El antiguo Parador Nacional de Turismo de Arrecife ocupa un lugar destacado en la historia de la transformación económica, arquitectónica y social de Lanzarote. Concebido cuando la actividad turística apenas comenzaba a desarrollarse en la isla, aquel establecimiento representó una de las primeras apuestas institucionales por incorporar la capital lanzaroteña a los circuitos turísticos nacionales y dotarla de una infraestructura de alojamiento moderna para su época. Su construcción, proyectada por el arquitecto tinerfeño José Enrique Marrero Regalado, introdujo un nuevo concepto de establecimiento hotelero y dejó uno de los ejemplos más singulares de arquitectura neocanaria de Lanzarote.
El inmueble adquirió, además, un valor artístico excepcional gracias a la intervención de César Manrique, autor de una decoración mural que trasladó a sus espacios interiores referencias al paisaje, la identidad y las actividades tradicionales de la isla.
Más de siete décadas después, el edificio continúa formando parte del paisaje urbano de Arrecife, aunque su función ha cambiado profundamente. El antiguo hotel, que llegó a estar amenazado de demolición tras su clausura, terminó convertido en un espacio educativo y cultural, conservando las obras artísticas concebidas para su decoración original.
El nacimiento de una nueva infraestructura turística
La historia del alojamiento en Arrecife era anterior a la construcción del Parador. Durante el siglo XIX existieron diferentes posadas, fondas y casas de huéspedes que atendían las necesidades de comerciantes, viajeros y visitantes que llegaban a la capital. El censo municipal de 1834 ya recogía establecimientos de este tipo en las calles Porlier y Disimulo. En las décadas siguientes aparecen referencias a otras hospederías en las calles del Rosario y Mina.
Entre los establecimientos que alcanzaron el siglo XX destacaron el Hotel Oriental, situado en la calle Real, y el Hotel Inglés, ubicado en la plaza de la Constitución, que posteriormente pasó a denominarse Pensión Aniagua. Este último sufrió un incendio en mayo de 1947.
Sin embargo, el proyecto que daría origen al Parador respondía a una finalidad diferente. No se trataba simplemente de sustituir una fonda o mejorar las condiciones de alojamiento existentes, sino de levantar un establecimiento concebido expresamente para recibir visitantes y contribuir al desarrollo de una actividad turística que comenzaba a despertar expectativas en Lanzarote.
En 1946 se aprobó la construcción del denominado inicialmente Parador-Club Náutico de Turismo de Arrecife. La Dirección General de Turismo encargó el proyecto al arquitecto José Enrique Marrero Regalado, mientras que la ejecución de las obras fue adjudicada a la empresa Elejabeitia S. A., de Madrid, por un presupuesto de 712.357,63 pesetas.
Los trabajos comenzaron el 30 de agosto de aquel año, bajo la responsabilidad de Elías de Alday. La ubicación elegida se encontraba en el frente marítimo de Arrecife, en el entorno del muelle de la Pescadería y del antiguo Muelle de las Cebollas. La actuación estaba vinculada también a la transformación urbanística de aquella zona y a los proyectos de mejora del litoral.
La construcción se prolongó más de lo inicialmente previsto. Finalmente, el establecimiento abrió sus puertas el 1 de junio de 1950, convirtiéndose en el primer edificio levantado en Lanzarote específicamente con fines turísticos.
Marrero Regalado y la arquitectura neocanaria del Parador
El proyecto arquitectónico fue obra de José Enrique Marrero Regalado (1897-1956), uno de los arquitectos canarios más representativos de su generación. Su intervención en Arrecife dejó una construcción singular, vinculada al denominado estilo neocanario o regionalista, una corriente que recuperaba elementos de la tradición arquitectónica insular y los incorporaba a edificios de nueva concepción.
El inmueble se diseñó en dos plantas, con una distribución que diferenciaba las zonas destinadas a la actividad social y los servicios de las dependencias de alojamiento. La planta inferior concentraba la recepción, la gerencia, el bar, el salón de estar y un amplio espacio destinado a los huéspedes. La superior acogía las habitaciones y otras dependencias necesarias para el funcionamiento del establecimiento.
La fachada incorporaba elementos ornamentales inspirados en el patrimonio arquitectónico de Lanzarote. Entre ellos destacaban las formas espirales que recordaban los motivos de la portada de la iglesia de San Francisco de Teguise y las características chimeneas de las construcciones tradicionales de la Villa. Estos recursos respondían a una concepción arquitectónica que pretendía vincular el edificio con el territorio. Marrero Regalado combinó así las necesidades funcionales de un establecimiento hotelero con referencias a la arquitectura histórica y popular de las islas.
