Durante mucho tiempo el paisaje de Lanzarote fue menos valorado que el de otras islas Canarias por la falta de árboles y bosques frondosos. Sus kilómetros de jable y sus coladas volcánicas pasaban desapercibidas frente a los pinos canarios y la laurisilva de otras islas. Sin embargo, aquello que fue motivo de vergüenza hoy es un secreto a voces: el paisaje desértico de la isla cobija algunos de sus mayores tesoros, las especies de animales y plantas que solo existen aquí.
Un manto de arena de hasta cinco kilómetros de ancho recorre de norte a sur Lanzarote, desde el pueblo de Caleta de Famara hasta Playa Honda (San Bartolomé) y Arrecife. Se trata de El Jable, un extenso arenal que esconde endemismos canarios, es decir, especies que no se pueden encontrar en otros puntos del planeta.
"El Jable de Lanzarote es un hábitat desértico especial porque las arenas que lo componen son de origen biológico, trocitos de conchas y organismos marinos y no derivados de rocas volcánicas", explica la bióloga canaria experta en Botánica Atteneri Rivero a La Voz, que revela que la relación de las plantas con este espacio las convierte en "joyas botánicas". Al mismo tiempo, estos espacios desérticos suelen albergar un grupo de aves "muy adaptadas a los ambientes extremos, donde llueve poco y existe una alta insolación", expone el ornitólogo y fotógrafo de viajes y naturaleza, Juanjo Ramos.
"Culturamente, siempre nos han dicho que los ambientes más ricos son los ambientes forestales, mientras que los lugares áridos o desérticos son pobres y no hay vida", defiende el ornitólogo Juanjo Ramos, que señala que solo con pararse a mirar es fácil ver brotar la vida que se abre paso en estos espacios. "Lo que nosotros tenemos aquí es único en el mundo", resalta la bióloga botánica.
Además de su riqueza medioambiental, este espacio forma parte de la identidad canaria y lanzaroteña, tanto que es imposible no recordar la búsqueda de papacría (Terfezia canariensis) bajo el jable (una actividad ahora masificada), o a los agricultores cultivando batata o sandía sobre la arena, un oasis de la agricultura de secano.
Las joyas con alas que sobreviven en el desierto
Las especies de aves que habitan en El Jable de Lanzarote suelen tener colores similares al entorno como herramienta de supervivencia para evitar ser percibidos por los depredadores. La avifauna del jable suele "andar mucho por el suelo, vuelan poco y tienen un plumaje mimetizado, adaptado al ambiente en el que vive", indica Ramos.
Una de las "joyas" de la corona de El Jable es la hubara canaria (chlamydotis undulata fuertaventurae), una subespecie de avutarda endémica de las islas orientales de Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa. Esta especie nativa del archipiélago está en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
El doctor cum laude en Biología Alberto Ucero definió en su tesis a Lanzarote como "el bastión" de esta subespecie, ya que la isla concentra el 80% de los ejemplares del archipiélago. En concreto, el también investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) señala en una entrevista que El Jable es el área con más densidad de hubaras canarias de toda Canarias y, por tanto, del mundo.
El llamativo cortejo de la hubara canaria
Uno de los elementos más llamativos de esta especie, que cuenta con entre 400 y 450 ejemplares en Lanzarote y entre doce y dieciséis en La Graciosa, es su cortejo. Con el comienzo de las primeras lluvias a finales de otoño y principio de invierno, el macho comienza con "su exhibición de movimientos" y coloca "las plumas blancas de su pecho para llamar la atención de las hembras", expone Ucero.
Cada año, las hembras de hubara acuden al mismo lugar, que ha sido escogido por el macho, para aparearse. "Son fieles a ese lugar hasta que el macho se muera o desaparezca", añade el investigador del CSIC. Tras el apareamiento, buscan un lugar tranquilo para nidificar, con cobertura vegetal y rocas que camuflen el nido. Durante la primavera crían a los pollos huyendo de las molestias humanas.
La hubara canaria se enfrenta a diferentes riesgos. Las muertes por choques contra tendidos eléctricos (entre ellos el cable de telefonía que aún cruza El Jable), los atropellos en carreteras y caminos rurales, con el aumento de buggies y quads, así como la extracción de áridos son algunos de los motivos principales que hacen que la población no consiga recuperarse. La especie también se ve afectada por la depredación de sus pollos por parte del cuervo canario, de los perros que pasean sueltos sin correa durante la etapa de anidación y por los gatos asilvestrados.
