Durante toda su historia, Lanzarote ha sido una isla donde vivir, o más bien sobrevivir, se convertía en uno de los retos más duros debido a su aridez y falta de recursos. Esta situación, que provocó grandes hambrunas desde el siglo XVII, obligó a miles de lanzaroteños a emigrar a otras zonas del mundo como Cuba, Venezuela, Argentina o Uruguay para buscar mejores condiciones de vida. Uruguay recibió a los antiguos isleños con los brazos abiertos, quienes fundaron ciudades y contribuyeron al desarrollo del país después de huir, en muchas ocasiones, en barcos clandestinos.
En el año 1810, y antes de que el país consiguiera la independencia, cerca de 3.000 lanzaroteños ya habían emigrado a Uruguay en busca de nuevas oportunidades. El principal motivo que llevó a los antiguos isleños a abandonar la isla fueron las grandes hambrunas que reinaban en la isla.
"Gente que había ido a Uruguay había contactado con lanzaroteños diciendo que allí se vivía bien y que había posibilidades de instalarse", explica Francisco Hernández, cronista de Teguise que investiga desde hace años los documentos del Archivo Histórico del municipio que recogen estos viajes entre Lanzarote y el país latinoamericano. "Lanzarote es la isla que más relación tiene con Uruguay", asegura.
Uno de los barcos que zarpó desde el puerto de Arrecife con escala en Tenerife con cientos de campesinos lanzaroteños hacia Uruguay fue La Luisa en el año 1810, un barco del comerciante Francisco Aguilar y Leal. Otro de los barcos que también trasladó a lanzaroteños hasta el país sudamericano fue el Silveira en 1813, con cerca de 370 lanzaroteños a bordo.
Barcos clandestinos ante la desesperación de los lanzaroteños
Muchos de los lanzaroteños que se vieron obligados a dejar atrás su tierra por las necesidades que sufrían tuvieron que hacerlo de forma irregular en barcos clandestinos.
Aquellos que se iban de forma legal hacia América tenían que hacerlo rellenando las conocidas como comendaticias, unas autorizaciones oficiales de embarque que se solicitaban ante los ayuntamientos y que se utilizaban para emigrar de forma legal desde Canarias hacia el continente americano.
Sin embargo, la gran cantidad de lanzaroteños y demás canarios que estaban emigrando hizo que las autoridades prohibieran que los isleños se fueran de Canarias. "Fue tango el movimiento de emigrantes hacia América que el Gobierno dijo que iba a prohibir las salidas porque las islas se iban a quedar despobladas", cuenta Francisco Hernández.
En el siglo XVII, la población de Lanzarote rondaba las 14.000 personas, pero llegaron a emigrar cerca de 3.000 lanzaroteños hasta principios del siglo XVIII. Desde 1790 hasta 1906, más de 12.000 lanzaroteños emigraron a Uruguay.
Gracias al trabajo del profesor de Historia Julio Hernández, uno de los americanistas más importantes de la Universidad de La Laguna, se consiguió reunir 32.500 comendaticias de toda Canarias, de las que se han publicado en tres partes la mitad de ellas. "Estos libros los han cogido Cuba, Venezuela, Uruguay y Argentina y están colgados en sus páginas oficiales como un elemento de ayuda para que los descendientes de emigrantes canarios puedan buscar a sus parientes", señala el cronista.

Lanzarote, una tierra castigada por el hambre y la miseria
Los motivos para dejar atrás Lanzarote eran muchos, pero los principales eran el hambre y la miseria que azotaban sin piedad a la isla y sus habitantes. Según indica el cronista, existe un relato del año 1778-1779 que dice que "los habitantes de Lanzarote se morían de hambre e iban por los caminos para ver si encontraban algún animal muerto como caballos y devorarlo".
Estas penurias continuaban en los barcos clandestinos en los que viajaban a América porque "llenaban los barcos con más pasajeros de los que debía llevar".
