La contaminación del aire se ha consolidado como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad a nivel mundial y aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, según un editorial publicado en la Revista Española de Cardiología.
El trabajo ha sido elaborado por un equipo liderado por el profesor e investigador Alberto Domínguez, del área de Cardiología de la Universidad de La Laguna, junto a Daniel Hernández, del Instituto de Investigación Sanitaria del Principado de Asturias, y Néstor Báez, del servicio de Cardiología del Hospital Universitario de Canarias, según ha informado este jueves la universidad en un comunicado.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud y del informe Estado del Aire Global del Instituto de Efectos sobre la Salud de Estados Unidos, la contaminación atmosférica provoca alrededor de 8,1 millones de muertes al año, lo que equivale a más de una de cada ocho muertes en todo el mundo.
Los investigadores señalan que gran parte de los contaminantes se concentra en áreas urbanas, donde reside más de la mitad de la población mundial, y procede principalmente de la quema de combustibles fósiles, biomasa y procesos industriales.
Entre los contaminantes más relevantes figuran las partículas en suspensión PM2,5 y PM10, así como gases como el monóxido de carbono, los óxidos de nitrógeno, el dióxido de azufre y el ozono troposférico, que pueden penetrar en el sistema respiratorio y provocar efectos adversos en la salud.
El editorial recoge evidencias que relacionan la exposición a estos contaminantes con un aumento del riesgo de infarto agudo de miocardio y otras enfermedades cardiovasculares.
En este sentido, cita estudios realizados en Madrid que vinculan incrementos en los niveles de partículas finas con un aumento de la mortalidad por infarto, así como investigaciones en el conjunto de España que asocian la exposición previa a niveles elevados de PM2,5 con un mayor riesgo de muerte tras ingreso hospitalario.
Asimismo, el análisis destaca el papel de factores ambientales como la temperatura y la humedad, que pueden intensificar la respuesta del organismo al estrés ambiental y elevar el riesgo cardiovascular durante episodios de calor o frío extremos.
Según los autores, la contaminación del aire es responsable del 28 % de las muertes por cardiopatía isquémica y no puede considerarse un riesgo secundario, por lo que las estrategias de prevención cardiovascular deben incorporar medidas específicas para reducir la exposición a contaminantes, al mismo nivel que otros factores como la hipertensión, la diabetes, la obesidad o el tabaquismo
La contaminación del aire, segundo factor de riesgo de mortalidad
Un estudio pionero de la Revista Española de Cardiología revela cómo la calidad del aire que respiras acelera enfermedades cardiovasculares.