La relación del arquitecto con el desarrollo urbano de Arrecife no terminó en el Parador. También participó en el proyecto del primer parque municipal, posteriormente denominado Parque José Ramírez Cerdá, concebido como un espacio público integrado en el frente marítimo y relacionado arquitectónicamente con el establecimiento hotelero.
Ambas actuaciones formaron parte de una transformación más amplia de la Marina de Arrecife. Los rellenos de terrenos, la creación de nuevas superficies y la ordenación de los espacios próximos al litoral modificaron progresivamente la relación de la ciudad con su bahía. El Parador contribuyó así a configurar una nueva imagen de la capital en un momento en el que comenzaban a plantearse otras necesidades urbanas y turísticas.
La inauguración y los primeros años de funcionamiento
La apertura oficial tuvo lugar el 1 de junio de 1950. El acto contó con la presencia de Enrique Silvela Tordesillas, jefe de Alojamientos de la Dirección General de Turismo, que representó a los organismos ministeriales responsables del proyecto. También acudieron funcionarios de la Administración turística procedentes de Madrid, entre ellos Pilar de la Puente Bahamonde y Eduardo Renedo Duque.
La ceremonia incluyó la bendición del edificio por el párroco de Arrecife, Lorenzo Aguiar Molina, y posteriormente se celebró el primer almuerzo en sus instalaciones. La inauguración tuvo también un significado institucional. Durante el acto se firmó un documento que recogía una petición formulada en 1945 por Casto Martínez González, secretario de la Junta Insular de Turismo, en la que solicitaba la construcción de un parador en Lanzarote.
El establecimiento disponía inicialmente de catorce habitaciones para huéspedes, equipadas con teléfono, ducha de agua fría y caliente y terrazas orientadas hacia el mar. Contaba, además, con tres habitaciones para el personal y otra destinada al administrador, así como otras dependencias de servicio.
La denominación inicial de Parador-Club Náutico respondía a una concepción que iba más allá del alojamiento. El proyecto contemplaba instalaciones para bañistas de ambos sexos y pretendía aprovechar las posibilidades de la rada de la Pescadería como espacio de baño y recreo. Incluso se planteaba dotar al establecimiento de pequeñas embarcaciones, entre ellas balandros, para desarrollar actividades náuticas. Se trataba, por tanto, de una propuesta turística vinculada al mar, al paisaje y a las posibilidades de ocio de la capital lanzaroteña, en una época en la que la oferta de este tipo de servicios era todavía muy limitada.
César Manrique y la representación artística de Lanzarote
Uno de los elementos más destacados del antiguo Parador fue la intervención de César Manrique en su decoración interior. El artista recibió el encargo de realizar dos conjuntos murales, uno destinado a la cafetería y otro al comedor, con el propósito de incorporar a los espacios del establecimiento una representación artística de la identidad y el paisaje insular.
El trabajo se desarrolló en torno a 1950, aunque la documentación patrimonial sitúa la realización de las pinturas entre 1949 y 1951. El conjunto del comedor está integrado por tres escenas independientes: El viento, La pesca y La vendimia. La cafetería acogió el cuarto mural, titulado Alegoría de la isla. Las composiciones corresponden a una etapa temprana de la trayectoria artística de Manrique y muestran una aproximación figurativa y regionalista al paisaje y a las actividades tradicionales de Lanzarote, con influencias del Picasso clasicista y del lenguaje cubista.
Alegoría de la isla reúne distintos elementos relacionados con el territorio insular. En su composición aparecen referencias a la arquitectura tradicional, los paisajes volcánicos, la agricultura, la cerámica popular y el patrimonio arqueológico, junto a personajes y escenas vinculados a la vida cotidiana.
Las otras tres escenas representan actividades que durante décadas formaron parte de la economía y las costumbres insulares. El viento refleja la influencia de los alisios sobre la vida campesina y los cultivos; La pesca aborda el trabajo relacionado con el mar y la actividad de las familias pescadoras, mientras que La vendimia recoge la singularidad de las labores agrícolas en el paisaje vitivinícola lanzaroteño.
En las pinturas aparecen elementos característicos de la isla, como los hoyos de cultivo, los socos de piedra, las viviendas tradicionales, las embarcaciones, los aperos agrícolas y la vegetación adaptada a las condiciones del territorio.
La historia de Alegoría de la isla conserva también un episodio relacionado con las circunstancias sociales y religiosas de la época. En el diseño original, Manrique había representado desnudas a dos figuras femeninas. Sin embargo, antes de la inauguración del establecimiento tuvo que cubrirlas con telas, después de que el obispo Antonio Pildain y Zapiain condicionara la bendición del edificio a la modificación de aquellas representaciones.