De hecho, un acta de la Diputación Provincial del 14 de febrero de 1837 recoge estos viajes clandestinos: "El vergonzoso tráfico de negros parece haberse trasladado a las Islas Canarias con la inmigración continua de sus habitantes, que acosados por el hambre y la miseria, se ven en la dura necesidad de arrojarse al mar en busca del sustento y convenirse o permitir ser conducidos, lo mismo que aquellos apilados hasta un número de 600 o 700 en un pequeño buque como en el de Antonio Morales de la isla de Lanzarote".
Estos trayectos llegaban a durar varios meses y cuando había mal tiempo, los barcos llegaban a desviarse de su ruta y acababan en otro país. "Uno de ellos cargado con lanzaroteños terminó en Brasil y ahí fue bautizado el tinajero Beato Jacinto Vera, el que luego sería el primer obispo de Montevideo y considerado el padre de la Iglesia católica en Uruguay.
La llegada a Uruguay
Los lanzaroteños que emigraron hacia Uruguay fueron uno de los pilares que sostuvieron y ayudaron a crecer al país. Según ha descubierto el cronista Francisco Hernández en algunos documentos que ha investigado, las autoridades de Uruguay enviaban cartas que decían que "preferían que fueran de Lanzarote o Fuerteventura porque sabían trabajar la tierra".
Por ejemplo, la documentación revisada desvela que desde el año 1810 hasta 1830, más de mil vecinos solo de Tinajo emigraron a Uruguay.
Una vez en el país latinoamericano, comenzaba la odisea para trabajar o pagar el viaje hasta allí para aquellos que no tenían dinero. "Había patrones de barcos que a los que emigraban, si no tenían dinero para pagar el pasaje, lo que hacían era llevarte pero tenían que trabajar luego en las tierras del hacendado con un convenio hasta cubrir el total del pasaje con varios contratos", apunta.
"Hasta que terminaran de pagar el pasaje eran como esclavos de la hacienda, tenían que vivir en unos almacenes, pero también había familias que estaban establecidas allí que se dedicaban a acoger a los migrantes que llegaban", continúa.
En un una visita a la ciudad uruguaya de Canelones, Hernández comprobó que había más de 1.100 descendientes en el país de la familia Espínola de Lanzarote. "En las ciudades de Canelones, San José y Las Piedras es donde estuvo el doctor de la Villa de Teguise, Alfonso Espínola, que se le considera un héroe nacional", señala. Además, su hija, María Espínola, es considerada "la primera maestra que montada en un burro fue a dar clase en las escuelas en los campos y se le considera la primera maestra rural de Uruguay".
Tal es la unión entra Lanzarote y Uruguay que en la localidad de Villa Rodríguez se inaugurará una plaza que llevará el nombre de Islas Canarias-Real Villa de Teguise "por lo que hemos ayudado a todos los vecinos de allí".
Tala, la ciudad fundada por un lanzaroteño
La ciudad de Tala fue fundada por Ildefonso de León, nacido en El Mojón el 29 de marzo de 1800. Con la ayuda de un grupo, fundó esta ciudad y creó las cuadras, es decir, los solares.
Todos los años, según cuenta el cronista, se celebra una fiesta nacional. Además, cuenta con una placa conmemorativa en la plaza de Tala que fue impulsada por la Asociación Buscando Raíces de Descendientes Canarios de Tala.
"Esta asociación la dirigía uno de los descendientes de la familia Rodríguez de El Mojón y organizaba viajes desde Uruguay a Lanzarote y se llegó a hacer un hermanamiento con los vecinos de El Mojón", explica.
Gracias a ese trabajo de investigación de la documentación por parte de Francisco Hernández, el Archivo Histórico de Teguise ha logrado dar respuestas a muchos descendientes de lanzaroteños en Uruguay. "Hemos ayudado a 83 familias a obtener la ciudadanía española y desde el año 1996 hemos recibido a 146 uruguayos", concluye.
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