El corredor sahariano y el alcaraván insularum
En los territorios desérticos de la isla también se abre paso el corredor sahariano (Cursorius cursor), una especie de ave límicola que reside en Lanzarote y Fuerteventura. Canarias es el único lugar de Europa donde se puede encontrar, ya que solo vive en los desiertos del norte de África y en el desierto Arábigo.
Esta especie está en la Lista Roja Europea de Aves y su población ha ido decreciendo a lo largo de los años. En 2006, el censo de Seo Birdlife contabilizaba alrededor de 2.000 ejemplares de corredor sahariano, la inmensa mayoría en Fuerteventura, donde tiene más presencia, seguida de Lanzarote. En 2012, la población ya se había reducido casi a la mitad. Actualmente se estima que el archipiélago alberga alrededor de 120 ejemplares.
La riqueza de El Jable no termina con la hubara canaria o el corredor sahariano. Entre sus dunas también se encuentra una subespecie de alcaraván que solo existe en las islas orientales de Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa: el alcaraván insularum (Burhinus oedicnemus insularum). Este endemismo canario suele elegir los llanos pedregosos, las zonas de jable o los bordes de los malpaíses para vivir. Está estrictamente protegida y clasificada como vulnerable por la UICN, ya que su población no para de menguar por la afección a su hábitat. En este espacio privilegiado también conviven con el halcón tagarote (Ico pelegrinoides Temmnick), una rapaz de tamaño mediano que en España solo puedo encontrarse en Canarias.
Las aves que anidan en El Jable son esteparias, es decir, ponen los huevos y crean sus nidos en el suelo, ocultos entre la vegetación. Esta forma de anidación hace que estén más expuestos al peligro si los espacios continúan masificándose. Las molestias generadas por los humanos son los principales motivos que perjudican su hábitat y ponen en riesgo su supervivencia. El ornitólogo Ramos define el "desprecio a los ambientes desérticos", como la causa principal de los problemas a los que se enfrentan estas especies.
La superestrella del desierto: el lirio
En la lucha de las plantas por sobrevivir, las especies de flora han creado mecanismos para pasar largas temporadas sin brotar, esperando a las condiciones perfectas. Algunas pasan largas temporadas en forma de bulbo y otras generan miles de semillas y permanecen enterradas en la arena, conservándose, esperando al momento perfecto para poder brotar y realizar su ciclo vital, explica la bióloga botánica Atteneri Rivero.
El paso de las lluvias de este invierno les ha dado más tiempo de estar en flor, de interconectarse y producir más semillas. "Las lluvias, nos han dado que el banco de semillas de El Jable se haya agrandado y que la supervivencia esté garantizadísima", celebra la bióloga.
"El Jable es un ejemplo clarísimo de la riqueza botánica que tenemos en el desierto", expone. Entre las especies únicas que brotan sobre la aridez del terreno está el lirio del jable, también llamado cebollín estrellado del jable (Androcymbium psammophilum), una especie que solo existe en Lanzarote y Fuerteventura.
Esta planta pasa desapercibida la mayor parte del tiempo porque es "un geófito" y tiene dos formas de vida: cuando está florecida y se ve por fuera de la arena, o cuando está enterrada en forma de bulbo debajo de la arena.
En este otoño e invierno más lluviosos de lo habitual, El Jable se ha llenado de lirios: "Es como ver El Jable lleno de estrellas. Como si vas a una playa y dentro del mar está llena de estrellas de mar. Para mí es la superestrella de El Jable".
Una cuestión de identidad
Dentro de este espacio desértico la vida no deja de brotar y a veces también revela la historia cultural y familiar. "Mi abuela me contaba historias de cómo iba a buscar la papacría", rememora la experta en botánica durante una conversación con este medio. Antiguamente y, aún hoy en Lanzarote, se escarba en el jable cerca de las turmeras o jarilla turmera (Helianthemum canariense), una jara con flores amarillas, buscando en los alrededores la papacría, un hongo que "parasita las raíces del heliantemo".
La presión del territorio que sufre Lanzarote ya ha obligado a movilizarse a colectivos ecologistas, en este caso la Asociación de Custodia del Territorio Papacría pidió al Cabildo el pasado marzo que regulara la cosecha de este hongo tras denunciar la masificación de su recolección.
A pesar de la presión constante sobre los espacios naturales, las especies endémicas de la isla logran abrirse paso cuando las condiciones medioambientales lo permiten. El Jable y toda la vida que alberga, como la hubara canaria, el alcaraván insularum o la superestrella del desierto, son un ejemplo de supervivencia. Sin embargo, si estos espacios no se cuidan existe el riesgo de que especies únicas en el mundo terminen desapareciendo para siempre.
Añadir La Voz de Lanzarote como fuente preferida de Google.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.