Actualmente, los dos conjuntos murales permanecen en el antiguo Parador, hoy sede de la UNED. Las tres escenas del comedor se encuentran en el Aula Magna, mientras que Alegoría de la isla está integrada en la biblioteca universitaria.
La conservación de estas obras atravesó momentos difíciles. En marzo de 2001, un incendio afectó gravemente a las tres escenas del antiguo comedor, que posteriormente fueron objeto de una intervención de restauración. Con el paso del tiempo volvieron a presentar problemas de conservación relacionados con la humedad, las filtraciones, las grietas, los repintes y las pérdidas de material.
En junio de 2021 concluyó un nuevo proyecto de conservación y recuperación de las pinturas, impulsado por la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias. Los trabajos, realizados por los restauradores Claudio Carbonell y Beatriz Galán, incluyeron la consolidación de la capa pictórica, la limpieza superficial, la eliminación de manchas y la reintegración cromática y del soporte. La intervención permitió actuar sobre los daños acumulados y recuperar las condiciones de presentación de las obras, preservando uno de los conjuntos murales más representativos de la primera etapa artística de César Manrique.
Las ampliaciones y el crecimiento de la demanda turística
El funcionamiento del Parador evidenció pronto la necesidad de aumentar su capacidad. La demanda de alojamiento y las expectativas de crecimiento turístico llevaron a estudiar distintas actuaciones para mejorar sus instalaciones y ampliar el número de habitaciones.
En 1953 se proyectó una primera ampliación que contemplaba ocho habitaciones adicionales: cinco orientadas hacia el mar y tres destinadas al personal. La intervención incluía también la instalación de un grupo electrógeno de mayor potencia y mejoras en el suministro eléctrico, el abastecimiento de agua y el sistema de alcantarillado.
Estas actuaciones coincidieron con una etapa de importantes transformaciones en Arrecife. La ciudad todavía afrontaba dificultades relacionadas con el abastecimiento de agua, la electricidad y el saneamiento, infraestructuras imprescindibles para consolidar una actividad turística estable. En julio de 1954 comenzó a funcionar un nuevo grupo electrógeno en el establecimiento, mientras se esperaba mejorar el suministro de agua mediante su conexión a la red general.
La evolución de la demanda llevó a plantear una intervención de mayor alcance. En octubre de 1955, una representación de la Dirección General de Turismo visitó Lanzarote para estudiar las necesidades del establecimiento y analizar un proyecto de ampliación y reforma. La delegación estaba encabezada por el director general de Turismo, Mariano de Urzaiz y Silva, duque de Luna, y contaba con responsables técnicos y administrativos del organismo.
La actuación recibió aprobación ministerial el 13 de abril de 1956. El proyecto contemplaba nuevas habitaciones con baño, nueve de ellas orientadas hacia el mar, además de seis dormitorios para el personal y dos para el administrador. Las obras fueron adjudicadas a Pedro Elejabeitia por un presupuesto de 1.571.538,45 pesetas.
La documentación histórica recoge distintas referencias al número de habitaciones contempladas en esta ampliación, por lo que conviene diferenciar las dependencias previstas en el proyecto de la capacidad efectiva de alojamiento. Las estadísticas sitúan en 28 las plazas iniciales del Parador y en 60 su capacidad en 1957, una vez ejecutadas las obras de ampliación.
El crecimiento de la demanda también queda reflejado en las cifras de actividad. El establecimiento registró 2.193 estancias en 1952, 2.786 en 1953 y 1954, 3.329 en 1955 y 4.670 en 1956. Estos datos permiten apreciar la progresiva importancia del Parador dentro de la todavía limitada oferta turística de Lanzarote.
El cierre de 1970 y la amenaza de demolición
La trayectoria del establecimiento como alojamiento turístico terminó el 1 de marzo de 1970, cuando cerró sus puertas por orden del Ministerio de Información y Turismo. La decisión puso fin a casi veinte años de actividad hotelera y abrió un periodo de incertidumbre sobre el futuro del inmueble.
Llegó a plantearse su demolición para destinar el solar a otros usos contemplados en el planeamiento urbanístico de la denominada Zona 12. La propuesta incluía la posibilidad de levantar un nuevo establecimiento frente al castillo de San Gabriel, en unos terrenos donde se encontraba la antigua fábrica de hielo Betancort y Compañía.
