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Los hilos invisibles de SomoS: más de veinte años haciendo latir el teatro en el corazón de Lanzarote

Sostener un proyecto escénico independiente durante más de dos décadas en una isla no capitalina no es fruto de la casualidad, sino de una fe inquebrantable en el oficio

Esther Vázquez
Esther Vázquez

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Hay una geografía que no aparece en los mapas turísticos de las islas. Es la geografía de los recintos municipales a deshora, el olor a madera vieja de los escenarios desmontados y la urgencia por decir algo propio en un territorio acostumbrado a consumir lo que viene de fuera. Al frente de ese pulso agónico, tenaz y profundamente necesario lleva más de dos décadas una mujer: Esther Vázquez. 

 

De la semilla del TEA a la trinchera propia 

Para entender el peso específico de Esther Vázquez en la escena insular hay que mirar un poco más atrás, recordando a aquellos pioneros del TEA (Teatro Experimental de Arrecife) que, mucho antes, ya habían empezado a remover conciencias y a dar el primer gran empujón al pulso teatral en Lanzarote. Recogiendo ese testigo de resistencia y amor por las tablas, Vázquez emergió como una fuerza motriz imprescindible. 

Lejos de la comodidad de los despachos o las grandes estructuras mercantiles, lleva más de veinte años construyendo un proyecto al margen de la burocracia. Para ella, el teatro nunca ha sido un pasatiempo estacional, sino una trinchera innegociable desde donde escribir, dirigir y sostener la cultura con uñas y dientes en un territorio que históricamente ha padecido el aislamiento. 

 

Una cantera de talento que forjó la escena insular 

Si el legado de Esther Vázquez tuviera que medirse en cifras, se quedaría corto; hay que medirlo en nombres, en vocaciones encendidas y en talento consolidado. Por esa inagotable cantera que ha nutrido durante dos décadas han transitado decenas de intérpretes que hoy sostienen gran parte del pulso dramático de Canarias. 

De ese crisol de ensayos y pasión han brotado figuras fundamentales del panorama insular como Luis Garrido, José Ríos, Carmen Sancristóbal, Facunda de León, Virginia Barrero, Isidra Bolaños o Juanjo Álvarez, entre muchos otros que encontraron en este espacio el trampolín y la escuela para desarrollar su arte. Bajo su dirección, el escenario se ha convertido en un laboratorio de honestidad donde la identidad y la voz propia se transforman en materia viva. 

 

El telón que nunca se baja del todo 

Sostener un proyecto escénico independiente durante más de dos décadas en una isla no capitalina no es fruto de la casualidad, sino de una fe inquebrantable en el oficio. En un archipiélago donde la cultura a menudo se consume como un reclamo pasajero, la trayectoria de Esther Vázquez defiende la permanencia del día a día. 

Mientras queden bambalinas por levantar y directores dispuestos a jugarse el tipo frente al papel en blanco, la escena de Lanzarote seguirá latiendo con un ritmo propio, áspero y profundamente auténtico; el mismo latido que heredaron de aquellos primeros chispazos del TEA y que una pionera decidió mantener encendido contra viento y marea.

 

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