El agente que evitó un suicidio celebra el desenlace: “Fue a Comisaría a agradecerme que le hubiera salvado”

Emilio Pavón relata cómo fue la intervención en una nave abandonada de Arrecife, donde consiguió impedir que un hombre se quitara la vida

El agente de la Policía Nacional Emilio Pavón
El agente de la Policía Nacional Emilio Pavón

El oficial de la Policía Nacional Emilio Pavón ya había acudido a otras alertas por intentos de suicidio en sus anteriores destinos, pero por desgracia cuando llegó ya era tarde. Sin embargo, ahora tiene la satisfacción de haber salvado una vida en Arrecife.

Los hechos ocurrieron la pasada semana, aunque la Policía lo hizo público este martes, informando de que dos agentes habían impedido que un hombre de 48 años “saltara al vacío” en una nave abandonada de la capital.

“El lunes fue a Comisaría a agradecerme que le hubiera salvado”, cuenta ahora orgulloso Emilio Pavón, que fue quien se lanzó sobre él para ponerlo a salvo. “Intentó hablar conmigo, pero estos días estoy en Gran Canaria y no fue posible”, ha relatado en Radio Lanzarote - Onda Cero, subrayando que la satisfacción es mayor al ver que el hombre “ha cogido un poquito de aire para seguir para adelante, que es lo que hacemos todos día a día”.

“Pasó una semana en psiquiatría, pero al hablar con él notas que no es un enfermo psiquiátrico. Se ve que lo que tiene es una mala racha, que se va alternando una cosa con la otra: familia, pareja, trabajo...”, explica este oficial, que celebra que el hombre ya se haya arrepentido de lo que intentó hacer.

 

"Lo único que veíamos era lo que nos alumbraba la linterna"

Fue la ex pareja quien llamó a la policía alertando de lo que estaba ocurriendo, y Emilio Pavón recuerda con angustia esos primeros momentos hasta dar con la ubicación exacta. “Nunca te dan señas muy concretas y en Arrecife se hace un poco complicado por eso”, explica. Finalmente, entre las indicaciones de la mujer y el GPS consiguieron localizar la nave donde se encontraban, en un descampado cerca de Hormiconsa.

“Era ya noche cerrada y la nave no tenía luz”, detalla, describiendo la escena que no se borra de su mente, cuando encendieron una linterna y se encontraron al hombre ya de pie sobre un pasamanos, agarrado a una columna y amarrado del cuello a una viga con un cable de acero”.

“Lo único que veíamos era lo que nos alumbraba la linterna”, rememora este agente, que también recuerda que la nave estaba llena de escombros y basura. “Llegas, no conoces la zona, no conoces la nave, no sabes ni por donde subir, ni por dónde actuar...”, explica sobre cómo fueron esos primeros instantes.

“Era cuestión de segundos, o de que le saltase la chispa y dijese me tiro”, relata. Por eso, mientras su compañero se quedó en la parte de abajo intentando alumbrar la zona, él subió por una escalera y comenzó a acercase al hombre, intentando entablar conversación. 

“Le pregunté qué te pasa, cuáles son los problemas, vamos a intentar solucionarlo, todo tiene arreglo... lo que tienes que utilizar en estos casos”. En algún momento, el hombre llegó incluso a amenazar con tirarse si se seguía acercando, pero finalmente logró aproximarse lo suficiente. 

“Llegó un momento en el que pensé que se tiraba, y me abalancé sobre él, lo agarré de las piernas y lo traje hacia dentro, me lo tiré encima mía”, cuenta sobre el momento crítico de la intervención, que terminó con el mejor final posible.

“Gracias a dios no hubo males mayores, salvo algunos rasguños y que terminamos todos como una croqueta, ahí rebozados en el rellano”. Después, el hombre rompió a llorar. “Lo estaba pasando mal. Se nos juntan los problemas y al final, la única salida que vemos es tirarnos amarrados a un hilo”, lamenta este agente, que consiguió dar una nueva oportunidad a este hombre, que ahora está agradecido de no haber consumado su intento.

 

“Para esto no te preparan”

“Actúas utilizando un poco el sentido común, que es el que rige, porque para esto no te preparan”, subraya Emilio Pavón. Respecto a su formación para intervenir en este tipo de situaciones, señala que en la Policía Nacional se ofrecen cursos de muchos tipos, pero “el acceso es difícil” y no llega a todos, por lo que “suelen estar orientados a escala de subinspección o superior”.

Por eso, explica que lo habitual es que en los intentos de suicidio vaya “una persona de mayor rango a negociar”. Sin embargo, esa noche solo estaban disponibles él y su compañero. “La de Arrecife es una comisaría local bastante pequeña, en la que a veces nos encontramos muy pocos funcionarios, y esa noche fue una de ellas. Además teníamos pateras y otros trabajos”, apunta.

En su caso, recientemente ascendió a oficial y en el curso explica que tuvieron una asignatura que se centraba bastante en este tema, pero insiste en que lo que prima en una situación así es “el sentido común. “Cada persona es un mundo y cada persona te cuenta sus problemas y tienes que atajarlo con experiencia, con maña y con lengua. Estuvimos hablando y lo que se intentó fue llegar al hombre”, recuerda, satisfecho por haberlo conseguido.

LO MAS LEÍDO