El proyecto, encargado al arquitecto Juan Palazuelo, contemplaba un hotel de cincuenta habitaciones dobles, instalaciones complementarias, jardines, un muelle destinado a actividades náuticas, espacios recreativos y piscinas. Sin embargo, aquella iniciativa no llegó a materializarse y tampoco se ejecutó la demolición del antiguo Parador, que permaneció en pie pese a las propuestas urbanísticas que habían amenazado su continuidad.
El cierre supuso el final de uno de los establecimientos que habían marcado el comienzo de la actividad turística organizada en Lanzarote, pero el edificio conservó buena parte de su valor arquitectónico y artístico.
De hotel a colegio y sede universitaria
Tras su clausura como establecimiento hotelero, el inmueble inició una nueva etapa vinculada a la educación y a otros servicios públicos. Entre 1974 y 1979 albergó el Colegio de Educación General Básica La Marina, convirtiéndose en un espacio docente para varias generaciones de estudiantes de Arrecife.
Durante aquella etapa y los años posteriores también se desarrollaron en sus dependencias otras actividades y servicios, entre ellos los relacionados con Radio ECCA y Cruz Roja, además de los prestados por diferentes organismos y colectivos.
En 1980 el edificio pasó a convertirse en sede del centro asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Lanzarote. Esta nueva utilización consolidó su función educativa y cultural y permitió mantener en uso un inmueble que había estado destinado a desaparecer.
Con el paso de los años, sus instalaciones también acogieron dependencias del Patronato de Turismo, la Biblioteca Municipal de Arrecife y diferentes asociaciones y federaciones insulares. La transformación funcional constituye uno de los aspectos más singulares de su trayectoria: un edificio concebido para recibir a los primeros visitantes de Lanzarote terminó convertido en un espacio dedicado a la formación universitaria, la cultura y la actividad asociativa.
Un edificio que forma parte de la memoria de Arrecife
La trayectoria del antiguo Parador Nacional de Turismo permite recorrer varias etapas fundamentales de la historia contemporánea de Lanzarote. Su construcción respondió a las primeras expectativas de desarrollo turístico; su arquitectura incorporó referencias a la tradición insular; sus interiores acogieron una de las primeras intervenciones murales de César Manrique y su clausura reflejó los cambios que experimentó el modelo de alojamiento durante las décadas posteriores.
La amenaza de demolición y su posterior reutilización educativa y cultural forman parte de una historia de transformación que explica por qué el inmueble continúa ocupando un lugar singular en la memoria colectiva de Arrecife.
No fue solamente un hotel. Constituyó una de las primeras manifestaciones arquitectónicas de la apuesta institucional por el turismo en Lanzarote, un espacio de encuentro para los primeros visitantes y el soporte de una obra artística que hoy forma parte del patrimonio cultural de la isla.
Su permanencia como sede universitaria permite que continúe desempeñando una función pública, mientras sus murales conservan la huella de un César Manrique que, en los comienzos de su trayectoria, ya encontraba en el paisaje y en la identidad de Lanzarote elementos esenciales de su creación artística. El antiguo Parador representa, en definitiva, el recuerdo de una isla que comenzaba a abrirse al turismo y que, con el paso del tiempo, encontró en su patrimonio arquitectónico y cultural una parte esencial de su propia identidad.
FUENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRÁFICAS
PERERA BETANCOR, Francisca María. «El Parador y el primer parque municipal de Arrecife». IX Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. Cabildos Insulares de Fuerteventura y Lanzarote, 2001, tomo II, pp. 137-147.
GARCÍA RODRÍGUEZ, Cecilia. Las pinturas murales de César Manrique en el antiguo Parador Nacional de Turismo de Arrecife de Lanzarote. Estudio de su estado de conservación. XVII Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lanzarote. Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura.
FUNDACIÓN CÉSAR MANRIQUE. César Manrique 1950-1957. Catálogo de exposición, 2006.
UNIVERSIDAD NACIONAL DE EDUCACIÓN A DISTANCIA (UNED). Centro Asociado de Lanzarote. «El edificio». Documentación institucional.
GOBIERNO DE CANARIAS. Dirección General de Patrimonio Cultural. «Patrimonio Cultural restaura los dos murales de César Manrique en Lanzarote». 8 de junio de 2021.
MEMORIA DIGITAL DE LANZAROTE. Cronología histórica del Parador Nacional de Turismo de Arrecife.
CONGRESO DE LOS DIPUTADOS. Documentación parlamentaria sobre los antecedentes de construcción del Parador-Club Náutico de Turismo de Arrecife.
FUNDACIÓN CÉSAR MANRIQUE. Documentación y memorias relativas a la trayectoria artística y la conservación de la obra mural de César Manrique.
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