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Efemérides

El día en que Lanzarote levantó la voz

3 de septiembre de 1931: 25 trabajadores, una Casa del Pueblo y el nacimiento de la Federación Obrera de Lanzarote

Banderines de UGT y CCOO en la Huelga general de 2002. Foto: Archivo de La Voz.
Banderines de UGT y CCOO en la Huelga general de 2002. Foto: Archivo de La Voz.

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Arrecife, 3 de septiembre de 1931. No hubo volcanes entrando en erupción, barcos naufragando ni grandes acontecimientos que ocuparan las portadas de la prensa nacional. Pero aquel día sucedió algo que acabaría dejando una huella profunda en la historia social de Lanzarote: 25 trabajadores se reunieron en la Casa del Pueblo de la calle Miraflores y decidieron organizarse. 

Nacía la Federación Obrera de Lanzarote-UGT. 

Era una Lanzarote muy distinta de la que conocemos hoy. Una isla de jornaleros, marineros, pescadores, trabajadores del puerto, albañiles, panaderos, carpinteros y pequeños oficios. Una sociedad en la que ganarse el jornal significaba, para muchas familias, afrontar cada día una realidad laboral muy alejada de los derechos que hoy consideramos elementales. 

Aquel 3 de septiembre fue, en cierta manera, el día en que una parte de aquellos trabajadores comprendió que unidos podían intentar cambiar esa realidad. 

La historia había comenzado meses antes 

Para entender lo ocurrido aquel jueves de septiembre hay que retroceder unos meses. 

La organización obrera ya había comenzado a abrirse camino en Arrecife. A finales de 1930 se planteaba la creación de una Federación Obrera y, durante los primeros meses de 1931, fueron apareciendo distintas organizaciones gremiales. 

Los chóferes comenzaron a organizarse. Después llegaron los carpinteros de ribera y los marineros. También se fueron incorporando jornaleros, panaderos y trabajadores de otros sectores. 

La isla comenzaba a experimentar una transformación social. 

La proclamación de la Segunda República, el 14 de abril de 1931, abrió además un nuevo escenario político y social en España y también en Canarias. 

En Lanzarote, las reivindicaciones laborales comenzaron a hacerse cada vez más visibles. Una Casa del Pueblo para una sociedad que quería hacerse escuchar 

En ese proceso tuvo un papel fundamental la Casa del Pueblo de Arrecife, situada en la calle Miraflores. 

Había sido inaugurada el 5 de junio de 1931. 

Aquel edificio se convirtió en lugar de reunión, debate y organización de los trabajadores.

Allí se encontraron personas procedentes de distintos oficios que hasta entonces habían afrontado sus problemas de manera separada. 

La idea era sencilla, pero entonces tenía una enorme trascendencia: la unión podía convertir las reivindicaciones individuales en una fuerza colectiva. 

No era únicamente una cuestión de política. Era una cuestión de trabajo, de salario, de descanso y de condiciones de vida. 

El conflicto de los marineros 

Cuando llegó septiembre, la tensión laboral era especialmente visible entre los trabajadores del mar. 

El 14 de agosto de 1931, los marineros de Arrecife habían iniciado una huelga. 

La protesta llegó a involucrar a cerca de 600 trabajadores y puso sobre la mesa unas reivindicaciones que permiten comprender cómo era entonces la vida a bordo. 

Se reclamaban mejoras salariales, descanso dominical y mejores condiciones de alimentación. 

Puede resultar sorprendente hoy, pero entre las reivindicaciones figuraba también la necesidad de mejorar la alimentación de los trabajadores durante sus jornadas en el mar. 

El conflicto demostraba que el movimiento obrero ya tenía capacidad para movilizar a un número considerable de trabajadores. 

Y apenas unas semanas después, la organización adquiriría una dimensión insular. Veinticinco hombres en la calle Miraflores 

Llegó finalmente el 3 de septiembre. 

En la Casa del Pueblo se celebró la asamblea constituyente de la Federación Obrera de Lanzarote. 

Veinticinco personas participaron en aquella reunión. 

No fueron cientos. No hubo una multitud congregada en las calles. Fueron 25 hombres reunidos en un local de Arrecife. 

Pero aquella pequeña asamblea dio forma a una organización que en los meses siguientes comenzaría a crecer. 

La primera dirección estuvo encabezada por: 

Benito Méndez Tarajano, presidente. 

Domingo Ortega Rodríguez, secretario. 

Miguel Saavedra Medina, tesorero. 

Tres nombres quedaron así ligados a un momento fundacional de la historia social de Lanzarote. Una isla que comenzaba a descubrir el poder de organizarse

La Federación empezó a sumar afiliados. 

Los registros históricos conservados muestran 114 nuevas afiliaciones durante 1931 y otras 96 durante 1932. 

Entre sus integrantes encontramos marineros, jornaleros, albañiles, panaderos, chóferes, carpinteros y trabajadores de diferentes secciones. 

Esos nombres y esos oficios permiten reconstruir una parte de aquella Lanzarote que a menudo queda escondida detrás de las grandes narraciones de la historia insular. 

Era la Lanzarote del trabajo. La de quienes salían al mar. La de quienes trabajaban la tierra. La de quienes levantaban las casas. La de quienes conducían, horneaban el pan o trabajaban en los talleres. 

Ellos también forman parte de la historia de la isla. 

Y la lucha continuó 

El nacimiento de la Federación no terminó con los conflictos laborales. 

La huelga de los marineros continuó durante semanas. 

Finalmente, el 7 de noviembre de 1931, la protesta llegó a su final con mejoras para los trabajadores en cuestiones relacionadas con salarios, alimentación y descanso. 

La celebración tuvo como escenario, una vez más, la Casa del Pueblo. 

Una manifestación de trabajadores acudió hasta aquel lugar para celebrar el resultado. Habían pasado apenas dos meses desde aquella reunión de 25 personas. 

La pequeña organización nacida el 3 de septiembre comenzaba a demostrar su capacidad de movilización. 

95 años después 

Hoy, 95 años después, resulta difícil imaginar aquella Lanzarote. 

Arrecife era todavía una ciudad pequeña. El puerto constituía uno de los grandes motores de su actividad. La agricultura tenía un peso enorme en la economía insular y miles de personas dependían directa o indirectamente del trabajo del campo y del mar. 

No existían los hoteles que transformarían décadas después el litoral. No existía la Lanzarote turística. No existía buena parte de la isla que conocemos. 

Pero sí existían personas que aspiraban a trabajar y vivir en mejores condiciones. El 3 de septiembre de 1931 no cambió por sí solo la historia de Lanzarote. 

Pero aquel día simboliza algo importante: el momento en que diferentes trabajadores comenzaron a entender que sus problemas también podían ser afrontados juntos. 

Una fecha que merece volver a la memoria

La historia suele conservar los nombres de quienes ocuparon grandes cargos, protagonizaron batallas o protagonizaron acontecimientos extraordinarios. 

Pero también existe otra historia. 

La que se escribió en talleres, puertos, campos y casas humildes. 

La que protagonizaron personas cuyos nombres apenas han llegado hasta nosotros. El 3 de septiembre de 1931, 25 trabajadores se reunieron en una Casa del Pueblo de Arrecife. Quizá ninguno imaginó que aquella reunión sería recordada 95 años después. Sin embargo, allí quedó escrita una pequeña página de la historia de Lanzarote. Una página que habla de trabajo. De organización. De reivindicación. 

Y, sobre todo, de una palabra que aquellos hombres conocían bien:  Unión.

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