había acusado falsamente de participar en el asalto en La Isleta, en Gran Canaria, en 1936.

La maquinaria franquista utilizó las listas de afiliados a las logias masónicas de la isla para perseguir a sus integrantes. Masones lanzaroteños como Antonio Medina Mesa, conocido como Trosky, o José María Rocha Topham, bajo el apodo de Prim, fueron entonces inhabilitados. El primero fue apartado de su profesión de capitán de un correíllo y el segundo alejado de su labor como portuario. 

La dictadura juzgaba y condenaba de forma más grave a los masones dependiendo de los rangos que tuvieran dentro de la organización. “En la masonería hay varios ritos, el más usado es el Rito Escocés Antiguo y Aceptado y va del grado 1 al 33. En función del grado que tuvieses te ponían una pena mayor”, cuenta Antonio Márquez.

El miedo a ser señalado y apresado por el régimen aumentó el secretismo que había en la época sobre la masonería y muchos masones optaron por vivir su ideología de forma íntima. Incluso había miembros de una misma familia que eran masones, pero no lo comentaban entre ellos.

Durante siglos la masonería fue el secreto mejor guardado de Lanzarote. Como se ha podido constatar en la documentación a la que ha accedido La Voz, decenas de masones emigraron a otras islas o se exiliaron en América huyendo de la represión de la Iglesia católica y luego de los cuarenta años de dictadura franquista. Frente a ello, quienes se quedaron tuvieron que vivir de espalda a sus ideales para no ser arrestados y expropiados, haciendo que sus familias hicieran un pacto de silencio inquebrantable para salvarles la vida a sus hijos, hermanos, nietos o sobrinos.

 


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