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Efemérides

Cuarenta y ocho años después, Lanzarote vuelve a hablar de hospitales

Manifestación por el Hospital Insular  (Fotos: Juan Mateos)
Manifestación por el Hospital Insular (Fotos: Juan Mateos)

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El 5 de septiembre de 1978, Lanzarote salió a la calle para reclamar algo que hoy puede parecer elemental: un hospital digno para una isla que llevaba demasiado tiempo soportando las carencias de una sanidad claramente insuficiente. 

Miles de lanzaroteños participaron en aquella primera gran manifestación. No pedían privilegios. Pedían algo mucho más sencillo: que enfermar en Lanzarote no significara estar en desventaja respecto a quienes vivían en otras islas. 

Han pasado 48 años. 

Casi medio siglo. 

Y resulta inevitable preguntarse qué hemos aprendido desde entonces. 

Aquella movilización no fue anecdótica. Fue el comienzo de una presión social que tardaría todavía años en dar sus frutos. En 1983 se produjo una segunda gran movilización y, tras las gestiones realizadas ante el entonces ministro de Sanidad, Ernest Lluch, llegó el anuncio de la construcción del hospital. Las obras comenzaron posteriormente y el Hospital General de Lanzarote abrió sus puertas el 14 de abril de 1989. 

Aquella generación entendió algo que hoy deberíamos recordar: la sanidad no se consigue con discursos, sino con reivindicación, planificación y compromiso político. 

Hoy Lanzarote tiene un hospital universitario, más profesionales, más medios y una cartera de servicios infinitamente superior a la de aquella isla de finales de los setenta. Sería injusto negar esa evolución. 

Pero también sería ingenuo pensar que los problemas han desaparecido. 

En 2026, la sanidad vuelve a ocupar las calles de Lanzarote. 

Y esta vez la discusión tiene nombre propio: el Hospital Insular. 

En junio, alrededor de 7.000 personas participaron en una manifestación para defender la continuidad de este centro y reclamar garantías para la atención geriátrica y para el futuro de sus servicios. La protesta puso de manifiesto que, para una parte importante de la sociedad lanzaroteña, el debate no es únicamente arquitectónico ni administrativo. Es un debate sobre qué modelo sanitario quiere la isla. 

La Administración sostiene que el edificio presenta graves problemas estructurales y que resulta necesario trasladar la actividad mientras se decide su futuro. Desde la dirección sanitaria se ha defendido que el uso sanitario del inmueble debe mantenerse, aunque todavía quedan por concretar decisiones fundamentales sobre su rehabilitación y su destino definitivo. 

Y aquí aparece la primera gran coincidencia con 1978.

Entonces se reclamaba un hospital porque Lanzarote había crecido y su sistema sanitario ya no respondía a las necesidades de la población. 

Hoy Lanzarote vuelve a crecer. 

Y vuelve a necesitar que sus infraestructuras sanitarias crezcan al mismo ritmo. 

Porque no basta con construir edificios. Hay que llenarlos de profesionales. Hay que garantizar especialistas. Hay que reforzar la Atención Primaria. Hay que reducir las esperas. Hay que disponer de servicios adecuados para una población cada vez más numerosa y envejecida. 

Los datos oficiales de listas de espera muestran que, a 31 de diciembre de 2025, el Hospital Doctor José Molina Orosa contabilizaba 1.185 pacientes en lista de espera quirúrgica, con una demora media de 74,45 días. 

Y mientras discutimos edificios, también se discute algo tan básico como el personal. 

En julio de este mismo año, profesionales sanitarios denunciaron falta de efectivos y dificultades para cubrir bajas y vacaciones, con especial incidencia en Urgencias y también en Atención Primaria. 

Es decir, el problema de Lanzarote ya no es exactamente el mismo de 1978. Pero comparte una característica esencial: la realidad de la isla vuelve a ir por delante de la planificación. 

Y eso debería preocuparnos. 

Lanzarote no puede seguir planteando su sanidad como si fuera una isla estática. La población ha aumentado, el turismo ha multiplicado la presión asistencial, la edad media de una parte de sus residentes aumenta y las necesidades sanitarias son mucho más complejas que hace cincuenta años. 

Incluso las emergencias nos recuerdan diariamente que Lanzarote no termina en Arrecife. La Graciosa, por ejemplo, depende de una cadena asistencial que obliga, cuando la gravedad lo requiere, a estabilizar al paciente en la isla y trasladarlo posteriormente a Lanzarote. 

Por eso quizá deberíamos dejar de preguntarnos únicamente qué hospital queremos y empezar a preguntarnos qué sistema sanitario necesita Lanzarote para las próximas décadas. 

El nuevo edificio vinculado al Hospital Insular supone una oportunidad. El Molina Orosa necesita seguir creciendo y adaptándose. La Atención Primaria necesita recursos. Los profesionales necesitan estabilidad y condiciones adecuadas. Y la población necesita saber qué servicios tendrá mañana, no únicamente qué promesas se hicieron ayer. 

Porque existe otro riesgo. 

Que la sanidad termine convirtiéndose en una sucesión de anuncios, inauguraciones, fotografías y enfrentamientos políticos. 

Unos gobiernos reclamarán lo que hicieron los anteriores. Los anteriores recordarán lo que dejaron proyectado. La oposición denunciará los retrasos. El Gobierno responderá con cifras. Y mientras tanto, el ciudadano seguirá esperando una cita, una prueba, una intervención o un especialista. 

Eso no es planificación sanitaria. Eso es administrar la urgencia. 

Hace 48 años, aquella multitud que salió a la calle no preguntaba qué partido podía obtener mayor rédito electoral de la reivindicación. Pedía un hospital. 

Y lo consiguió. 

Quizá esa sea la principal lección que deberíamos recuperar. 

La sanidad de Lanzarote no debería ser patrimonio de ningún partido político, sindicato o plataforma. Tampoco debería utilizarse como arma arrojadiza cada vez que cambia el color del Gobierno. 

Debe ser una cuestión de isla. 

De presente y de futuro. 

Porque si en 1978 Lanzarote tuvo que salir a la calle para conseguir un hospital, sería triste que en 2026 tuviéramos que volver a salir para explicar que una isla que ha crecido tanto necesita una sanidad que crezca con ella. 

Este 5 de septiembre se cumplirán 48 años de aquella primera gran movilización. Quizá merezca la pena recordarla. 

No solamente para homenajear a quienes entonces salieron a la calle. 

Si no para hacernos una pregunta incómoda: ¿Hemos construido una sanidad para la Lanzarote que tenemos o seguimos intentando resolver con soluciones del pasado los problemas de la isla del futuro? 

La respuesta no debería corresponder a un partido. 

Debería corresponder a todos.

 

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