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Efemérides

La madrugada en que Lanzarote despertó con un crimen

6 de septiembre de 1896: el asesinato de Leandro Fajardo Cabrera, las elecciones, el poder y una pregunta que sobrevivió al siglo

Esquela publicada en Diario de Tenerife (Jable de la ULPGC)
Esquela publicada en Diario de Tenerife (Jable de la ULPGC)

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A la una de la madrugada del 6 de septiembre de 1896, mientras Lanzarote se preparaba para una jornada electoral, un disparo acabó en Tías con la vida de Leandro Fajardo Cabrera. Abogado, periodista y político, Fajardo era una de las figuras más influyentes de la isla. El crimen tuvo un condenado, pero dejó una incógnita mucho más difícil de resolver: qué había detrás de aquel disparo. 

 

La noche que cambió una elección 

Tías aún dormía cuando terminó la vida de uno de los hombres que mejor encarnaban las luchas de poder de la Lanzarote de finales del siglo XIX. Leandro Fajardo Cabrera fue asesinado en la madrugada del domingo 6 de septiembre de 1896, pocas horas antes de unas elecciones para la Diputación Provincial. La coincidencia convirtió desde el primer momento el crimen en un asunto político de enorme resonancia. 

Las fuentes históricas sitúan el asesinato alrededor de la una de la madrugada. Fajardo se encontraba durmiendo en la planta baja de la casa de su hermano. El autor identificado fue Francisco Díaz Monfort, conocido como Frasco, pariente de la víctima y vecino de la zona de El Pavón. La reconstrucción del Ayuntamiento de Tías y la prensa histórica coinciden en los elementos esenciales del suceso. 

Pero aquella muerte no puede entenderse únicamente como una crónica negra. Fajardo era entonces candidato por el sector conservador, enfrentado a los candidatos vinculados al Partido Liberal Canario de Fernando León y Castillo. El asesinato en la víspera electoral hizo inevitable que sus partidarios vieran detrás del crimen una operación política. 

 

Leandro Fajardo, mucho más que un candidato 

Fajardo había nacido en Arrecife y estudió Derecho en Madrid, donde se licenció en 1873. Fue abogado, profesor, registrador de la propiedad y periodista. En Madrid estuvo vinculado a la redacción de Las Novedades y, de regreso a Lanzarote, fundó y dirigió El Horizonte, periódico publicado en Arrecife entre 1887 y 1889. 

Su trayectoria política fue especialmente cambiante. Se inició en el republicanismo y llegó a enfrentarse electoralmente a Fernando León y Castillo; posteriormente estuvo vinculado al liberalismo y, tras abandonar ese espacio, terminó convertido en una figura del conservadurismo insular. Estudios sobre la política de la Restauración lo presentan como uno de los hombres que dominaban la política lanzaroteña. 

Precisamente esa trayectoria explica la intensidad de las rivalidades. La política insular estaba atravesada por bandos, alianzas y redes personales. En ese escenario, Fajardo no era un espectador: era uno de sus protagonistas.

 

Dos explicaciones para un mismo disparo 

Aquí comienza la parte más delicada de la historia. El hecho material del asesinato y la identidad del condenado están documentados. Lo que no puede afirmarse con idéntica seguridad es el móvil definitivo. 

La primera interpretación es política. Fajardo era candidato, se enfrentaba al sector leonino y fue asesinado justamente en la madrugada de las elecciones. La proximidad temporal resultaba demasiado significativa para quienes defendían esta explicación. 

La segunda interpretación apunta a un conflicto personal, familiar y económico. Investigaciones posteriores han relacionado el crimen con préstamos, propiedades y disputas entre Díaz Monfort y Fajardo. Esta hipótesis aparece en trabajos históricos posteriores y en reconstrucciones locales, pero debe presentarse como interpretación y no como una verdad judicial incuestionable mientras no se consulte directamente el sumario completo. 

La controversia no nació un siglo después. Ya en 1899 circuló en Las Palmas un folleto titulado El asesinato de Fajardo. La verdad resplandece, firmado por «un lanzaroteño». Estudios sobre la Restauración señalan que aquel texto trataba de defender, desde posiciones liberales, que el crimen no había tenido móviles políticos. La disputa por explicar la muerte, por tanto, comenzó prácticamente con el propio caso. 

 

El juicio y la sombra del garrote 

La investigación judicial adquirió una dimensión extraordinaria. El magistrado Mariano Cano intervino en la instrucción del sumario y Francisco Díaz Monfort ingresó en prisión. Las noticias de la época reflejan que se investigó incluso la posible existencia de cómplices. 

El proceso terminó con una condena a muerte. Díaz Monfort debía ser ejecutado mediante garrote sobre tablado. La historia, sin embargo, dio un último giro. La pena capital fue conmutada por cadena perpetua tras la intervención de Fernando León y Castillo ante la Reina Regente. 

Díaz Monfort acabaría en el penal de Ceuta, donde murió en 1910. Así, el asesinato que había sacudido Lanzarote terminó con un condenado que no llegó a enfrentarse al garrote, mientras la discusión sobre las razones del crimen continuaba mucho después de desaparecer sus protagonistas. 

 

Cinco días después, una calle 

La memoria de Fajardo comenzó a construirse casi inmediatamente. El 11 de septiembre de 1896, apenas cinco días después del asesinato, el Ayuntamiento de Arrecife acordó que la antigua Calle Nueva llevara su apellido. La actual calle Fajardo quedó así vinculada a la memoria del político asesinado. 

El detalle tiene una fuerza simbólica extraordinaria. La misma semana en que una bala había terminado con la vida de Fajardo, una institución pública comenzaba a convertir su nombre en memoria permanente. El hombre desaparecía; el apellido quedaba en el callejero. 

 

La Lanzarote que había detrás

El caso Fajardo permite asomarse a una isla muy distinta de la actual: una sociedad donde la política de la Restauración se articulaba alrededor de grandes familias, dirigentes locales, periódicos y redes de influencia; una isla donde un candidato podía convertirse en el centro de una lucha de poder que trascendía las urnas. 

Y el contexto social tampoco era sencillo. En aquellos mismos días, el maestro nacional Santiago Noda García atravesaba una situación extrema de precariedad económica y dejó constancia de sus dificultades. No existe base para relacionar ambos episodios, pero juntos ayudan a comprender las tensiones sociales de aquella Lanzarote de finales del XIX. 

 

La pregunta que permanece 

Hoy, 130 años después, la historia permite afirmar con seguridad que Leandro Fajardo fue asesinado en Tías el 6 de septiembre de 1896 y que Francisco Díaz Monfort fue condenado por el crimen. Lo que resulta más difícil es cerrar definitivamente la explicación de por qué se produjo. 

¿Fue la política el motor del asesinato? ¿Pesaron más los conflictos personales y económicos? ¿Se mezclaron ambos mundos en una sociedad donde poder, familia, patrimonio y política estaban estrechamente relacionados? Las fuentes permiten formular las preguntas; la prudencia histórica obliga a no convertir una hipótesis en sentencia. 

Quizá esa sea la razón por la que el caso Fajardo continúa resultando tan fascinante. No es solamente la historia de un asesinato. Es la historia de una isla disputándose el poder, de un periodista que también fue político, de unas elecciones ensombrecidas por un crimen y de una explicación que nunca consiguió apagar por completo las demás. 

La madrugada terminó. Las elecciones pasaron. El condenado murió lejos de Lanzarote. Pero el nombre de Leandro Fajardo permaneció en una calle de Arrecife y en la memoria histórica de la isla. Y cada 6 de septiembre, la fecha devuelve una pregunta que lleva más de un siglo esperando una respuesta definitiva. 

 

 

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